Dos metros y un par de detalles

FuenteIsaac Barrientos
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Casi siempre la vida son las palabras adecuadas en el instante ajustado. En el fútbol, esa precisión se resume en dos metros y un par de detalles. Ahí se concentra todo, en lo pequeño, lo mínimo convertido en un abismo.

Ese acantilado que hay entre llegar a tiempo y tocar lo justo o llegar tarde y zamparte una tarjeta amarilla (al menos), entre que un centro templado, con mimo y sutileza, culmine en un remate soberbio o en un golpeo a bulto; entre disparar como viene o lograr que el empeine acaricie el balón.

Está la suerte también, claro, faltaría más. Es el pozo de los lamentos en la derrota. La barra del bar en la que hincar el codo y resignarse ante el divorcio con el gol. En eso lleva razón Sergio González, fortuna no está teniendo el Valladolid en el comienzo de la temporada.

El primer día porque es la toma de contacto, nos vale que la imagen es buena y, encima, fuera de casa. Empate y a seguir. El segundo, contra el Barcelona, la predisposición es que lo importante es dar la cara, competir, casi el orgullo de evitar que te ocurra lo del Huesca (8-2). Derrota, por la mínima y con un gol anulado. Rabia, pero ni tan mal. En el tercero se apuran las prisas, llega aquello de “un rival de nuestra liga”, pero otra vez fuera y de nuevo empatas. Sin encajar goles, la nueva felicidad del fútbol.

Con el Alavés el margen ya se había estrechado hasta la extenuación, no sólo para ganar sino para el primer paso hacia la victoria, marcar un gol. Uno aunque sea pensaban miles de aficionados en Zorrilla. Plano aporta su clase, entrega y dedicación en el esfuerzo, por delante de él Ünal, recién llegado, todo planta de atleta completo. Pero la actitud de aquella manera, agradecía a sus compañeros una y otra vez que le buscaran incansablemente en pases largos y centros al área, pero sin pescar ninguno.

Me quedo con Toni Villa, puro desparpajo, insistencia incansable, amor por el regate en riesgo de extinción, de cara, sin esconder el balón. Desbordando una y otra vez y enviando balones al área. Pero nada, sin fortuna en las cruzadas en solitario buscando acercarse a Pacheco.

Y ahora, ¿qué? Ronaldo ya está en el palco, encandilando al que se cruza con él, regalando ‘selfies’, recibiendo la ovación cuando el videomarcador muestra su imagen. Pero ya no juega, así que hay que enfocar la mirada hacia otro en busca del éxtasis del gol.

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