Jornada campera con la peña Afición Vallisoletana

Pepe Mayoral recibió a los peñistas en la finca “Carmona”

La Peña Afición Vallisoletana.

Hacía tiempo que no visitábamos “Carmona”, el feudo de los Mayoral desde hace más de cuarenta años cuando el padre de la saga, José Luis Mayoral (82 primaveras), se hizo con el arrendamiento de esta finca ganadera de 350 hectáreas perteneciente al consistorio de Castronuño. Y ahí siguen Pepe y Juan Carlos, los dos hermanos codo con codo, criando bravura santacolomeña. Y ganado de carne.

Otra finca de labor y ganadera (“La Manga”) mantienen en su tierra natal, La Bóveda de Toro, donde crían espléndidos “limousines” y laboran el campo sembrando cereal que luego servirá de alimento para animales de carne y lidia. Lo cierto es que son una familia amiga desde hace muchos años y siempre tienen las puertas abiertas para nosotros. Gracias, Pepe.

Pero a lo que vamos. Y es que algunos miembros de la peña “Afición Vallisoletana”, con mi amigo Castellanos planificando viajes y excursiones, visitaron “Carmona” en un día de auténtica primavera. Y en la finca fueron atendidos por Pepe Mayoral y su hijo Adrián (quién cambió los trebejos de portero en el Zamora C.F. por la carrera de Económicas y, además, es tan buen campero como su padre).

Tras el almuerzo de rigor por parte de los peñistas visitamos los distintos cercados donde pastan los animales: bueyes berrendos en colorado, añojos y erales de un colorado encendido para encierros y calles (ajenos al hierro de la JM), y por fin las vacas santacolomeñas vía Dionisio Rodríguez que, curiosamente, no sacan el pelaje cárdeno o entrepelado de su estirpe sino negras en sus diversas variantes. Pero bravas que se arrancan en el campo sin muleta…

Es tiempo de paridera y entre los pastos van apareciendo los becerritos, algunos echados y durmiendo esperando a la madre. Yo acompañaba al ganadero en un todo terreno para ir grabando y haciendo fotos, delante del remolque con los invitados, y de pronto Pepe Mayoral ve a un becerrito recién parido y frena en seco. Se baja de inmediato, agarra al animal, se lo acurruca entre las piernas y el volante y lo acerca hasta el remolque para que los visitantes puedan observar la faena campera de ponerle el crotal en las orejas.

Todo hay que hacerlo de forma rápida y sin la madre delante. Te cosería a cornadas si te ve tocar a su becerrito¡¡. Por eso el ganadero aprovechó la ausencia de la vaca madre, que fue a saciar su sed, mientras que su vástago recién nacido dormitaba en los lechos naturales del suelo. La Naturaleza es sabia.

Pero sabios son también los ganaderos, mayorales y gente que cuida del toro desde que nace hasta que muere en la plaza, o si es indultado lo cuidan con auténtico mimo en la dehesa. Precisamente recordamos con Mayoral a “Jacarero”, un eral indultado por David Luguillano en Siete Iglesias de Trabancos.

Fue extraordinario y en las manos de David brilló mucho más. Y recordamos a “Jacarero” porque con las vacas de vientre habita un hijo de aquel indultado que según nos comentaba Pepe murió el pasado año de viejo.

“Este año -nos comentaba el ganadero- no han bajado los lobos, menos mal. Porque llevamos una racha de estos años pasados donde nos desaparecieron un montón de becerros comidos por una manada que nos visitaba con frecuencia”.

Tras visitar el cercado de los añojos recién herrados nos acercamos hasta la placita de tientas de la finca y allí esperaban Borja Serrano y David Picón, novillero sin caballos y subalterno de Medina del Campo. El ganadero de “Carmona” había preparado dos becerras para que el espigado medinense se luciera ante los excursionistas de la Peña Afición.

Y vaya si se lució. Por ambos pitones les instrumentó derechazos y naturales cuidando, eso sí, de rematar por arriba para que los bravos animales no doblaran. Aún con el pelo de invierno, y recién destetadas, las vaquillas carecen de fuerzas hasta que se repongan con los pastos y piensos a lo largo de la primavera. En fin.

Tras despedirnos de los amigos de la peña, de la familia Mayoral y del novillero y subalterno, a quienes entrevistamos para Grana y Oro, reportaje que saldrá el próximo fin de semana, nos acercamos hasta una finca cercana a Tordesillas donde entrena habitualmente el rejoneador cántabro Álvaro Gutiérrez.

Allí nos esperaba nuestra gráfica Natalia Calvo junto a su esposo, Alberto y Evelyn, la niña de la casa. Natalia trabajó por la mañana y no pudo acompañarnos hasta “Carmona”. A ella y a su familia le encantan los caballos y con ellos rematamos un día campero y torero donde disfrutamos y recobramos fuerzas de cara a un año taurino que se presenta interesante.

“Me agrada sobre todo aquel pedazo de tierra donde una pequeña hacienda baste para hacerme feliz, y donde sean abundantes los bienes menudos.” (Marcial)

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