Lucha, cañonazos y victoria en la primera parte de la recreación

El Tercio de Zamora es atacado por el ejercito holandés del almirante Hohenlohe-Neuenstein en la la playa de los Pelambres, reconvertida para la ocasión en la isla de Bommel, y consigue vencer expulsando y masacrando al enemigo con cañones y espadas

Las orillas del río Duero han sido testigos este mediodía de la victoria del Tercio de Zamora frente al ejército holandés que intentaba expulsar a los españoles de la isla de Bommel, tomada ayer por la tarde durante la primera recreación que enmarca el Milagro de Empel.

Disparos, espadazos, cañonazos y mucha acción para recrear los actos que ocurrían un día como hoy de 1585. Cientos de personas han sido testigos de la victoria del Tercio comandado por el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla durante la Guerra de los 80 años, frente a las tropas holandesas del almirante Filips van Hohenlohe-Neuenstein.

La recreación ha comenzado con el desembarco de tropas holandesas a orillas de la playa de los Pelambres,reconvertida en esta ocasión en la isla de Bommel. Una vez en el campo de batalla, el tercio Zamora ha atacado a la flota holandesa con dureza. Han disparado sus cañones y armas para al final conseguir rechazar su ataque y salir victoriosos, manteniendo en su poder el islote.

A partir de las 17.00 horas tendrá lugar la última parte de la recreación. A orillas de la playa de los Pelambres, el Tercio del ejército español, concretamente el Tercio Viejo de Zamora, dirigido por Arias de Bobadilla, se verá atrapado en la en la isla de Bommel, sin posibilidad de salida, al estar rodeados por el ejercito holandés. Hasta este grupo, se acercará un emisario para exigirle su rendición, o de lo contrario serían masacrados a la primera luz del alba. Ante tal amenaza, el maestre de campo responderá que: Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muerto, y en respuesta, el almirante Hohenlohe-Neuenstein abrirá los diques de los ríos para inundar este campamento enemigo, quedandos solo como tierra firme el montecillo de Empel, donde se refugiarán los soldados del Tercio.

Tras quedar en ese montículo de un metro sobre el nivel del mar, Arias de Bobadilla ordenará a sus soldados que caven trincheras durante toda la noche. Uno de esos soldados, encontrará un trozo de madera, con un retrato de una virgen pintado y labrado que formaba parte de la antigua iglesia enterrada de la villa de Empel. Con este sagrado retablo, el maestre arengará a sus tropas, considerando el hecho como una señal de la protección divina, para que luchen contra los holandeses. Durante la simulación, se mostrará como el Tercio de Zamora, aprovechará la helada que el río Mossa sufre durante la noche, que bloquea los buques holandeses y que permite el paso de los soldados entre las aguas, para atacar por sorpresa a la escuadra enemiga al amanecer y donde obtendrán una victoria total que el almirante Hohenlohe-Neuenstein calificó como: Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro, finalizando así con la representación.

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