Una “VARbaridad”

En Clave Blanquivioleta.

FuenteAlvar Salvador

Soy defensor a ultranza del VAR. Ese sistema de videoarbitraje que se ha puesto en vigor este año en nuestro fútbol y que lejos de acabar con el debate de las jugadas polémicas, de las que hay muchas en cada partido, está ayudando para avivarlo aún más como se pudo apreciar en el choque de ayer, en Zorrilla, y en ese Real Valladolid 2-3 Atlético de Madrid.

Volvamos al minuto 44 de la primera parte. Griezmann tiene una bola en la frontal del área y decide chutar hacia la portería defendida por Masip. En su trayectoria, el balón choca contra la mano despegada de Kiko Olivas en un penalti clarísimo que Undiano Mallenco, a escasos metros de la jugada, no señala.

El siete del Atlético de Madrid protesta y pide que se sancione esa mano pero, sorprendentemente, es solo él el que pide la pena máxima sin ser apoyado por ningún compañero de su equipo más, para extrañeza de todos, más cuando vemos repetido el clamoroso penalti por la televisión.

La jugada sigue hasta que al colegiado del Comité Navarro le pegan el chivatazo a la oreja desde arriba, sí, desde el VAR. “Undiano, mira a ver que algo hay en esa jugada”, podrían haberle dicho. Lo cierto es que el colegiado se dirigió hacia la pantallita para ver la clara mano y señalar un penalti claro y que de no haber sido pitado habría perjudicado al Atlético de Madrid.

Ese fue el 0-2. Pero después de una reacción espectacular del Pucela, que llegó a empatar el encuentro a dos tantos, llegó el gol de Griezmann que daría a la postre los tres puntos a su equipo y la jugada polémica del encuentro y por la que se ha quejado afición, cuerpo técnico y jugadores del Real Valladolid.

Se había llegado ya al minuto 80 del encuentro cuando Nacho se internó por la banda e intentó enviar un servicio que chocó con el brazo de Arias, que hace un gesto antinatural a posteriori sabedor de que algo ilegal había hecho, ante las protestas de un Nacho que pidió el penalti con fuerza.

Tras la jugada, más dudosa que la de Kiko Olivas, mucho más, Undiano Mallenco ni se inmutó y no se molestó si quiera en ver la jugada repetida ante la pantallita para acabar saliendo de dudas. Esta es la actitud que molestó a la afición y que Borja Fernández condenó en sala de prensa tras el choque.

El doble rasero a la hora de medir y de contrastar hace pensar que el VAR no es igual para todos, como debería. La vieja historia del equipo pequeñito, luchador durante todo el partido y que se iba a quedar sin nada se repetía ante el gigante Atlético de Madrid. El viejo cuento del pobre contra el rico, con VAR y sin VAR. Más que VAR, ‘VARbaridad’.

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