Aquella cogida en Fuentesaúco que dio la vuelta al mundo

Hace un cuarto de siglo un toro se cebaba con Marcial Hernández en la laguna del prado de La Reguera durante uno de los espantes. Las imágenes grabadas por un videoaficionado protagonizaron telediarios y se redifundieron durante años en programas de televisión como ‘Impacto TV’ e ‘Impacto Total’. Pese a la brutalidad de la cogida, se recuperó al poco tiempo y todavía vive para contarlo

Comienzan las Fiestas de la Visitación de Fuentesaúco, pueblo de la comarca zamorana de La Guareña donde se vende el mejor garbanzo. Unas celebraciones donde destacan los festejos taurinos, sobre todo sus tradicionales espantes, transmitidos de generación en generación, donde los caballistas intentar sacar de la pradera de La Reguera a una manada de astados compuesta por toros y mansos atravesando una barrera humana que sale al encuentro con el objetivo de impedirlo, espantando a los animales, de ahí el nombre.

En ese cuerpo a cuerpo a campo abierto, no siempre el toro sale espantado. Hace un cuarto de siglo se produjo un episodio que todavía está guardado en la memoria de saucanos y visitantes, una espeluznante cogida que dio la vuelta al mundo. Las imágenes grabadas por un videoaficionado protagonizaron telediarios y se redifundieron durante años en programas de televisión como ‘Impacto TV’ e ‘Impacto Total’ (en el vídeo adjunto, entre los minutos 2:25 y 4:04).

Aquella mañana, Marcial Hernández se encontraba en la laguna de La Reguera. Entonces algunos vecinos se subían a los árboles para poder ver de cerca a los toros mientras reponían fuerzas en el agua. Pero uno de los astados se percató de la presencia humana y cogió a un saucano frente a frente, sólo con un tronco por medio. Tras unos segundos de tensión, de intentar zafarse del animal entre los gritos de las miles de personas presentes, el toro terminó embistiendo al hombre y lo zarandeó como un muñeco de trapo durante cinco minutos que se hicieron eternos para todos los testigos.

Una vez que el toro se desentendió del hombre, fue rescatado de entre el agua, inmóvil. Lo ha matado, repetían una y otra vez los presentes. El toro se ha ensañado, lo ha matado. E incluso las imágenes difundidas por televisión, una vez que el corneado era trasladado para recibir atención sanitaria, mostraban cómo a través de las incisiones de su pecho salían órganos vitales. Imágenes posteriormente cortadas en los programas de televisión para no herir sensibilidades, pero en el vídeo que resume aquellas fiestas aparece la secuencia al detalle. Muchos saucanos lo tienen en sus casas.

Lo ha matado, se comentó en Fuentesaúco durante toda aquella mañana de espantes hace un cuarto de siglo. Pero no. Marcial Hernández logró sobrevivir. Milagrosamente, a las pocas semanas estaba recuperado. Pudo vivir para contarlo. Eran otros tiempos, en que la seguridad brillaba por su ausencia en los encierros de la localidad saucana, fiestas en que cada año era raro que no hubiera un fallecido por asta de toro. Ahora los tiempos han cambiado, con autoridades controlando cada festejo taurino, pastores que impiden aglomeración de personas, que alguien en avanzado estado de ebriedad se adentre en el recorrido de los toros e incluso doble vallado para impedir que los astados puedan escapar. Tiempos que Marcial Hernández puede comparar, porque aún vive, ejemplo de cuán brutal puede ser el ataque de un toro y cuán débil es el hombre cuando es objeto de la furia del animal.

No hay comentarios