El Mahoma vallisoletano que va a la montaña con bolsa de ostomía

En este 31 de marzo, Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Colon, NoticiasCyL habla con José Manuel Martín Monge, conocido por todos como Manolo. Este vallisoletano de 43 años es un soñador, que fue diagnosticado de esta dolencia en febrero de 2016, y que a base de esfuerzo, trabajo y mucho tesón ha conseguido salir adelante apoyado también por todos sus seres queridos que no le han dejado solo ni un momento

FuenteAlvar Salvador
José Manuel Martín Monge

Dicen que si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña y esa es una frase hecha que se le puede asignar perfectamente a José Manuel Martín Monge, un vallisoletano de 43 años, apasionado del deporte y de las carreras de montaña, que acude a las pruebas con su bolsa de ostomía debido al cáncer de colon del que fue diagnosticado en febrero de 2016.

Persona positiva donde las haya y, sobre todo, soñador, nuestro protagonista ha tenido que pasar por fases muy complicadas como el momento en el que los médicos le trasladaron que sufría este tipo de cáncer. También por un tratamiento duro de quimioterapia  que, sin embargo, nunca le hizo perder esa positividad ni esa esperanza tan característica en él.

En este Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Colon charlamos con él para que nos cuente una vivencia sumamente emocionante en esta entrevista.

Un palo tremendo en forma de cáncer

“Me considero un gran soñador”

“Soy una persona hiperactiva. No me gusta estar quieto. También me considero un gran soñador y me gusta vivir la vida con mayúsculas, teniendo sensaciones y disfrutando de estas sensaciones con cosas que me gustan. Me ilusiono con mil sueños e intento luchar por hacerlos realidad”, nos cuenta José Manuel Martín Monge, más conocido como Manolo, cuando le pedimos que se defina como persona.

Sueños que sufrieron un golpe tremendo cuando a este vallisoletano de nacimiento le diagnosticaron, en febrero de 2016 un cáncer de colon. Todo después de “comenzar a tener un sangrado al ir al baño el 26 de julio de 2015”, mientras andaba en bici, y tras pasar además 20 días escalando en los Alpes en algo que, como él afirma, le “tenía un poco mosca” y le hizo pasar por el médico.

Decidimos hacer una colonoscopia el 29 de febrero de 2016. Cuando desperté de la anestesia me di cuenta de que algo no iba bien. Al día siguiente, la médica me dijo que tenía un tumor. Al final piensas que te vas a morir y vas buscando cementerio. Aunque salí de allí asustado, pensé que tenía que tener una buena actitud ante la noticia”, añade.

Nuestro entrevistado asevera además que a sus padres y hermanos “les costó asumir” que padecía esa patología, igual que a su pareja, por lo que “intentó estar lo más feliz posible” para “incordiar poco” y no preocupar más aún a sus seres más queridos y cercanos, en un proceso, el oncológico, que afecta no solo al que lo padece sino también a todos los que están a su alrededor.

28 tapones como muestra de un tratamiento sumamente duro

“Las salas de quimioterapia y radioterapia son sitios que te dan lecciones de vida cada vez que entras” 

“Al principio tienes a un oncólogo radiólogo, un oncólogo y un cirujano. Tres médicos. Me prescribieron un total de 28 sesiones de quimioterapia que iban a la par, tanto la oral como las radiaciones. Comenzaron con la primera de ellas a principios de abril de 2016”, asegura Manolo, narrando los inicios del tratamiento.

Añade además que “las salas de quimioterapia y radioterapia son sitios que te dan lecciones de vida cada vez que entras”, ensalza la labor de los sanitarios y recuerda las 28 botellas de litro y medio que tuvo que tomar para proteger el sistema digestivo y la vejiga a la hora de la radiación. “Guardé los tapones y los tengo en casa porque el hecho de ir sumando pastillas era restar días al tratamiento”, afirma.

Tras esto, los médicos decidieron que el nuestro entrevistado descansara diez semanas antes de afrontar una complicada operación el 7 de julio de 2016 en una intervención que duró desde las 8 de la mañana a las 16:30 horas de la tarde y que le hizo pasar 26 días en el Hospital Río Hortega de Valladolid.

Cuando te operan o tienes un tumor, hay un trabajo que tienes que hacer por ti mismo. El rehabilitarte depende de ti. Recuerdo que medí los pasillos del Hospital y comencé a andar haciendo 10 kilómetros diarios”, añade Manolo, antes de contarnos que “le pusieron una bolsa de colostomía”, al perder en la operación el esfínter. “Era o usar pañal toda la vida o bolsa y preferí la bolsa”.

El deporte como forma de vida y salvación ante un cáncer de colon

Al salir del hospital, a principios de agosto, el tratamiento de este pucelano, de armas tomar, no había finalizado. Tras cuatro semanas comenzó con otra quimioterapia, parte oral, parte intravenosa, que arrancó en septiembre de 2016, durante las Fiestas de la capital del Pisuerga, y que finalizó el 14 de enero de 2017, tras seis ciclos.

“Estamos de paso por la vida como decía Rosendo”

“Me lo tomé como una carrera de resistencia, pensando que tenía que cuidarme y que ser constante. Recuerdo que comencé en las Fiestas y que salí a tomarme un café y reírme. Debería ser, no un derecho, sino una obligación, cuando tienes un tumor, salir. Estamos de paso por la vida, como decía Rosendo”, afirma con emoción.

Nuestro protagonista se ha agarrado al deporte para pasar por este duro trago. No duda en afirmar que “la actividad física ha sido el sistema de generar felicidad en su vida” y que disfruta “saliendo a correr por la montaña”. “El deporte me ha dado a mis amigos y mi sistema de vida”.

Manolo comenzó con las carreras de montaña en el Trail de Osera, en Cervera de Pisuerga, aunque no volvió a la actividad tras la operación, hasta febrero de 2017, cuando corrió para “volver a sentirse liberado”.

“Tengo en la cabeza un par de maratones de montaña pero quiero correrlas bien. Me voy a ir a Oporto en bici por la senda del Duero y quiero marchar a Perú, a hacer una montaña de 6.000 metros. Tengo miedo a una diarrea porque con la bolsa no sé cómo lo gestionaré”, añade.

Y es que nuestro entrevistado corre, desde la intervención, con una bolsa de ostomía al “no controlar las heces” que acaban “saliendo en una bolsa”. “Siempre voy a tener que llevar a bolsa y tener cuidado con ella porque nos la sacan a través de la pared abdominal que está más débil y nos podemos generar una hernia con facilidad”, añade.

Una vida llena de ilusión y proyectos

Además del deporte, los viajes con su pareja en las semanas de descanso del tratamiento, también han sido claves para que este paciente de cáncer de colon haya podido salir poco a poco adelante.

“Aprovechábamos las semanas de descanso para viajar. No me quería ir lejos por si ocurría algún percance pero cogí el mapa de España y fuimos desde Biarritz hasta Cádiz recorriendo toda la costa. Acababa muy cansado pero estaba deseando que llegara esa semana de descanso para viajar y no pensar”, nos cuenta.

“Quiero disfrutar al máximo de mi familia, amigos y de mi pareja”

De hecho, Manolo asegura que “la última pastilla de la quimioterapia la tomó en Cádiz, un 14 de enero de 2017” y que posteriormente, en octubre de 2017, se reincorporó al trabajo, antes de explicarnos que tras este proceso ha obtenido un “máster en paciencia y resiliencia”.

Este valiente tiene la próxima revisión en junio y nos confiesa que “no sabe cómo encajaría un segundo pronóstico de tumor” pero añade que “intenta disfrutar del día a día viviendo con intensidad, aprendiendo y teniendo muchas primeras veces” de cualquier cosa.

“A nivel laboral disfruto mucho como trabajador social en el mundo de la drogodependencia. A nivel personal voy a ser tío en septiembre de nuevo y estoy deseando que llegue la criatura. Quiero disfrutar al máximo de mi familia, amigos y de mi pareja”, concluye un auténtico ejemplo de vida y también de lucha y esfuerzo para superar obstáculos y conseguir metas.

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