Toñete y tres novillos salvan la tarde en Cuéllar

Tarde aciaga con dos novillos a los corrales y nueve avisos

FuenteSantos García Catalán
Cuéllar. Fotografía: Natalia Calvo

Cuando sale la casta y los novillos piden el carné de toreros la cosa se pone seria. Y eso ocurrió en la tarde de ayer en Cuéllar cuando los encastados utreros de la ganadería portuguesa de Condessa de Sobral salieron de chiqueros con ganas de embestir.

Bien presentados, lustrosos de carnes, algunos con más trapío que otros y todos con interés. Destacó sobremanera el quinto por su dulce embestida y por su durabilidad, lástima que en última instancia se fuera a tablas.

Toñete, que abría cartel y ya está anunciado en la feria de Nimes para su alternativa, cortó una oreja honrosa al que hizo cuarto; un hermoso utrero que más parecía toro por hechuras y seriedad, pero que tuvo sus complicaciones. El navarro rayó a buena altura, sin hacer una faena compacta, pero con conocimientos de lidiador.

Lo mejor la estocada tirándose arriba y saliendo prendido del chaleco que lo destrozó.

Con el que abrió plaza, un utrero hondo y cuajado, que tuvo movilidad y buen son, estuvo cumplidor con pasajes interesantes con la zurda. Pero la espada le jugó una mala pasada. Su labor fue silenciada. Destacar el capote magistral de Gómez Escorial. Una balsa de aceite en el mar revuelto en que se había convertido la tarde.

Darío Domínguez estaba anunciado en segundo lugar, pero un error en corrales cambió el orden de lidia y en su lugar salió El Adoureño que estuvo como la chata y rematado todo con una lidia desastrosa. El burraco, que más parecía un toro con toda la barba, mermó los deseos del galo que no se confió con él. Y además se puso duro de muerte sonando los tres avisos y el novillo al corral.

El que hizo quinto, un tacazo de novillo, fue un volcán embistiendo, bajito, con el morro por los suelos y durando una eternidad. En el caballo cumplió con dos varas largas y en el tercio de rehiletes mostró sus cualidades.

Visto lo visto el francés no se lo pensó dos veces y se puso en novillero para recibirlo en los medios provocándolo con péndulos ceñidísimos.

Prosiguió, ya con el público encandilado, y le endilgó varias series hasta que, confiado, se lo echó a los lomos dos veces y casi se desnuca por la forma en que cayó.

Mermado prosiguió El Adoureño la faena pero ya no fue lo mismo. El novillo hizo asomo de rajarse, quizás acusando el encierro de la mañana, y con la espada estuvo desacertado. Dio una vuelta al ruedo. Y el utrero recibió una sonora ovación.

Darío Domínguez, sin duda, no tuvo su tarde. Aunque va viendo la cara de los utreros, el lote de Cuéllar sobrepasó los límites para un chico que empieza y carece del bagaje que tienen sus dos compañeros de cartel que, repetimos, ambos tomarán la alternativa en el plazo de quince días en Nimes.

Al primero de su lote, un novillo bastote, deslucido, manso de carreta que sembró el pánico en el tercio de banderillas, no pudo sacarle pase alguno. El buey se refugió en tablas y el vallisoletano optó por abreviar. Pero de nuevo la espada fue su talón de Aquiles y el novillo volvió vivo a los corrales tras sonar los tres avisos. Triste, pero que estas cosas ocurren a los que se ponen delante, incluso a matadores consagrados.

El sexto fue un novillo grande, con morrillo, con culata, con pecho y un poco altiricón que diría Antoñete. Con trapío, vaya. Y metió la cara desde los inicios capoteros aunque Domínguez no pudo lucirse, pero sí se vio las condiciones del animal. En el caballo tuvo acometividad y empujó con fuerza en las dos soberbias varas que le propinó un Rafa Agudo que atraviesa momentos de inspiración. También los picadores se inspiran y causan alegrías a los aficionados.

Tras un tercio de banderillas normalizado, el novillo quedó listo para la muleta donde ofreció una nobleza franciscana permitiendo  a Darío confiarse con él sacándole varias series que gustaron al público cuellarano. Nos quedamos con una serie con la zurda que tuvo clase. Pero otra vez la espada…. Y además con un fuerte golpe en el pecho y un hematoma en el gemelo, que más pareció una cornada envainada.

Qué sufrimiento el de este chico con algo tan esencial en el toreo como es la suerte suprema. Dos avisos más sellaron una mala tarde del novillero nacido en Iscar que recibió una cariñosa ovación. Y otra ovación sonó para el noble novillo. Un tercio de entrada en el coso de la Avenida de los Toreros.

Ya, de noche cerrada, partimos hacia Pucela y nos interesamos por su estado a través de su padre. Darío Domínguez fue llevado al hospital en Valladolid para una revisión del gemelo que mostraba un fuerte hematoma.

Les ofrecemos una amplia galería de fotos, obra de nuestra colaboradora Natalia Calvo.

 

 

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