Me quito el sombrero

#EnClaveBlanquivioleta

No he llevado puesto nunca un sombrero, Hulio, como diría aquel, pero soy muy de utilizar la frase ‘¡Me quito el sombrero!’ y lo hago con asiduidad desde que Sergio González comenzó a tripular la nave blanquivioleta allá por el mes de abril del año pasado que acabó con ese ascenso para enmarcar.

Ayer, una vez más, y en el choque de los pucelanos en Mendizorroza, me volví a quitar el sombrero con la actuación de los blanquivioletas que consiguieron sacar un punto de santuario vitoriano, que sabe a poco por cómo se desarrolló el partido. Siendo justos y valorando el cómputo global de los más de 90 minutos de juego, el Pucela mereció más, un partido más.

Los primeros 30 minutos del choque fueron un despropósito, eso sí. El conjunto que preside Ronaldo se buscó hacer el harakiri aunque no consiguió que su espada llegara a perforar un órgano vital por lo que pudo seguir respirando, y vaya si lo hizo.

Primero fue Yoel el que se empeñó en ponerle las cosas difíciles a su equipo. Quitó el puesto a Masip para hacerse fuerte por alto y la lió por bajo en una jugada difícil de calificar. Luego fue Borja, el que con una falta infantil puso en bandeja el 2-0 a un Jonny recordado por todos por su pasado sportinguista.

Yoel y Borja, Borja y Yoel, dos tíos curtidos y con experiencia en situaciones de alto riesgo que dejaban al Real Valladolid con medio pie en la categoría de plata. Sin embargo las lesiones también se iban a apuntar a la fiesta e iban a golpear a Keko y al propio Borja que abandonaban el césped de Mendizorroza doloridos.

A partir de ahí, y ante la adversidad, como viene haciendo en las últimas fechas, el equipo se creció y se fue arriba, con poco que perder. Primero Joaquín y ya en la segunda parte Enes Ünal de penalti iban a establecer la igualada.

Para la polémica la pena máxima birlada, otra más, al Pucela por una clara entrada de Rolan sobre Sergi Guardiola que no fue ni revisada y que apenas protestaron los jugadores blanquivioletas en una acción para haberse comido literalmente al colegido.

La fe mueve montañas y los visitantes se marcharon al ataque en busca de una victoria que nunca llego pero que, de nuevo, mereció el conjunto de Sergio. Fue el auténtico protagonista, poniendo lo malo y lo bueno. Ojalá lo primero desaparezca y el fútbol tenga guardado un final bonito para el Real Valladolid en una temporada que está siendo francamente cruel por méritos y resultados si comparamos en la balanza.

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