Anhelo del éxtasis

Decía el eterno maestro y escritor uruguayo Eduardo Galeano que el gol, “aunque sea un golcito, resulta siempre gooooooooool”. Es el éxtasis, el delirio, el objetivo último y final del juego del fútbol.

No ha empezado el Real Valladolid suelto en esta faceta en su regreso a Primera División (0-0; 0-1 y 0-0). Aficionados y analistas se aventuran a ensalzar la solidez defensiva, la seriedad de la zaga, la contundencia en frenar al rival. Sólo un gol encajado en tres partidos, cierto y meritorio; más aún si por el entonces maltrecho césped de Zorrilla pasó nada y más y nada menos que el FC Barcelona.

Pero cero goles en tres partidos es un registro que se aproxima a lo inquietante, que convierte en anhelo un éxtasis que bien se quisiera como habitual. Un 0-0 para Galeano era “dos bocas abiertas, dos bostezos”. El mago de las palabras decía que colgaba en la puerta de su casa “Cerrado por fútbol” ante Mundiales y grandes partidos, todo por el deseo de festejar goles, de ver a la multitud delirar “y al estadio olvidarse de que es de cemento, desprenderse de la tierra y e irse al aire”.

Un instante así anda aún esperando el José Zorrilla. Qué mejor momento que este domingo ante el Alavés, para quitarse la presión, para frenar el contador de minutos que cae como una losa sobre la espalda de los delanteros.

Qué buena ocasión el domingo para que Jaime Mata vuelva a ser sólo un bonito recuerdo y su anhelo de paso al aplauso hacia aquellos que ahora pelean de blanquivioleta por “el entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red”.

“El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna”. Atinado y certero lo sentenciaba Galeano.

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