El autobús

El Clave blanquivioleta.

Charlaba a eso de las 19:00 horas, y cuando el partido había terminado en el Bernabéu, con un compañero de profesión y amigo sobre el partido. De fuera de Valladolid, esta persona se refería al Pucela como el autobús, el que había plantado el equipo de Sergio en el santuario blanco, según sus palabras. Ante tal afirmación mi cabeza se volvió loca, como quién dice, y me pregunté si mis ojos habían visto el mismo partido que el que mi colega había presenciado.

El alma se me caía directamente al suelo cuando comparaba a Sergio González, el ‘Mesías’ de este Real Valladolid, con Mourinho, Simeone y sus equipos, por planteamiento futbolístico rácano y por querer hacer del mal la bonanza propia a base de otro fútbol y del  control visual del partido en lugar de llevar el tempo de los choques con el mismo.

Comparar al Manchester United de Mourinho o al Atlético de Madrid de Simeone, por muchos títulos que puedan ganar allá por el mes de mayo, con el Real Valladolid me parece en este de noviembre, una soberana falacia. Por qué se preguntarán, simplemente porque estos dos no saben ni a qué juegan mientras que el cuadro vallisoletano lo conoce a las mil maravillas.

En la tarde del sábado, Sergio González lo volvió a demostrar. Como buen estratega y con el mismo once que el que presentó en el Benito Villamarín se clavó en feudo blanco con la premisa, primero, de jugar con la paciencia del rival y segundo, de demostrar al mundo del fútbol, a lo largo y ancho de todo el globo terráqueo, quién es este Real Valladolid. Y vaya si lo hizo.

El Pucela no es que no mereciera perder el partido de ayer ante el Real Madrid. Es que, sencillamente, mereció ganarlo. Atrás volvió a ser el muro fiable que viene demostrando a lo largo de lo que llevamos de temporada y delante, la movilidad y la rapidez fue la tónica. Lástima que Ünal no sé con la tecla para congeniar a la perfección con el equipo lo que hace que me vuelva a acordar del gran Jaime Mata.

Toni se consagró en el Bernabéu. Y lo hizo con buen juego, toque,  y con una ocasión que pudo decantar la balanza de lado pucelano. Lo del 19 ya no es una casualidad y merece la pena disfrutar mucho de él porque no tardando vendrá un grande con el cheque para llevarse  a un jugador que lo tiene todo para ser muy grande.

Individualidades a un lado no nos olvidemos de la seña de identidad de este equipo, lo coral. Lo que ayer, de no ser por un centro de Vinicius que acabó rebotando en Kiko Olivas, podía haber triunfado en Chamartín.

Derrota, sí, pero buen fútbol en blanco y violeta, un día más, con sus señas de identidad sobre el pasto. El Pucela cayó derrotado pero no vencido. De autobús, nada.

Vinicius desmonta el sueño de un Real Valladolid colosal

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