“¡Su única intención era agredirme, estoy viva de milagro!”

Duro relato de Mercedes R.A, vecina de Valladolid tras ser acuchillada por su pareja y después atropellada

Imagen del acusado. Fotografía: Europa Press

¡Nunca le había visto así, ese día no me habló, tenía los ojos muy abiertos y su única intención era agredirme, estoy viva de milagro!“, ha resumido de este modo Mercedes R.A, vecina de Valladolid, el duro momento vivido la noche del 12 de noviembre de 2016 cuando su esposo trató, supuestamente, de acuchillarla y luego, ya en la calle, pasarla por encima con el coche.

La víctima, durante el juicio que ha quedado visto para sentencia este martes en la Audiencia de Valladolid, ha explicado que el incidente se produjo cuando ella y el acusado, Eduardo S.G, se encontraban aún casados pero a punto de iniciar los trámites de divorcio, con lo que por aquellas fechas él llevaba ya tres meses viviendo en casa de su madre y ella en el domicilio familiar con el hijo de ambos, de 17 años.

Pese a ello, el acusado seguía acudiendo a diario al domicilio familiar, una casa molinera sita en la calle La Trilla, para sacar a los perros, como así ocurrió el 12 de noviembre de 2016, si bien la hoy ya exmujer asegura que esa noche su todavía pareja entró hasta la cocina, donde estaba sentada viendo un partido de fútbol de la Selección Española y, sin mediar palabra, cogió un cuchillo de pelar patatas y se tiró hacia ella con ánimo de clavárselo.

“¡Si no pongo las dos manos me alcanza en el pecho. No me lo esperaba!”, rememora la víctima, quien sufrió heridas de defensa en su mano izquierda. El hijo de ambos, que se encontraba en su habitación y oyó los gritos de su madre implorando auxilio, le pidió que saliera corriendo, como así hizo ella.

Ya en la calle, la denunciante, en declaraciones recogidas por Europa Press, recuerda que su marido trató de acometerla nuevamente con varios cuchillos, uno de ellos jamonero con el que le llegó a cortar un mechón del pelo. Según la versión de ella, Eduardo volvió a entrar en casa y al salir llevaba un afilador y varios cuchillos que le lanzó con el propósito de alcanzarla, aunque sin llegar a hacer diana.

Para entonces, el hijo de ambos había salido también a la calle para mediar en favor de su madre, tarea en la que se vio obligado a propinar sendos puñetazos en la cara a su progenitor. Éste, un tanto descolocado, se subió entonces a su vehículo y trató de arrollar a Mercedes, como así ésta mantiene.

“Me había resbalado y caído al suelo. ¡Vino hacia mi con el coche, no fue fortuito. No sé como me libré!”, ha declarado Mercedes, quien ha explicado que su marido colisionó entonces con un coche que se encontraba allí aparcado y acto seguido se produjo la llegada salvadora de un coche de la Policía Municipal que procedió a la detención del supuesto agresor.

“¡Nunca he pegado a mi mujer!”

En el lado opuesto, el encausado no solo ha negado los hechos sino que ha presentado a su ya ex como la verdadera agresora. “¡Nunca he pegado a mi mujer, si yo voy a pegar a mi mujer, la pego!”.

De hecho, ha indicado que su pareja le había agredido en varias ocasiones, una de ellas saldada con sentencia condenatoria, y mantiene que el día de los hechos había ido a casa de Mercedes con la única finalidad de sacar a sus dos perros.

Al llegar se encontró la puerta abierta, llamó y salió tan solo uno de los perros, de ahí que, como así ha apuntado, decidió entrar a por el otro, si bien entonces se encontró a su esposa en la cocina con un cuchillo en la mano. “Al pasar junto a ella agarré su mano por si acaso, forcejeamos, el cuchillo cayó al suelo y entonces le pegué una patada y el arma fue a parar debajo de un mueble”, relata Eduardo.

El acusado mantiene que para evitar problemas optó por salir a la calle pero apunta que su pareja le siguió golpeándole y dirigiéndole todo tipo de improperios. “¡Chica, estás montando el show y yo no te he hecho nada!”, asegura Eduardo que le dijo a su esposa antes de introducirse de nuevo en la casa para recoger un afilador que una vez en la calle arrojó a Mercedes “sin intención de darla, únicamente para que se callara”.

A la refriega se sumó entonces el hijo de la pareja con un par de puñetazos sobre su padre. Éste asegura que fue entonces cuando se subió a su coche para abandonar el lugar y trasladarse al hospital porque creyó que tenía rota la nariz.

“Llevaba una mano agarrándome la nariz y con la otra el volante. Metí la primera y al arrancar me encontré de frente con una persona que salió de entre los coches, no sé si mi mujer o quién, y tuve que dar un volantazo. ¡Si hubiera querido atropellar a esa persona, ni la más rápida lo hubiera evitado!”, ha aseverado el procesado.

Un testigo de los hechos, vecino de la pareja, se ha limitado a indicar que aquella noche presenció una riña entre el acusado y su esposa en cuyo transcurso llegó a ver al primero propinar repetidos golpes con el puño a la segunda a la altura del abdomen. También vio al hijo de ambos dar varios puñetazos al padre, no así el episodio posterior del coche.

El hijo de la pareja, hoy de 20 años, se ha acogido a su derecho de no declarar, circunstancia que ha provocado el llanto del acusado.

Finalmente, las partes han mantenido invariables sus informes. Así,la acusación pública ha solicitado nueve años de cárcel por tentativa de homicidio, con la agravante de parentesco y la atenuante de embriaguez, junto con otros cuatro meses de prisión y privación del derecho a conducir vehículos de motor durante dos años por delito contra la seguridad vial.

Con respecto al primero de ambos delitos, el fiscal del caso, además de las indemnizaciones pertinentes por las lesiones y el tratamiento del Sacyl, pide que se prohíba al acusado aproximarse a la víctima a una distancia de 500 metros y acercarse a su domicilio y lugar de trabajo y comunicar con ella por espacio de catorce años.

La acusación particular, por su parte, ha pedido un total de diez años por tentativa de homicidio, con las agravantes de parentesco y género, y, con carácter subsidiario, una condena de cinco años de prisión, mientras que la defensa ha solicitado un fallo absolutorio.

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