Íscar: Ana Rita triunfa con rotundidad en la última de feria

Leonardo Hernández, que pinchó una faena de dos orejas, y Martín Burgos de vacío ante una corrida descasta de Pablo Mayoral

FuenteSantos García Catalán
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Debut y triunfo sin paliativos de la rejoneadora portuguesa en el cierre de feria de Iscar tras cortar tres orejas a su lote. Al cárdeno tercero le hizo una faena llena de intensidad, con un toreo alegre y emocionante que llega con facilidad a los tendidos.

Sin alardes ni estridencias, toreando con una alegría inusitada y poniendo el corazón en cada lance, así consiguió Ana Rita el triunfo cortando el doble trofeo a su primero, un toro que fue aplaudido en el arrastre.

Otro trofeo consiguió con el que cerraba feria, un toro que se rajó enseguida, aunque tuvo pies de salida. La lusa tiró de raza y amor propio, a pesar de que ya tenía la puerta grande asegurada, lo que demuestra el coraje de esta rejoneadora.

Certera y reuniendo con las banderillas y eficaz con los aceros, aunque a veces su toreo es bullicioso, pero impacta entre el público que la aplaudió a rabiar durante su actuación.

Bien pudo acompañar a la rejoneadora Leonardo Hernández, quien instrumentó una faena importante al quinto toro de Mayoral que tuvo acometividad y duración. Leonardo estuvo certero en las reuniones con los palos, asumiendo riesgos para sus monturas a la hora de los quiebros.

Pero donde destacó con verdad y autoridad fue en la templanza que imprime a sus corceles llevando al toro al milímetro de la cola. Espectacular el manejo y la doma del caballero dinástico. Todo un rejoneo de muchos quilates, de mérito, de espectáculo.

Pero cuando parecía el triunfo seguro, al clavar arriba el rejón de muerte, el toro fue duro en ese tramo y Leonardo tuvo que utilizar la cruceta echando por tierra tan exquisita labor y recibiendo un aviso de palco. Lástima.

Silencio cosechó Leonardo con el que hizo segundo, un buey de carreta que huía de los caballos como alma que lleva el diablo, y que sin embargo acometía con franqueza a los capotes de los subalternos. Todo lo hizo él rematando de dos rejones.

Abrió festejo Martín Burgos quién pechó con un manso que fue de menos a más y al que le hizo una faena de corte elegante, variada y completa. Pero no estuvo certero ni con el rejón de muerte ni con la cruceta, y además el puntillero lo levantó. Silencio tras aviso.

En el cuarto, huidizo y cobardón, no hubo opción. Destacar un par a dos manos. Tras el primer intento con el rejón de muerte descordó al toro, sonando algún pito de desagrado en el tendido. Media plaza en tarde bochornosa. Los deliciosos pasodobles de la Asociación Musical Iscariense (AMI) sonaron de maravilla en ambos festejos.

GALERÍA DE FOTOGRAFÍAS: NATALIA CALVO

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