Un Goya educativo con aroma a creatividad

NoticiasCyL se desplaza hasta la Facultad de Medicina para hablar con Alfredo Corell, profesor de Inmunología y director de Área de Formación e Innovación Docente en la Universidad de Valladolid, que ha conseguido el premio como mejor profesor universitario de España en la II Convocatoria de los Premios Educa Abanca.

FuenteAlvar Salvador
Alfredo Corell.

El pasado sábado Alfredo Corell cumplía 56 años. Lo hacía con la satisfacción del trabajo bien hecho y el regalo de haberse convertido en el mejor profesor universitario de España en la II Convocatoria de los Premios Educa Abanca, en un galardón que tiene especial significado ya que la nominación llega por parte del alumnado.

El madrileño, que suma casi 20 años como docente en la Universidad de Valladolid, recibe así una buena noticia tras el mal trago por el que tuvo que pasar en noviembre cuando en su facultad se encontraron octavillas de carácter homófobo contra su persona en un caso que está siendo investigado por la Policía.

Del premio, de su trayectoria, del capítulo desagradable que acabamos de mencionar y de muchas cosas más hablamos con Alfredo Corell en esta entrevista tras abrir el premiado las puertas de su despacho a NoticiasCyL.

Pregunta. ¿Quién es Alfredo Corell?

Respuesta. Alfredo es un hombre que fue un chico de un barrio muy obrero de Madrid como es Carabanchel. De familia también obrera. Mis padres querían que los cuatro hermanos que somos llegáramos a la Universidad. Mi padre se dejó muchos años en ello para que hasta el último lo consiguiera y no se jubiló hasta conseguirlo.

P. ¿Qué recuerda de su infancia?

R. Recuerdo que de pequeños nuestros padres nos apuntaron a un grupo scout y eso me ha hecho ser como soy a día de hoy. Conservo muchos amigos y amigas de entonces aunque desde que he llegado a Valladolid el número de contactos ha bajado. Mi escala de valores y mis ideales se fraguaron en esa época.

Soy una persona inquieta. Cuando estaba estudiando Biológicas enseguida me puse a dar clases particulares para ayudar en casa. Como venía de un entorno humilde hemos sido muy responsables a la hora de autofinanciarnos. Creo que hoy en día es una cultura que está un poco perdida. La gente depende más de la familia en estos tiempos.

P. Cuénteme un poco como ha sido su carrera profesional.

R. En sexto de EGB recuerdo que el profesor nos enseñó las proteínas y el ADN y eso me enganchó. Encontré mi vocación. En tercero de Biológicas quise meterme en un Laboratorio y fui a ver a Margarita Salas, una de las investigadoras más influyentes de España. Me dijo que tenía que subir la media para lograr la beca y que me pusiera a estudiar. Los primeros años no le di la importancia que debía a la nota que iba a aparecer en el expediente. En cuarto y quinto subí esa media y me metí en el 12 de Octubre para formarme como inmunólogo. Hice la tesis y me quedé como facultativo especialista adjunto.

En 1998 fui a Londres a hacer una estancia postdoctoral. En el camino había tenido ofertas como hacer un postdoctorado en Harvard, o trabajar en una empresa potente de Biotecnología que se instalaba en España con los primeros secuenciadores de ADN. Me ofrecían ser el jefe del equipo. Dije que no porque por aquel entonces lo que más me movía era la parte diagnóstica, de ayudar con trasplantes etc. La inmunología clínica.

En el 98 fui a Londres, al Anthony Nolan Research Institute que es, además de un lugar de investigación, el banco de donantes de médula ósea y cordón umbilical más grande de Europa si no del mundo. Ahí tenía la posibilidad de hacer tanto investigación como diagnóstico y clínica. Estuve un año durante el cual salió la plaza para la Universidad de Valladolid. Vine, concursé y la gané y cuando me incorporé dejé Londres.

Hasta que no he llegado a Valladolid no he desarrollado a fondo mi faceta más docente. Sin dejar la investigación y el diagnóstico porque sigo trabajando en ello pero prima más esta parte

P. ¿Qué se siente cuando a uno se le nombra mejor docente de España del 2018 en la categoría de Universidad de los premios Educa Abanca?

R. No te lo crees. Soy consciente de lo que hago, de lo que hago bien y de las cosas a las que dedico mucho tiempo, ganas e ilusión. Pero de ahí a decir que soy el mejor docente de España es muy fuerte.

P. Las nominaciones llegan por parte de los alumnos. ¿Tiene aún más valor?

R. El proceso es curioso. Hay cinco niveles educativos. La sorpresa es que nominarte no es hacer un clic en 10 segundos. Hay que rellenar muchos datos en el panel de nominación. Los estudiantes dicen por qué te nominan, qué has hecho especial en clase, etc. En este mundo tan vertiginoso en el que vivimos que rellenen todo esto es de agradecer.

Que te propongan los estudiantes es muy chulo y que lo hagan de Valladolid, de Madrid, de Bilbao, de Cádiz, de Granada, etc. es precioso porque a estos no les he tenido en clase.  Hay otros estudiantes de Colombia o de México que también conocen mi labor porque en Internet tengo mucho material docente que se puede disfrutar desde cualquier parte del mundo. Estos vídeos están subtitulados al inglés y francés.

Tras proponerte, la Fundación te lo comunica y tienes que rellenar el currículum que también es laborioso. No te permiten que sea digital, tiene que estar todo en papel. Rellenarlo es complejo. Hay que hacer referencia a las publicaciones científicas, a los cursos de formación acreditando las horas hechas. Si usas redes sociales debes enviar pantallazos de Facebook, Twitter, Instagram, etc. sin valer los personales, tienen que estar dedicados a la docencia. Blogs, webs, actividades tecnológicas, presencia social por si haces divulgación, etc.

P. ¿Quién le comunicó que había ganado y qué pensó en ese momento?

R. El premio me lo comunican por e-mail. Tras mandar todos los documentos pasa un tiempo largo y hay una Comisión que los evalúa y puntúa. En diciembre publicaron los diez que teníamos más puntos. Tras la Navidad sacaron el ranking de la puntuación. Sobre 160 puntos obtuve 141 y me quedé alucinado. 40 de ellos vienen de la primera fase, del número de estudiantes que te hayan propuesto. También los motivos por los que lo han hecho en algo que evalúa el jurado.

Oficialmente  lo comunica la presidenta del Comité de Baremación pero yo me enteré de que era finalista antes por los medios. Para mí era ya un premio que te nominaran los estudiantes, luego entrar en la final y ya ganar ni te cuento.

P. ¿De quién se acuerda uno cuando le conceden un premio tan importante como este?

R. Me acordé, en el momento de la nominación, de muchos estudiantes que sabía que me habían propuesto y particularmente de unos de Cádiz. Con ellos bajé a un congreso y me hice fotos con todos.

Luego, en el momento en el que me aseguran que he ganado el premio me acordé de Vicente, mi marido, porque el día antes estaba más nervioso que yo aún. Me decía: “Tienes que estar tranquilo porque estar ahí es un premio ya” y también que “Sería una maravilla ganarlo con lo que me habían hecho el mes pasado, una reparación”.  Lo primero que hice fue llamarle a él.

P. Es un profesor inquieto y que parece que busca nuevas formas de hacer aprender, sobre todo utilizando mucho las nuevas tecnologías.

R. Uno no puede estar educando o pretender que haya un aprendizaje adecuado utilizando metodologías de hace dos siglos o incluso más. No quiero menoscabar el valor de una clase magistral porque la tiene pero cuando es una buena clase magistral. Hoy en día lo que se hace es sentarse y leer un PowerPoint y eso no es una clase magistral. Frente a esto, aumenta el absentismo. Hay que estar al tanto de las metodologías y también de las posibilidades tecnológicas. No se puede vivir de espaldas a los avances.

Hace siete años recuerdo que cuando entraba a clase les decía a mis alumnos que no quería que tocasen los móviles y ahora, en ocasiones, son parte imprescindible de dichas clases. Se trata de usar las tecnologías a tu favor.

A lo largo de estos 20 años, donde también he dado clases magistrales que eran muy complejas, cargadas de datos y donde pretendía que un estudiante supiera la misma Inmunología que yo, he cambiado ya que aquello era un error y comencé a dar clase de otra manera por responsabilidad. Me parecía intolerable que si mi tarea era hacer que los alumnos aprendieran no lo hicieran. Desde el minuto uno empecé a realizar juegos de rol para explicar ciertas cosas. El año siguiente puse trabajos en equipo y exposiciones orales que creo que es donde más se aprende. Monté una web, la primera de la facultad, y me di cuenta de que la tecnología tenía mucho recorrido para la docencia.

La tecnología ha ayudado a democratizar la educación. Han sido 19 años de suma y sigue. De pensar cada año algo nuevo. Soy muy exigente conmigo mismo. Mientras hago una actividad me doy cuenta de lo que falla y pienso como puedo mejorarlo. Me dicen que no disfruto del éxito lo suficiente porque estoy siempre pensando en mejorar para la vez siguiente y es verdad. Hay veces que hay que sentarse y disfrutar de lo que sale bien.

P. ¿Superado ya el mal trago de los insultos homófobos en noviembre en la Facultad?

R. No sé si estas cosas se superan. No me había pasado nunca hasta ahora de una forma tan pública pero sí que es verdad que estoy acostumbrado a que haya algún trato homófobo. No solo en la Facultad sino en la sociedad. Los estudiantes, hace unos años, me eligieron para la orla y el delegado por aquel entonces me quitó porque era homófobo y además xenófobo.

P. ¿Cómo vivió esos tres días en los que la Facultad amaneció empapelada con carteles en los que se podía leer: ‘Corell maricón y socialista’?

R. Yo no lo vi. Lo retiraron para que no lo viera y eso también fue negativo. Lo retiraron sin denunciarlo. Los equipos de limpieza, alumnos y docentes eliminaron estos carteles y ninguno comentó nada con el pensamiento de que si no se dice nada no ha existido. Por un lado lo hicieron con cariño y para protegerme pero quizás no actuaron bien porque escondieron un problema que hizo que se repitiera en tres ocasiones, o igual más, eso es lo que me dijeron.

Me enteré de lo sucedido 10 o 12 días después de que ocurriera. El primer día, por lo que me han contado, fue bastante espectacular porque empapelaron desde el ascensor hasta mi despacho el suelo con octavillas. Me costó hacerlo público, pero no me arrepiento. Lo denuncié internamente a Facultad y Universidad. Desde el minuto uno me apoyaron y recomendaron denunciarlo a la Policía porque la Universidad no tenía medios para investigar lo ocurrido.

P. ¿Cómo marcha la investigación?

R. La Policía ha venido varias veces para hablar conmigo. Sé que han investigado pero no sé si se tiene alguna pista o no. Tampoco sé quién es el autor material. Sea quien sea me parece igual de doloroso.

P. ¿Se puede sacar alguna lectura positiva de este hecho?

R. Sí. A pesar de que me parece un acto retrógrado y execrable que hay que denunciar, me he sentido muy arropado por el entorno. He recibido miles de mensajes de apoyo por distintas vías. Llamadas, whatsapps, mensajes en Facebook de cariño y apoyo. También en Twitter e Instagram.

Soy una persona que de modo profesional me expongo en las redes. A veces, meto píldoras personales en ellas, no voy a negarlo, aunque no es el objetivo prioritario. Esto hace que la respuesta a la denuncia haya sido alta y que haya sentido mucho cariño. Incluso por la calle me ha parado gente para decirme que me apoyaba. La lectura positiva es esa, que en general, la inmensa mayoría de las personas condenan estos hechos.

P. Un objetivo para 2019.

R. El objetivo es conseguir tomarme un respiro y celebrar los logros. Llevo unos años muy intensos. Quiero, a nivel personal, no terminar mis días en Valladolid. Acumulo 20 años y me gustaría moverme aunque no puedo poner un objetivo temporal a esto. También que este año saquen la Cátedra para que yo pueda promocionar. Estoy acreditado desde 2015 y creo que puede ser otra cosa bonita que me ocurra este año pero va a ser difícil que suceda algo que a nivel profesional supere al premio.

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