Rutas gastronómicas y taurinas: “El Cossío”, Mojados

Dos veces al año visitamos este templo del buen yantar, donde al entrar se nos llena la vista de Tauromaquia…y el olor a asado despierta los sentidos

FuenteSantos García Catalán
Fotografía: Natalia Calvo

Es obligado parar en este emblemático establecimiento, camino de Íscar o de Pedrajas, cuando vamos en busca del disfrute taurino. Y agosto es el mes cuando estas localidades celebran sus ferias y fiestas.

Añadiremos también la festividad de la Virgen del Rosario, patrona de Mojados, origen de nuestro personaje: Pedro de Frutos.

Perico, como cariñosamente le llamamos sus amigos, es de los tipos afables que existen en la vida. Serio, aparentemente, y formal como los tratantes antiguos, que con sólo la palabra quedaba sellado el trato. Y trabajador, que ha basado su fortuna, la humana y la económica, en currar duro desde jovencito.

Y, sobre todo, un aficionado apasionado de los toros. Aficionado de los cabales.

No hay temporada que no se vea una veintena de corridas, mínimo, y numerosos encierros camperos de los muchos que hay en la zona. Con su Jeep pickup (camioneta en español) se recorre los caminos y veredas por donde corren los astados y los caballistas.

Perico es tipo sensible en lo taurino y con buen gusto. Uno entiende que a quien le guste Curro o Paula tiene que ser afectivo, tierno y sensible. Saborea, además, el toreo antiguo basado en la “bragueta”, entiéndase valor con el toro – toro. Ese que, por ejemplo, echan en Las Ventas, en Pamplona o en Bilbao. Al pan, pan, dixit Perico.

Imagen: Natalia Calvo

Hasta donde llegará la sensibilidad y el buen gusto de nuestro amigo que, a su única hija, la bella Paula, la bautizó con ese nombre por uno de sus toreros favoritos: Rafael Soto Moreno, o lo que es lo mismo: Rafael de Paula. El diestro de Jerez de la Frontera que a tantos aficionados cautivó y a tantos desencantó.

Es lo que suele ocurrir con los toreros con aroma de leyenda. José Bergamín, un clásico de la literatura taurina, se inspiró en Rafael de Paula para escribir aquel tratado de armonía taurina: La música callada del toreo. Casi nada. Pero a Perico le caben muchos más toreros en la cabeza. Y toros. Casi siempre voluminosos y con cabezas muy serias.

Solo tienen que acercarse a este templo taurino y nada más entrar, a la izquierda detrás de la barra, verán dos cuadros de dos imponentes toros: uno cárdeno y bien armado de Victorino, y el otro un jabonero de Prieto de la Cal, ganadería onubense de origen vallisoletano.

Pero hay más. Y los hay en todas las salas del Asador Cossío. Por donde pases hay vestigios taurinos: ora un fundón (donde se guardan los estoques), ora un busto de un torero añejo, ora cabezas de toros que De frutos ha ido adquiriendo a lo largo del tiempo. Y enfrente de la barra un mural exclusivamente taurino. Sin olvidar el frontal de la primera sala (la barra) donde hay una sublime decoración eminentemente taurina.

Y en la sala “noble” Perico guarda sus “Cossíos”; doce tomos ya gastados y manoseados. La ilustre enciclopedia del vallisoletano (José María de Cossío) la tiene alojada el restaurador en un mueble, justo debajo de un imponente cartel de la feria de Sevilla. Y al otro lado de la chimenea dos toreros: José Tomás y Manzanares hijo.

A la entrada de la sala “noble” otras dos figuras del toreo: Roberto Domínguez y Joselito (Arroyo). Será por arte.

Imagen: Natalia Calvo

Y arte gastronómico que siempre se encuentra en el Cossío. A la feria de Iscar fuimos acompañados de nuestra amiga María José Guadilla (“fanguadi”) por su devoción incondicional al diestro granadino “El Fandi”. Y es que para gustos los colores…

Y con “fanguadi” llegó Alfredo Alcázar, su compañero sentimental. Ambos recogieron a nuestra gráfica taurina Natalia Calvo en su trabajo de Tudela (aprovechando que el Duero pasa por allí) y los cuatro compartimos las viandas que el personal del Cossío nos fue llevando.

A saber: torreznos de Soria, pulpo a la brasa, con una presentación de fantasía, y finalmente los clásicos pimientos rojos, asados en el horno de leña, acompañados de unas deliciosas anchoas. En fin…

Y de segundos, Natalia se apartó de la carne y pidió un bacalao con pisto. Nosotros tres le metimos mano a un entrecot con guarniciones varias. Bebidas diversas para todos, -uno sigue con el rosado con gaseosa, solo una copita-, (mi amigo y paisano Angosto me echará la bronca) y de postre unos deliciosos “piononos” de Bravo que a María le encantan.

A los cafés se unieron los artífices de este templo taurino y gastronómico: Rosa, Paula y Perico, continuando en agradable compañía con ellos hasta la hora de los toros. Antes, Natalia le hizo una sesión fotográfica a Paula junto a Alfredo, que también domina la fotografía. Es una buena costumbre que venimos haciendo -lo hacía siempre uno- desde que Paula iba en su cochecito de bebé.

Luego, nuestra gráfica fue recorriendo los rincones y salas del asador para capturar con su Canon todo lo que les hemos venido narrando. Delicioso almuerzo, lleno de amistad, torería y arte, aunque la corrida de Adolfo Martín no tuvo lo que a esta casa le sobra: casta de la buena y calidad.

Gracias familia por vuestra acogida.

FOTOGRAFÍAS: NATALIA CALVO

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