Cinco años de prisión por incendiar la casa de sus vecinas

Arrojó papeles en llamas por el patio de luces que se introdujeron a través de una ventana del piso de las vecinas de abajo

Foto: Europa Press

La Audiencia de Valladolid ha impuesto una condena de cinco años de prisión a José Andrés S.G, el hombre que en la madrugada del 29 de mayo de 2017 arrojó papeles en llamas por el patio de luces que se introdujeron a través de una ventana del piso de las vecinas de abajo, lo que provocó un incendio en su cocina que a punto estuvo de concluir en tragedia.

En su sentencia, a la que tuvo acceso Europa Press en fuentes jurídicas, la Sección Cuarta de lo Penal considera que los hechos son constitutivos de un delito de amenazas no condicionales en concurso con un delito de incendio con riesgo para la vida de las personas que el condenado cometió con dolo eventual, es decir, asumiendo el grave riesgo que su acción pudiera suponer para las vecinas afectadas o resto del vecindario.

El referido delito de incendio, con imposición de la pena en su grado mínimo, aplica al condenado la atenuante simple derivada de su alteración psíquica. En dicho delito queda además subsumido o absorbido el de amenazas del que también venía siendo acusado, mientras que en concepto de responsabilidad civil el pirómano deberá indemnizar a la compañía Catalana Occidente, aseguradora que cubrió los daños del piso, con un total de 2.963 y con otros 1.142 a las afectadas.

Además, el tribunal impone al condenado la prohibición de comunicar o acercarse a sus víctimas a menos de 500 metros y durante un lustro, a cumplir de forma simultánea durante la pena privativa de libertad.

La sentencia contrasta con la petición del fiscal, quien había pedido una pena global de cuatro años, tres por delito culposo de incendio con riesgo para la vida de las personas y uno por amenazas, y, sobre todo, con la absolución pedida por la defensa y las solicitudes de 20 años interesadas por las acusaciones particulares, en representación de las vecinas afectadas y de la aseguradora, que además del delito de incendio imputaban otro de obstrucción a la Justicia, con la agravante de reincidencia.

“¡Capaz de todo!”

Durante el juicio, el ahora condenado negó la autoría de los hechos pero sí reconoció las rencillas mantenidas con las denunciantes e insinuó caer que el fuego pudiera haberlo causado, accidentalmente, una de las vecinas por el uso de un cenicero que podría haber dejado en la poyata de la ventana.

Frente a tal versión exculpatoria, las denunciantes relataron al tribunal el temor continuo que vienen padeciendo desde hace años no solo ellas sino todo el vecindario del inmueble, sito en la calle José Cantalapiedra.

“¡Se lleva mal con todos, pero con nosotras se ha cebado, le vemos capaz de todo, no hay más que verle!”, declaró en el juicio Soledad C. sobre su vecino José Andrés S.G. respecto del incendio declarado en su vivienda como consecuencia de los papeles quemados arrojados por el primero aquella madrugada a través de un estrecho patio de luces, casi un mero respiradero, después de recibir todo tipo de insultos, amenazas de muerte previas.

“Es algo que se viene produciendo todos los viernes, cada vez que sale de juerga, con la salvedad de que el día de los hechos no era viernes”, advirtió Soledad C, que la madrugada de autos se hallaba dormida cuando su hija, Laura, y su madre, Elpidia, acudieron llenas de miedo a la cocina tras oír el “estruendo” del ruido de cristales y comprobar que un incendio había prendido en las cortinas, había saltado los azulejos y existía el riesgo de que las llamas se propagaran al resto de la vivienda.

Las tres pormenorizaron que horas antes, desde las 12 de la noche, el acusado comenzó con el habitual rosario de improperios contra ellas. “¡Hijas de puta, os tengo que matar, os voy a quemar el coche, la casa y la tienda. No había palabra buena!”, recordó Elpidia, quien añadió que los gritos del vecino estuvieron acompañados del habitual lanzamiento de botes de cerveza y papeles en llamas que cayeron al patio de luces del edificio y también sobre la poyata de su ventana.

De hecho, su nieta, Laura, fue la que grabó con su móvil tanto los insultos como el lanzamiento de papeles incendiados, los mismos que se colaron por la ventana de la cocina cuando ellas ya dormían, sobre las 05.30 horas, y prendieron distintos productos de limpieza y trapos que las afectadas tenían colocados en el hueco existente entre el cristal exterior y el interior. Esos productos provocaron la explosión que redujo a añicos el cristal de la ventana interior y desencadenó el posterior fuego, centrado en la cocina.

“¡Si tardamos dos minutos más, allí quedamos!”

“¡Si tardamos dos minutos más, quedamos allí las tres!”, sostuvo categórica la anciana, quien junto con su nieta logró sofocar las llamas con el uso de unas garrafas de agua. La declarante, su hija y su nieta explicaron también que hechos de este tipo ya habían provocado un incendio en su día en el patio de luces que sofocaron también entonces, ayudadas por la vecina del primero, arrojando calderos de agua.

Las denunciantes, secundadas por el testimonio de otros vecinos, mantuvieron que los incidentes se vienen sucediendo desde hace años y que los mismos han derivado en dos procedimientos penales con sentencia condenatoria para el acusado, la notificación del último de ellos, casualmente, pocos días antes de los hechos objeto del presente juicio.

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