“Finca Ilusiones”: bueyes berrendos en libertad

Raquel Jiménez y Adolfo Arranz van sacando adelante un proyecto que arrancó en 2013

FuenteSantos García Catalán
La Finca Ilusiones (fotos: Natalia Calvo)

Subiendo la cuesta de La Parrilla, cuando la carretera se empina desde Tudela de Duero, a la izquierda sale un camino que conduce a un paraje lleno de vida a raíz de que Raquel Jiménez y Adolfo Arranz (Cholo para los amigos) decidieran adquirir una pequeña finca de secano para dedicarla a la pasión de ambos: la cría y disfrute de bueyes berrendos en colorado.

Volvíamos de Montemayor de la jornada de La Empalizada y, al ver los bueyes, decidimos tomar el camino para visitar a esta pareja tudelana.

A los pies del monte, en lo que fuera un antiguo barrero de donde se extraía barro para la elaboración de tejas y ladrillos, están adaptando el terreno para construir una placita de tientas para uso y disfrute del amo y de sus amigos: Cholo fue aficionado a los cortes, y ahora se pone delante de las becerras manejando las telas toreas con soltura.

Pero ahora, donde se siente más a gusto es en la cara y del ramal de sus ocho berrendos en colorado. Una raza autóctona de Salamanca en peligro de extinción, según nos comenta Cholo con desasosiego.

Ya relatamos en otros episodios que Raquel y Adolfo se hicieron con estos enormes y bellos animales en la finca Monte Bayón en 2013. Y ahí siguen con toda la ilusión del mundo criando a sus berrendos en colorado.

Ya tienen construidos los chiqueros, el embarque, el almacén de los piensos, un pozo con agua abundante, luz y un pequeño habitáculo para recibir a los amigos y a las visitas. Y arriba un proyecto de residencia de unos 150 metros con la techumbre concluida, desde donde se divisa el Duero a su paso por Tudela.

“Pero eso más despacio, -nos dice la pareja- falta aún para terminar la obra porque nos hemos gastado mucho dinero”. “La idea es organizar capeas y tentaderos ofreciendo meriendas y otros servicios a peñas y aficionados, porque tenemos concedido uso hostelero, pero sin prisa”.

Hasta el momento la pareja va sacando provecho de sus bueyes porque varias empresas los llaman para que sus berrendos pongan orden en los corrales y en las plazas de toros. Alcazarén, Zaratán, La Flecha, La Cistérniga, Pedrajas, Laguna y Tudela, etc. son localidades habituales donde los bueyes del Cholo imperan exhibiendo sus dotes y su fuerza.

De nombres históricos en Tudela como Aldeano y Buenosdias, más Trapecista, Buenastardes, San Juan, Cascarón, Manuela y Barrero, pastan y sestean en el amplio prado mirando con curiosidad a los recién llegados, cámara en ristre, mientras que el pequeño Barrero -con ocho meses de edad- lanza berridos desde un chiquero cuando oye jaleo a su alrededor.

Para que Natalia capte los mejores momentos con la Canon, Cholo comienza a llamar a sus bueyes mediante silbidos y un juego de palabras que los animales entienden a la perfección.

Su amigo Saúl le ayuda llevando delante de ellos una carretilla de maíz fresco que los mansos comienzan a comer hasta que desembocan en los provisionales corrales que luego, cuando haya aumentado la hucha, será la placita de tientas. Raquel y Cholo, junto a sus amigos Vicky y Saúl posan para la cámara de Natalia. Incluso nuestra gráfica se atrevió a coger del ramal a uno de los enormes bueyes como buena salmantina y aficionada.

Ya hemos acordado girar otra visita este verano para llevar a mis nietas: Lola y Olivia. Seguro que, entre los gatitos, los perros alanos y los bueyes, las niñas disfrutarán de lo lindo. Y merienda nos prometió la pareja.

Gracias Cholo, Raquel. Enhorabuena.

FOTOS: NATALIA CALVO

No hay comentarios

Dejar respuesta