Del ninguneo a la fiesta taurina de Toro

Alberto López Simón, José Garrido y David de Miranda salen en hombros en Toro tras matar una corrida de Juan Albarrán, noble pero sin emoción.

Todos a hombros en la plaza de toros de Toro./ JUANES

Bonita tarde de toros en Toro, con motivo de sus fiestas de San Agustín. La plaza, una de las más bonitas de la Península Ibérica, lucía bella para recibir a David de Miranda a Toro, que regresaba donde hacía justamente un año sufría una gravísima cogida que le mantuvo en el dique seco y apartado de los ruedos casi una temporada. Salió triunfador junto a López Simón y José Garrido, que entró en el cartel sustituyendo a Cayetano.

Cierto, David de Miranda fue el triunfador de la tarde con tres orejas, eso sí, gracias a un Palco generoso, nada equitativo e injusto. Así poco se adelanta en esta dubitativa Fiesta porque, en el peor de los casos, es un fraude al público y una mentira de lo acontecido. El Reglamento, en cuanto a la decisión de la Presidencia urge un cambio absoluto o, cuando menos, que el presidente y sus asesores sean ecuánimes. Y, hoy por cierto, en Toro no lo fueron a tenor de lo acontecido en el ruedo. Eso sí, sin desmerecer la entrega de David de Miranda, sin más.

López Simón se movió por sus faenas con mucha inteligencia. Ya no se le ve acelerado, como tampoco atolondrado por una presión que no venía a cuento. Sigue con su firmeza. Esa que le ha permitido abrir ¡cinco Puertas Grandes, cinco! en Madrid. Ahora suma también poso, lentitud, temple -que siempre tuvo- y cierto regusto. No es menos cierto que detrás se ve la mano del maestro Curro Vázquez. Es un López Simón que suma a su toreo y no resta. Pero suma lo bueno. Gran faena al cuarto de la tarde, de toreo y de firmeza.

José Garrido, que sustituía a Cayetano, fue el gran perjudicado por la injusticia de la Presidencia. Garrido nos tiene acostumbrados a ese toreo de encaje, de gusto, de temple, del que siempre quedan el sabor dulce y el aroma de almíbar de su toreo. Realizó una primera faena al segundo de la tarde de cuajo grande, de olés y de toreo de una compostura completa. Una faena de dos orejas, a tenor de lo acontecido después, pero que su ‘señoría’ se negó ante la incredulidad de la plaza al ningunearle un trofeo. En el quinto más de lo mismo, pero con un toro más complicado al que el pacense metió en muleta, sometió y enjaretó serias templadas y compuestas por ambos pitones, con un final lleno de firmeza entre los pitones. Otra oreja…

Tarde en que los tres toreros salieron en hombros. El público agradecido. El Palco injusto. Y cómo no, Poli recibiendo la ovación de la tarde -solo faltó el acompañamiento de la preciosista Banda de Música La Lira– cuando abandonaba el ruedo tras mostrar el cartel con la ficha del toro. No es por nada, pero es que ver a este buen toresano, campechano y amable, llevar el tablón, es como cuando se le ve con la Cruz a cuesta en su Semana Santa. Claro, de por medio Josué y toda la peña -generosos en la merienda- hacían de la tarde una fiesta. No es para menos, Toro está de fiesta.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Toro. Feria de San Agustín. Casi tres cuartos de entrada. Toros de Juan Albarrán, de bonitas hechuras y de buena condición pero faltos de raza, excepto el flojo primero y el sexto, que fue el peor del encierro.

López Simón, ovación y dos orejas.
José Garrido, oreja y petición y oreja tras aviso.
David de Miranda, dos orejas y oreja.
Incidencias: Antonio Chacón y José María Amores, de la cuadrilla de José Garrido, se desmonteraron en banderillas del quinto. También saludó montera en mano Fernando Pereira, de la cuadrilla de De Miranda, en el sexto.

FOTOS JOSÉ JAVIER JUANES

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