El jurado culpabiliza a Roberto y Davinia de la muerte de Sara

Considera a él autor también de la agresión sexual, maltrato habitual y otros cuatro delitos de lesiones A la madre le imputa también tres delitos de maltrato con lesión, otro de maltrato habitual pero le exonera de la violación y el abandono

FuenteEuropa Press
Juicio por la muerte de la niña Sara (POOL)

El jurado popular ha emitido veredicto este sábado de culpabilidad de Roberto H.H. y Davinia M.G. sobre la muerte intencionada de Sara, la niña de 4 años e hija de la segunda que el 3 de agosto de 2017 murió en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid al que llegó el día anterior agónica tras recibir una bruta paliza antes de ser violada vaginal y analmente.

Las cuatro mujeres y cinco varones integrantes del jurado, quienes ya el miércoles por la tarde comenzaron la deliberación, han dado a conocer esta mañana su decisión, una vez respondidas las 138 preguntas del objeto del veredicto, para responsabilizar a los dos encausados de la muerte violenta de la pequeña, en el caso de Davinia por comisión por omisión.

Además, Roberto deberá responder por cuatro delitos de maltrato con lesión y de otro de maltrato habitual, mientras que no ha sido considerado autor de otros otros dos delitos de lesiones de los que venían siendo acusado.

En el caso de ella, amén de su responsabilidad por la muerte de su propia hija, Davinia ha sido acusada de tres delitos de maltrato con lesión y de otro de maltrato habitual, mientras que ha quedado libre de la agresión sexual padecida por Sara, del delito de abandono de la niña y de un total de tres delitos de maltrato con lesión.

Receso para plantear peticiones

Conocido el veredicto, el magistrado Feliciano Trebolle ha hecho un receso para que las partes puedan estudiar el mismo a los efectos de mantener o bien modificar las peticiones de condena de las acusaciones expuestas el último día, desde prisión permanente para ambos por asesinato hasta otras condenas, a mayores, de 24 años de cárcel para Roberto y 25 para Davinia, así como para que las defensas, que pedían la absolución, hicieran lo propio.

En concreto, Fiscalía, en su informe final emitido el pasado día 17 de mayo, consideró a Roberto H.H. autor material de seis delitos de maltrato con lesiones en el ámbito familiar, un delito de maltrato habitual, otro de violación a una menor de 16 años y asesinato. Mientras, respecto de la madre le imputó los mismos delitos por omisión, así como otro, este en calidad de autora material, de abandono de menores.

Así, la acusación pública interesaba para ambos procesados, por el delito de asesinato, prisión permanente revisable, así como por el resto penas que suman para Roberto 24 años de cárcel y 25 para la progenitora de la pequeña, además de 15 años de libertad vigilada una vez salieran de la cárcel.

La acusación particular, en representación del padre biológico de la pequeña, única que pedía la absolución de Davinia, solicitaba también para el principal encausado prisión permanente revisable por asesinato y otros 24 años de cárcel por la comisión de otros ocho delitos.

Por su parte, Adavasymt imputaba a los dos encausados un delito de asesinato, seis delitos de lesiones y otro de maltrato, así como un delito continuado de violación en el caso de Roberto y de abandono de menores en el caso de Davinia, con lo que, amén de la petición de prisión permanente revisable para ambos, esta acusación popular pedía para la mujer un conjunto de penas que suma 13 años de cárcel y para el que fuera su novio, 24.

Finalmente, la Asociación Clara Campoamor exoneró a los acusados del delito de lesiones relativo al golpe que la niña sufrió en la sien el 28 de julio–les pedía por él cinco años–pero mantuvo invariable el resto de su calificación que incluye seis delitos de lesiones, con petición de un año por cada uno, otro de maltrato habitual por el que solicita tres años, uno de violación a menor de 16 años, con petición de 15 años más, y otro de asesinato, por el que interesa la prisión permanente revisable, además de otros 15 años de libertad vigilada una vez que recuperen la libertad.

Protocolo de malos tratos

No fue hasta el día 11 de julio cuando la madre, una militar destinada en el Palacio Real de Valladolid, decidió llevar a la pequeña al Servicio de Pediatría del Hospital Campo Grande para ser atendida de un fuerte hematoma en los labios y allí los facultativos, alertados por la cantidad de lesiones hallados en todo el cuerpo de Sara, activaron el protocolo de malos tratos. «Tenía el culete, literalmente, cosido a hematomas», dijo gráficamente en el juicio una médico que la atendió.

Sin embargo, los Servicios Sociales de la Junta no recibieron el encargo de Fiscalía de iniciar una investigación, por correo ordinario, hasta el día 25 del mismo mes, casi quince días después.

La entrevista que los funcionarios de la Junta mantuvieron al día siguiente con Davinia y las niñas ya les hizo sospechar, si bien no lograron volver a mantener encuentros con ellas debido a las largas dadas por la madre y ni siquiera consiguieron que los días 28 de julio y 1 de agosto les franqueara la puerta del domicilio.

Para cuando el día 2 de agosto las técnicos de los Servicios Sociales llamaron a Davinia por teléfono para comunicarle que se hacían cargo de la tutela de Sara, ya era tarde. Al otro lado del teléfono la madre les advirtió entonces de que su hija yacía intubada, en muerte cerebral, en la UCI pediátrica del Clínico Universitario, donde falleció al día siguiente a causa de un traumatismo craneoencefálico sufrido fruto del posible zarandeo y golpeo de la cabeza de la niña con una superficie roma.

La autopsia practicada objetivó ya entonces una multiplicidad de lesiones, características del denominado ‘síndrome del niño apaleado’, con moratones de distinta evolución por todo el cuerpo que, según determinaron los forenses, no eran accidentales, así como evidentes muestras de haber sufrido una violación anal y vaginal, no consumada del todo debido a la constitución anatómica de la víctima.

Junto a los indicios de la autoría por parte de Roberto, entre ellos la aludida coincidencia temporal de su estancia en el domicilio de la madre y la aparición de las lesiones en la niña, las acusaciones añadieron los whatsapp intercambiados entre los acusados reveladores de la «obsesión» que él tenía por la víctima («Sara es mía» o «la voy a comer el culete»); su oposición a que fuera atendida por médicos, el «temor» que infundía el acusado a Sara o la «extrema tristeza» que ésta mostraba en las últimas fotos antes de morir, coincidiendo con la entrada de su presunto verdugo en la vida de la madre.

Restos de Roberto en las uñas de la niña 

Como vestigios objetivos de la culpabilidad de Roberto, las acusaciones enumeraron en el juicio el hecho de que era el único adulto que había en la casa, el mechón del pelo de Sara hallado en el pantalón corto que el acusado usaba a modo de pijama y, sobre todo, los restos biológicos encontrados bajo las uñas de la niña, prueba más que evidente de que ésta trató de defenderse sin éxito, si bien esa lucha quedó también reflejada en forma de arañazos en las manos y antebrazos del presunto autor del crimen.

Entre los móviles del crimen figura el odio que, presuntamente, Roberto sentía hacia las personas de origen rumano–era simpatizante del grupo neonazi Juventud Nacional Revolucionaria–, de ahí el término despectivo de «rumanilla» con el que éste se dirigía a la niña.

En cuanto a la propia madre, los acusadores, a excepción de la letrada del padre biológico, se mostraron contundentes al afirmar, en palabras de la fiscal, que «conocía y consentía» los malos tratos sufridos por la pequeña y pese a ello «dio prioridad absoluta a su relación de pareja, antepuso su interés egoísta y jugó a la ruleta rusa con su hija», lo que, en su opinión, es tan o más grave que la actitud ya absolutamente reprochable del anterior.

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