El Viernes Santo desborda de pasión Medina de Rioseco

Cientos de personas colapsan la Plaza de Santa María para contemplar la característica salida de los pasos

FuenteIsaac Barrientos
Salida de La Crucifixión en la procesión del Viernes Santo.

Saben lo que va a ocurrir, cómo va a suceder y, pese a ello, la expectación que tienen es máxima. Cientos de riosecanos y multitud de visitantes que consiguen hacerse un hueco han experimentado este Viernes Santo la emoción desbordada que se propaga en la plaza de Santa María justo antes del comienzo de la procesión de la Soledad en Medina de Rioseco.

Es un momento único, con una carga sensorial que es difícil transmitir, que se entiende mejor en el corazón del bullicio. Cada paso tiene su instante, su magia y su espacio para el protagonismo. Pero cobran especial interés la salida de la capilla de los dos pasos más imponentes, de grandes dimensiones y peso. La Crucifixión (Tomás de Sierra, siglo XVII) y El descendimiento (Francisco Diez de Tudanca, S. XVII) emergen de la capilla con una técnica de carga impoluta por parte de los cofrades.

Ese privilegio de portar a hombros los pasos y participar en la impresionante salida se traslada de generación en generación y se ultima minutos antes de la procesión, en un ritual de hermanamiento que pierde sus orígenes en el tiempo y donde entre aceitunas negras, abrazos y saludos se afianzan las últimas instrucciones.

Antes de tomar posiciones bajo el paso, de afrontar el honor convertido en reto de cargar con la historia y el patrimonio de la Semana Santa de Rioseco, un último abrazo, un último rezo. Fuera aguarda la gloria pero también la presión de tener sobre la espalda una responsabilidad que se aprecia en los nervios de los cientos de asistentes, que vibran con cada resoplido de los cargadores.

 

Con los dos pasos ya fuera y dispuestos para enfilar el recorrido, el turno llega para las tallas que aguardan su momento en la impresionante iglesia de Santa María. El Santo Cristo de los Afligidos (Escuela Castellana, S.XVI, María y San Juan, S.XX), Santo Cristo de la Paz (A. Mateo Enríquez, S. XVII), La Piedad (Talleres leoneses, S. XV), Santo Sepulcro (A. Pedro de Bolduque, finales S. XVI) y La Soledad (Dionisio Pastor, S. XX).

Las impolutas túnicas blancas recorren el corazón de Rioseco, serpentean por las calles ante las miles de personas que esperan el momento de ver pasar el desfile desde los soportales. El inconfundible ‘baile’ de los pasos se repite de nuevo en la rúa Mayor, para fascinación de los novatos contemplando la procesión y la emoción de los que aún sabiendo el resultado, siguen fascinándose por el proceso.

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