Caso muerte de Sara | Los médicos confirman que los golpes fueron por «malos tratos»

FuenteEuropa Press

Los dos médicos que activaron el protocolo de malos tratos en julio de 2017 tras explorar a la niña Sara en el Hospital Campo Grande de Valladolid, casi un mes antes de su brutal muerte, han ratificado que las lesiones apreciadas entonces en el cuerpo de la pequeña en una exploración más profunda fueron fruto de golpes intencionados, en ningún caso accidentales o sufridos durante supuestos juegos o peleas entre la víctima y su hermana mayor.

El contundente diagnóstico evacuado por el especialista en Pediatría Daniel G.V, de guardia el 11 de julio en el Hospital Campo Grande, y la médico en Atención Primaria y forense Isabel Z.M, que actuó en apoyo del primero, vendría a desmontar la versión exculpatoria ofrecida por la madre de la niña, Davinia M.G, y el novio de ésta, Roberto H.H, que apuntan al carácter fortuito de los hematomas a causa de luchas infantiles entre las niñas o caídas accidentales de la fallecida.

En la tercera jornada del juicio con jurado que se sigue en la Audiencia de Valladolid, donde Davinia y su novio se exponen a una posible condena de prisión permanente revisable por el asesinato de la niña Sara, muerta presuntamente a causa de malos tratos y antes violada vaginal y analmente, el médico que atendió a la víctima de la hinchazón que presentaba en los labios, en su condición de testigo-perito, ha explicado que enseguida se percató del carácter «extremo» del caso.

Con más de treinta años de experiencia, en especial en malos tratos, dado que fue consejero técnico del Defensor del Menor en Madrid, el facultativo fue quien recibió a Davinia, acompañada de Sara, de 4 años, y su hija mayor, Andrea, de 12, y sin descartar que la hinchazón de los labios fuera bien por una infección o traumatismos, sí ha sido categórico al afirmar que al desnudar a la pequeña se encontró con un panorama que no le pareció normal.

Y es que descubrió que Sara presentaba multitud de moretones en la espalda, pecho, brazos y en las nalgas, donde apreció numerosas marcas producidas por «yemas de dedos», hematomas todos ellos «en distinto estadío, unos morados y otros amarillos», lo que denotaba que la data de los primeros, los más recientes, era de unos dos días y los más antiguos de entre ocho y diez, ante lo cual, «alarmado», solicitó el apoyo de otra compañera que ese día se hallaba de guardia por sus conocimientos en medicina forense.

«Anormales por su número y distribución»

«La madre no había dicho nada de esos hematomas hasta entonces», precisa Daniel G.V, quien, en declaraciones recogidas por Europa Press, explica que entre él y su compañera desnudaron a la niña y tras una exploración más exhaustiva acordaron activar el protocolo de malos tratos.

«Por mi experiencia, esos hematomas, por su número y distribución por todo el cuerpo, no me parecieron normales», ha insistido el médico, que efectuó a Sara una prueba de coagulación que dio un resultado absolutamente normal y que, por tanto, descartó que los moretones fueran por causas endógenas.

La otra médico que exploró a la menor, Isabel Z.M, ha sido todavía más elocuente en sus apreciaciones a la hora de descartar cualquier compatibilidad entre las lesiones de la niña y posibles juegos o peleas con su hermana mayor o que fueran fruto de la supuesta dermatitis atópica esgrimida por su progenitora.

La también testigo-perito ha desvelado que sometió a la niña a una exploración ginecológica que dio resultado negativo, aunque sí pudo comprobar la absoluta falta de higiene de la pequeña en sus partes íntimas. Pero lo que le llamó la atención fue la ausencia de higiene en su boca, donde no halló más que fragmentos de dientes, en lugar de piezas completas, y en otros casos ausencia de ellas.

«La boca de un indigente»

«¡Esta niña no había visto un cepillo de dientes en su vida, tenía la boca como la de un indigente!», ha sentenciado la médico, quien entonces entendió que los labios hinchados que presentaba era más a causa de un posible traumatismo que por una supuesta infección dental.

Sin embargo, la testigo retiene en la memoria, como lo que más le sorprendió entonces, los hematomas que Sara tenía en las nalgas, bien por azotes o producto de golpes con cualquier objeto. «¡Estaba literalmente cosido de hematomas, y no eran simples azotitos!», ha asegurado Isabel Z.M, quien en su momento también halló lesiones en la cara interna de las piernas donde apreció huellas de «agarrones de dedos».

«Desgraciadamente, en mi vida profesional he visto más casos de este tipo, siempre por malos tratos», ha aseverado la testigo-perito, quien, al igual que su compañero de profesión, ha precisado también que durante la estancia de la madre de la niña en la consulta ésta mantuvo en todo momento una actitud «pasiva, impasible», solo alterada cuando hizo acto de aparición la Policía Nacional y empezó a hacerle preguntas sobre el origen de las lesiones.

Los dos testigos también han coincidido al afirmar que Davinia, al ser interrogada, en todo momento atribuyó las lesiones al carácter accidental, bien por juegos entre las niñas o porque Sara «era muy torpe y se caía a menudo», y que en un momento dado derivó una posible responsabilidad al padre biológico, de quien aseguró que en ocasiones maltrataba a ella y sus niñas pero al que, según dijo, había echado de casa hacía un par de días.

«En ningún momento habló de que convivía entonces con otro hombre», han indicado tanto los dos médicos, en referencia a Roberto, novio de Davinia y principal sospecho del crimen, como los policías que acudieron ese día al Hospital Campo Grande y que estuvieron interrogando a la madre y sus dos hijas.

En este sentido, una agente de la Policía Nacional, del Grupo de Menores, ha recordado que durante el interrogatorio la hermana mayor de la víctima «no decía nada, solo miraba, se cerró en banda como una tumba», hasta que finalmente se echó a llorar, por lo que entonces la patrulla policial optó por interpelar a la madre y ésta se limitó a atribuir las lesiones a caídas, juegos entre hermanas y la propia torpeza de la víctima.

La misma agente es la que el 28 de julio acudió al domicilio donde se produjo el crimen al amanecer Sara con un fuerte hematoma en la sien, lesión que entonces Roberto y las niñas atribuyeron a un golpe con una mesilla, y que también estuvo interrogando a los vecinos la noche antes de que la niña fuera hallada medio muerta en casa, el 2 de agosto.

«Nos dijeron que las niñas lloraban amenudo por las noches porque su madre las reñía mucho y que en ocasiones había acudido al domicilio la Policía Municipal y Davinia se había enfrentado a los agentes haciendo mención de su condición de militar», ha indicado la agente.

Sobre por qué no se retiró ya entonces a Davinia la custodia de sus niñas, la policía ha explicado que se consideró que la situación era de «riesgo bajo» debido a que la acusada había asegurado que su marido, supuesto autor del maltrato, se encontraba ya en el Reino Unido.

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