De excursión campera y taurina con la Empalizada de Montemayor

Unos setenta asociados disfrutaron en dos ganaderías de la sierra norte madrileña

FuenteSantos G. Catalán

Hemos repetido en numerosas ocasiones que nos encontramos muy a gusto con las buenas gentes de La Empalizada. Y cuando nos invitan a alguna de sus excursiones taurinas y camperas aceptamos de buen grado, aunque nos cueste el madrugón. A las 6 de la mañana, aún de noche cerrada, sonaban dos despertadores…

Y estrenamos nueva compañía de autobuses (Olid Bus Travel) con Julio César al volante quién, sin ser aficionado al toro, mostró buenas condiciones para escuchar. Al menos impartimos doctrina taurina, que en estos tiempos es como un milagro…

Tras recogerme Fernando Ortega -primo de Raúl Redondo, referente de La Empalizada- junto a sus dos hijos, partimos desde la Feria de Muestras rumbo hacia Montemayor con parada en la Circular donde subieron al flamante bús media docena de socios. La otra parada fue en Montemayor para recoger al resto de los excursionistas y partir para la sierra madrileña.

En el camino parada en Cerezo de Abajo para el café y hacia las once de la soleada mañana nos encontrábamos en la primera de las ganaderías a visitar, con almuerzo incluido. Se trata de la de José González, en Cabanillas de la Sierra, donde nos esperaban el propio ganadero y su hijo Jesús, que es realmente quien lleva las riendas de la ganadería.

Tras el piscolabis nos trasladamos a los distintos cuarteles donde pastan las vacas madres en número de 80, aún en paridera por ajustes temporales. Predomina el colorado a través de un semental de jandilla que adquirieron cuando eliminaron lo primitivo de santacoloma, aunque hay mucha variedad en el pelaje. El encaste actual es núñez-domecq.

Gente sencilla y trabajadora que llevados por la afición formaron la divisa en 1982 a través del patriarca y ahora es el hijo, Jesús, quién tiene bien inculcada la afición del padre. Son camadas cortas que lidian en novilladas sin caballos y clases de escuelas taurinas.

Pero el grueso del negocio lo basan en comprar camadas enteras de becerros que crían y engordan con mimo hasta utreros para los encierros populares de los pueblos de la zona, e incluso en zonas valencianas donde pagan cantidades importantes. Unos 170 animales pasan anualmente por las manos de estos ganaderos serranos llenando las fincas “Prado Parra” y “El Sacedón”.

Y desde allí, a una media hora de camino, nos trasladamos hacia la finca “Cerro Longo”, (entre Guadalix y Colmenar) donde pasta la vacada de una ganadería con casi setenta años de historia como es la de Herederas de Julián Sanz.

En la actualidad la titularidad la ostenta doña Carmen Sanz, que aún mantiene el vigor y el coraje de ganadera veterana ayudando a su hijo Julián en las tareas de la casa, sobre todo en eventos y visitas donde han creado un negocio paralelo a la ganadería.

Julián es una auténtica máquina. Un tipo joven, fuerte, dinámico, con afición, devoción ganadera y emprendedor nato. Con él visitamos los distintos cercados y nos fue explicando los detalles de las camadas, las 125 vacas de procedencia núñez-contreras y los machos de saca que suelen vender para las calles, al margen de lo que cada temporada lidian en festejos menores.

Sorprendidos nos quedamos todos los excursionistas cuando en un abrir y cerrar de ojos Julián se metió en los chiqueros, entre los animales  provocándolos, cara a cara, para ir separando a las becerras que posteriormente serían tentadas. Sin duda todo un prodigio de valor y dominio de la situación, no exenta de peligro.

Dos vacas coloradas se tentaron en la bien preparada placita de tientas a cargo del matador de toros madrileño Javier Cortés que, dotado de una buena técnica, mostró sus cualidades ante dos animales bien distintos. Con la última erala se pegó un arrimón de verdad. Quizás pensando en lo que puede hacer en Las Ventas ante los dos importantes compromisos que tiene contraídos en San Isidro con toros de La Quinta y Pedraza de Yeltes. Palabras mayores.

La asociación llevó de invitado al novillero medinense Borja Serrano que hizo “tapia” como suele decirse en el argot. O sea que tuvo que esperar a que Cortés exprimiera a “sus vacas” para luego salir muleta en mano y terminar de sacarles lo que pudieran ofrecer. No se amilanó el espigado novillero y dio la cara ante las eralas con la consiguiente alegría para los paisanos de La Empalizada. Las jerarquías en el toreo se ejecutan de principio a fin…

Antes habíamos comido una carne brava con patatas para los adultos y macarrones con carne para los más pequeños, además de una ensalada al centro. Abundó el vino y la cerveza bien fría. Tras la deliciosa tarta de hojaldre llegaron los cafés y chupitos y la ya citada tienta que se prolongó con la suelta de una becerra para los más osados.

Y no debemos olvidar los detalles que la directiva de La Empalizada tiene siempre con los ganaderos que ofrecen su casa. Son productos variados de Montemayor donde no falta el buen vino ribereño. En esta ocasión los obsequios fueron entregados por Gema, la viuda de Roberto Olmedo “Fisi” y su pequeño Gonzalo. Un homenaje sin palabras a un hombre bueno, un personaje tristemente desaparecido que tan involucrado estaba con la asociación.

En definitiva un día campero y taurino vivido con intensidad, emoción y afición junto a estas buenas gentes de La Empalizada. Hay que repetir.

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