La mirada de las Angustias encuentra el sufrimiento de Cristo

Cientos de personas asisten en la plaza Santa Cruz al encuentro en la calle de la Amargura, uno de los momentos álgidos de la Semana Santa de Valladolid

Cristo camino del Calvario en primer término, al fondo, la Virgen de las Angustias.

Al filo del ocaso, parten separados hacia su destino los pasos de Cristo Camino del Calvario (Miguel Ángel González Jurado – José Antonio Saavedra García, 2009) y Nuestra Señora de las Angustias (Juan de Juni, posterior a 1561). Dos tallas cargadas de expresividad, de sentimiento y emoción, de tristeza y sufrimiento, que abordan los trayectos individuales hasta su encuentro.

La iglesia de San Andrés Apóstol es el punto de inicio para Cristo, portado a hombros y arropado por la Real Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo Despojado, Cristo Camino del Calvario y Nuestra Señora de la Amargura. Mientras tanto y con una sincronía marcada por la emoción compartida, se dirige al mismo punto la Virgen de las Angustias que sale, con su cofradía titular, de la iglesia a la que da nombre.

Aunque el momento álgido es el encuentro, cientos de personas han presenciado los dos recorridos hasta la plaza de Santa Cruz. Allí, con un paso frente al otro, ha tenido lugar una oración que ha precedido al emocionante instante en el que la madre y su hijo se aproximan.

Dos tallas distantes en el tiempo; una, el Cristo Camino del Calvario, una de las últimas en integrarse en la Semana Santa de Valladolid, la otra, la Virgen de las Angustias, es esencia histórica de la Pasión vallisoletana. Sin embargo, en este encuentro en la calle de la Amargura confluyen y se funden a la perfección en uno de los momentos álgidos.

Jesús ya dolorido, torturado, cargando con la Cruz, ante su madre que observa desolada e impotente el terrible devenir que aguarda a su hijo en las horas sucesivas. Tras la breve coincidencia, ambos han emprendido el camino de regreso a los templos de partida volviendo a separar sus pasos.

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