Si escuece, cura

Es un silogismo casi implacable, que nos retrotrae a esa patria que es la infancia. “Si escuece es que está curando”, y no había herida ni rasguño que se resistiera a ese implacable tratamiento.

La temporada del Real Valladolid no ha estado exenta de ‘pupas’; unas autoinflingidas, otras muchas provocadas por los roces y golpes con el exterior. La falta de presupuesto para una plantilla más larga, con más jugadores contrastados, que permitiera suplir la colosal baja de Jaime Mata, era el principal traspiés inicial.

La llegada de Ronaldo y la sonrisa con aquellas cuatro victorias seguidas antes del frío invierno parecían hacer olvidar los dolores. Las lesiones y un mercado invernal que llegó menos cargado de lo necesario acrecentaron un descenso de la alegría y una bajada demasiado pronunciada en la clasificación.

Pero la herida más abierta esta temporada no estaba sobre el césped. El VAR, el sistema de videoarbitraje, que ha llegado para quedarse, ha traído por la calle de la amargura a jugadores y aficionados, al entrenador y hasta, llegado el momento, al lustroso propietario del club. Cuando no era un gol anulado era un penalti señalado en contra, un fuera de juego que destrozaba ilusiones u otro gol anulado.

Rienda suelta para teorías de la conspiración, protestas masivas y cánticos cargados de originalidad y sarcasmo en Zorrilla. Una temporada convertida en un rasguño, en una herida que sangraba, en un dolor agudo. Pero escocía, y mucho, así que tenía que estar curando.

El partido en Vallecas fue la tirita definitiva, el culmen del tratamiento, el alta médica y el silogismo redondeado. Roja y penalti a favor del Girona, con empate a uno en los dos partidos que marcaban el devenir de la temporada. El VAR intervino y la decisión se volteó, ni roja, ni penalti, ni empate a uno al final de ningún partido. Hasta esa herida ha sanado en un final de temporada de cuento rebelde.

No hay comentarios