Ni ADN ni huellas contra el acusado del crimen del ‘Sebita’

La defensa alega que la acusación sólo cuenta con un testigo "desorientado en el tiempo"

El acusado durante el juicio (Foto: Europa Press).

La defensa de Tomás S.S, acusado del crimen de Sebastián V.R, al que, presuntamente, mató a ladrillazos y navajazos en abril de 2017 por la disputa de un móvil y luego arrojó su cuerpo al río Pisuerga, en Valladolid, sostiene que las acusaciones se han montado una “película” sobre unos hechos en los que la inocencia de su cliente tan sólo la pone en entredicho la declaración de un testigo discapacitado y “desorientado en el tiempo”.

Así se ha expresado el abogado defensor durante la primera sesión del juicio con jurado iniciado este viernes en la Audiencia de Valladolid, donde la selección de las cuatro mujeres y cinco varones encargados de emitir veredicto y la exposición de los alegatos iniciales de las partes han acaparado la totalidad de la jornada.

En su exposición, el defensor del procesado se ha mostrado contundente al afirmar que Tomás “no estuvo en el lugar de los hechos el día en el que se produjo el crimen”, pero además ha añadido que todas las pruebas son “favorables” a su patrocinado, a excepción del testimonio de Pedro D.J, el testigo que asegura haberse encontrado con el acusado y la víctima el día de autos en una zona abrupta del Soto de la Medinilla, el primero de pie con una mano ensangrentada y la segunda tirada en el suelo.

“No hay ninguna prueba, sólo el testimonio de una persona discapacitada y desorientada en el tiempo”, reitera el letrado, que, en declaraciones recogidas por Europa Press, ha recordado al jurado que ni siquiera las acusaciones pública y particular tienen muy claro dicho testimonio por cuanto ni siquiera han propuesto al testigo que declare en el juicio y, por contra, plantean su declaración como prueba anticipada.

El defensor, que para nada se cree la versión de Pedro D.J, es por ello el único que ha propuesto el interrogatorio en sala del supuesto testigo, única prueba en contra, como así insiste, de quien ocupa el banquillo, máxime cuando ni siquiera la policía ha podido hallar muestras de su ADN y huellas dactilares en las armas del crimen, un ladrillo y una navaja con restos de sangre de la víctima localizados en el escenario de los hechos.

“Nuestro sistema penal está enfermo”

“Además de la sorpresa que causa a esta parte que los acusadores no hayan propuesto el interrogatorio del testigo, el problema es que nuestro sistema penal está enfermo y permite presentar un atestado policial como si fuera un escrito de acusación”, ha criticado el defensor, quien por ello atribuye las imputaciones de los acusadores a una “película” basada en el testimonio de Pedro D.J. y se ha felicitado por ello de que su cliente comparezca ante un jurado, totalmente ajeno a dicha circunstancia.

Frente a la absolución que solicita inicialmente este letrado, el fiscal y la acusación particular piden penas de 14 y 20 años de prisión, respectivamente, por delito de homicidio y asesinato e indemnizaciones en favor de los padres de la víctima por valor, en el mismo orden, de 90.000 y 120.000 euros.

Ambas partes coinciden en lo fundamental, que el acusado y la víctima, amigos íntimos por coincidir paseando a sus mascotas, se dirigieron la tarde del 9 de abril de 2017 al Soto de la Medinilla, donde el primero, “por un problema menor” al ser recriminado por el segundo como autor del hurto de su móvil, la emprendió con el fallecido a golpes, primero con puñetazos y patadas, y luego armado con un ladrillo y una navaja con los que le propinó cinco ladrillazos y una veintena de navajazos, para acto seguido arrojar su cadáver al río Pisuerga.

Sin embargo, el acusador particular tipifica los hechos como asesinato al observar las agravantes de alevosía y ensañamiento. La alevosía, asegurarse que la víctima no pudiera defenderse, la fundamenta en las armas empleadas por el procesado para acabar con la vida de una persona que tenía además una minusvalía psíquica del 52 por ciento, así como en el lugar elegido por las dificultades que presentaba para la huida del fallecido, mientras que el enseñamiento lo probarían, a su juicio, la multitud de lesiones que presentaba el cadáver y que le infligieron “un dolor innecesario”.

En la misma línea, el fiscal incluye entre las pruebas incriminatorias contra el acusado las distintas lesiones objetivadas tras su detención, desde un mordisco en un dedo hasta numerosas erosiones en brazos y cabeza, “compatibles con el escenario del crimen”, en referencia a que la vejetación del paraje pudo herirle en el transcurso de la agresión, además del testimonio del contestado testigo cuya verosimilitud no pone en entredicho.

Este último fue quien salió huyendo tras presenciar, supuestamente, las primeras agresiones y luego volvió preocupado y se encontró flotando en el río el cadáver del ‘Sebita’, tras lo cual dio parte del hallazgo aunque sin revelar inicialmente, por miedo a Tomás, lo que había presenciado horas antes.

La segunda jornada del juicio dará comienzo el próximo lunes, a partir de las 09.30 horas, con el interrogatorio del acusado, quien también padece un retraso mental leve.

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