La fiesta del cine español

He de confesar, con la verdad por delante, que hasta el año pasado no era ni mucho menos un fiel defensor del cine español, entre otras cosas por el desconocimiento (como suele pasar en el 90% de las ocasiones) que del mismo tenía en esa necesidad que como otros muchos, tenía de devorar películas norteamericanas basadas en los efectos especiales y en una escasa trama argumentativa.

Sin embargo, el pasado año, tres fueron las películas que llegaron a mis ojos y que consiguieron cambiar mi visión del cine español para el resto de mis días, como se suele decir.

La primera fue ‘Julieta’, de Almodóvar. No es que sea muy fan del director malagueño que, recordémoslo, cuenta en sus vitrinas con dos Oscar, pero este film que cuenta con el papel estelar de Emma Suárez y de Adriana Ugarte invita a pensar y mucho y a valorar más aún uno de los aspectos que más se echan de menos en la sociedad de hoy en día como es la empatía.

La segunda es ‘Que Dios nos perdone’. Un thriller policiaco de Rodrigo Sorogoyen que le sirvió a Roberto Álamo para alzarse, en los pasados Goya, con el premio al mejor actor por una actuación simplemente espectacular, aderezada por el trabajo de otro de esos actores que están en el top 10 de nuestro país como es Antonio de la Torre.

La última es ‘Tarde para la ira’, premiada con el Goya a mejor película en 2017 y con Antonio de la Torre como protagonista, Raúl Arévalo logra enganchar al espectador en apenas 89 minutos con una trama desgarradora, demostrando que una película que no dura dos horas o más, la moda ahora, también puede ser de quilates y premiada.

Y todo esto para hablar de la Gala de los Goya de este sábado que contó con la ausencia como presentador de un Dani Rovira al que se echó de menos con los palos que les cayeron a Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes por protagonizar, con su dirección, una gala sin ritmo y con un humor peculiar que fue duramente criticado a posteriori.

La 32 edición de la gala de los Goya estuvo protagonizada por las reivindicaciones feministas y también por las diez estatuillas que consiguió Handia pese a que no logró el premio a la mejor película que fue a parar a La Librería de Isabel Coixet, que también se llevó el premio a la mejor directora.

El cine español, tan maltratado a lo largo de los últimos años y en coma por el escaso valor que el Gobierno ha dado a la cultura de este país, está consiguiendo sacar poco a poco la cabeza y gana cada vez más en calidad con películas y actores que poco o nada tienen que envidiar a los de fuera.

Valoremos los esfuerzos de muchos, que de su propio bolsillo, y de forma altruista, apuestan por nuestro cine. Primemos y demos al César lo que es del César. Disfrutemos y ensalcemos el cine español, ese cine que sobrevive a pesar de tantas y tantas adversidades.

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