La gruta del Campo Grande mostrará sus misterios tres décadas después

El Ayuntamiento realizará las obras de modificación de la estructura para evitar su derrumbe y recuperar el histórico espacio

Entrada a la gruta del Campo Grande (Foto: Turismo de Valladolid)

Es uno de los lugares más peculiares de Valladolid, con una dilatada historia que se remonta al siglo XIX y que en las últimas décadas ha pasado al ostracismo por motivos de seguridad. La gruta del Campo Grande ha adquirido misterio con el paso del tiempo que ha relegado este espacio a un punto olvidado del que el Ayuntamiento quiere recuperar.

La concejala de Medio Ambiente, María Sánchez, ha anunciado este jueves que se destinarán 220.000 euros para la adecuación de la gruta, con el objetivo de que el espacio se pueda visitar más de tres décadas después. “Sabemos que es un espacio que lleva mucho tiempo cerrado y requiere una importante actuación”, ha reconocido Sánchez.

El riesgo de hundimiento de esta estructura bajo la cascada del estanque del Campo Grande provocó su cierre y ha hecho desistir a todos los que se han planteado en algún momento de las últimas décadas recuperar su uso. Ahora el objetivo es afrontar una intervención en la estructura, con acero y hormigón para consolidar todo el conjunto y eliminar cualquier riesgo de derrumbe.

Historia

Lejos queda ahora el año 1877, cuando el alcalde, Miguel Íscar, encargó la transformación del Campo Grande. Tres años después, y con el estanque en funcionamiento, la opción de crear una cascada que surtiera de agua al citado estanque permitió el nacimiento de la gruta en el interior del montículo que habilitaba la caída del agua.

La decoración de la gruta provocó un llamativo conflicto entre Burgos y Valladolid. Así lo ha recordado el concejal de Urbanismo, Manuel Saravia, haciendo alusión a que “las estalactitas y estalagmitas que se colocaron, las cortaron de Atapuerca, en Burgos”, provocando un conflicto entre las autoridades de ambas provincias.

A lo largo de los 139 años que han pasado desde entonces, los muros de la gruta pueden contar miles de historias, incluso albergar, en los años 60 del pasado siglo, un bar junto a la entrada de la gruta.

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