160 familias con los brazos abiertos

FuenteEuropa Press
Imagen: Europa Press

Unas 160 familias conforman la red de acogida de estudiantes extranjeros de español de la Universidad de Valladolid (UVA) y que este verano se ha tenido que ampliar ante la «gran demanda» de los cursos que oferta.

«El 70 por ciento de los estudiantes se decanta por esta modalidad de alojamiento, que propicia una mayor inmersión y que la experiencia vaya más allá de la de aprender el idioma», explica a Europa Press el responsable de la UVA en esta parcela, Rubén Caramazana Gil.

El técnico de la institución académica señala que este tipo de alojamiento permite una «experiencia más allá» del simple aprendizaje del español y reconoce que se ha tenido que ampliar en 20 familias este verano ante la «gran demanda» de matriculados.

Caramazana Gil dice que lo ideal, a la hora de seleccionar los hogares de la red, es que tengan un perfil muy americano, «familia con hijos, perro y jardín», si bien aquí eso es «difícil de encontrar» en las zonas cercanas al Centro de Idiomas de la UVA, que es donde van a clase. «La mayoría de las familias son recién jubilados a los que les apetece vivir esta experiencia, parejas jóvenes, mujeres solteras», describe para insistir en que lo «importante» es la situación de la vivienda y que tanto estudiantes como caseros «tengan una buena interactuación».

Las casas ofrecen alojamiento en habitación simple o doble en pensión completa a un precio por día de 20,60 euros si es individual o 18,30 por persona cuando es compartida. «Es una forma de ir más allá, de que los estudiantes puedan interactuar con ‘nativos’ lo que les ofrece, además de la posibilidad de mejorar en el idioma, conocer con más precisión la cultura y tradiciones española», ha apuntado.

La pareja formada por Luis Ángel de la Fuente y Susen Frausín son una de las cerca de 160 familias que componen la red de acogida de la Universidad de Valladolid. «Conocíamos la experiencia por unos amigos que llevaban tiempo alojando a estudiantes extranjeros y nos animamos a probar», señala Frausín que explica que llevan «cuatro años» dentro del programa en el que, sobre todo, han recibido a estudiantes americanos.

«Hasta ahora creo que hemos tenido mucha suerte con los chicos que hemos acogido. Han mostrado una gran capacidad de adaptación y para nosotros la experiencia es positiva», admite. En este sentido, señala que los primeros días tienen la «preocupación de unos padres». «Nos da miedo que se equivoquen de autobús, cuando salen por la noche, pero afortunadamente tenemos una ciudad bastante segura y ellos se adaptan rápido», continúa.

La pareja vallisoletana señala que lo que más gusta a los alumnos es la «cultura y la gastronomía» del país, y en especial de la ciudad, al tiempo que reconoce que los «únicos problemas» que se les presentan es cuando alguno de los alumnos padece algún tipo de «intolerancia» a la hora de comer.

Una experiencia para repetir 

Desde Arizona (Estados Unidos), Eber Ramírez, estudiante de 20 años de la Universidad de Yuma, se muestra «encantado» con una experiencia de la que tuvo conocimiento por el «boca a boca». «Mi mejor amiga en la universidad vino el año pasado y solo hablaba bien del programa porque permitía vivir la cultura en una ciudad que, al no ser muy grande, hace que el contacto con la gente sea mucho más cercano y genuino», apunta.

Ramírez reconoce que en los primeros días estaba «nervioso» porque no conocía nada de la ciudad, ni de sus gentes. «El lenguaje era muy diferente, aquí la gente no habla inglés lo que me obliga a hablar en español y eso hace que aprenda más. Además tenemos la suerte de estar en la cuna del español», subraya.

Sobre el programa, echa en falta un poco más de «dedicación» a «explicar y vivir» la cultura y la historia española, y quizá algo menos de «teoría», pero insiste en que es muy «completo». En este sentido, destaca también la posibilidad de vivir en una familia porque da más «oportunidad» para conocer esa cultura y le obliga a salir de la «zona de confort».

Reconoce que quizá se le ha quedado «corta» su estancia –seis semanas– y aunque ha visitado ciudades como San Sebastián, Madrid, Barcelona, Segovia, incluso se ha desplazado hasta Portugal, cree que «dos semanas más hubieran estado bien» para seguir ampliando «conocimientos». «Quiero repetir, aunque la próxima vez vendré acompañado por familia», agrega.

Por último, apunta que lo que más le ha sorprendido son los horarios de ocio en España. «Aquí se sale muy tarde, a las doce de la noche. A esa hora en mi ciudad está todo cerrado y eso me ha costado un poco pillarlo», bromea.

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