ANÁLISIS | La carta del soterramiento estaba marcada

Análisis de las elecciones en Valladolid, crecimiento del PSOE, bajada del PP, entrada de la ultraderecha, los que están y los que estuvieron

FuenteIsaac Barrientos

En la noche electoral las cartas están boca arriba, ya no quedan ases en la manga, ya no hay combinación mágica posible ni se puede pedir descartar las que están en la mano y recibir otras nuevas. Durante la campaña hay quien es partidario de mostrar toda su jugada al descubierto, de detallar al máximo propuestas e ideas; mientras otros apuestan por la estrategia de lanzar un órdago con una línea roja que no trasparán o diluir su postura y esperar que sean otros los que fallen antes.

En la partida que se ha jugado en Valladolid este domingo, el soterramiento ha vuelto a ser una baza determinante; para lo bueno o para lo malo, es una carta que lleva décadas sobre el tapete. Pero es una carta que ya está marcada, que no genera sorpresa, más bien al contrario, que no atrae lo suficiente y que ha perdido, tras años de espera, la expectativa que despertaban los diseños futuristas que se generarían en los espacios creados tras meter la vía bajo tierra.

Lejos queda ya aquél rutilante Plan Rogers, que derivó en años de aplazamientos y un boquete de 400 millones de euros para la Sociedad Valladolid Alta Velocidad. Por muy Valladolid que se llame la Sociedad y por mucho que sea en la ciudad donde se desarrolla el proyecto de integración ferroviaria, quién ha repartido las cartas en esta partida siempre ha sido el tándem del Ministerio de Fomento (Adif y Renfe, 50% de la sociedad). Hasta que Adif, con Juan Bravo entonces a la cabeza, enterró no la vía sino el propio Plan Rogers y cualquier esperanza cortoplacista de un soterramiento palmario.

Tras meses y años de negociación y tensión en el seno de la citada sociedad, el presente de la integración derivó en la integración ferroviaria. Un compendio de túneles, plazas deprimidas bajo la vía y pasarelas combinado con la actuación intensa en los márgenes de la vía para que el paso del tren de alta velocidad estorbara lo menos posible a los vecinos. PSOE y Toma la Palabra (TLP), el gobierno municipal de coalición, pero especialmente Manuel Saravia como concejal de Urbanismo y cara visible de TLP, apostaron por esta opción como la mejor de las posibles, con las pocas cartas que Adif ya repartía al cerrar el grifo de la financiación de operaciones mastodónticas.

El PP en el Ayuntamiento (no así en el resto de administraciones) mantuvo siempre encendida la vela de la plegaria del soterramiento y el azote político contra el gobierno de izquierdas pleno tras pleno, aprovechando que gran parte de los vecinos de los barrios más afectados por el sesgo de la vía no terminaban de comprar la integración en superficie y añoraban con fe ciega un soterramiento que se alejaba más cada día.

Un día antes del último sorteo de la Lotería de Navidad, Pilar del Olmo dio su primera rueda de prensa como candidata del PP a la Alcaldía de Valladolid. Cerraba así meses de especulaciones sobre quién encabezaría la lista de los populares al Ayuntamiento después de siete elecciones consectuvias con Francisco Javier León de la Riva en el número 1.

“Apoyo el soterramiento porque el tren es una brecha, porque separa algunos barrios del centro, creo que es la manera de que estemos todos más integrados”, dijo entonces y lo mantuvo y desarrolló más y más durante los siguientes meses hasta las elecciones. En los actos con Pablo Casado, en la campaña de las elecciones generales, Del Olmo incluso interpeló al entonces aspirante popular a la Moncloa para que la apoyara en el citado proyecto estrella.

La carta del soterramiento tenía por un lado la propuesta de sobra conocida de hacer desaparecer las vías de la superficie y, por el mismo precio, atacar sin cesar a los oponentes políticos que habían dado al traste con la operación ferroviaria y la habían limitado «a un conjunto de túneles y pasarelas que nadie quiere», como citó en varias ocasiones Pilar del Olmo.

Del Olmo ha mantenido sus responsabilidades como consejera de Economía y Hacienda de la Junta pero también ha hecho una campaña de calle, de actos y presentaciones y ha desarrollado su programa por áreas y bloques de contenidos. No era el soterramiento la única carta que llevaba en la mano, pero si la baza principal. Sin embargo, el resultado del domingo no era el que esperaban en el Partido Popular y no es para menos, nadie quiere nunca perder 9.000 votos y pasar del 35% y la fuerza más votada al 29,9% y tres concejales menos, de 12 a 9.

El legado difuso de Sí se Puede

Al carro del soterramiento se ha subido en cierta medida Podemos durante esta campaña municipal, con Miguel Holguín a la cabeza de la candidatura tras ser el sexto de las primarias por ese mismo puesto. Quería recoger los 16.598 votos de Sí se Puede en 2015, la marca en la que se parapetó Podemos entonces por aquello de no poner el círculo morado al servicio de cualquier candidatura difícil de manejar en pueblos y ciudades.

Pero la formación morada sólo ha retenido a 5.016 votantes, el 2,98 por ciento, muy lejos de la representación en el Ayuntamiento, con la mitad de los votos de Vox y en tierra de nadie, sólo por encima de las fuerzas marginales que no han alcanzado ni el 0,5% de los votos. Ha sido difícil conocer las cartas de Podemos en esta campaña en Valladolid, pero la del soterramiento, si la querían usar, tampoco les ha dado juego.

Un PSOE histórico

El que sí ha hecho buena su mano electoral ha sido el PSOE de Óscar Puente, logrando su mejor resultado en tres décadas y devolviendo a los socialistas a liderar la clasificación electoral. «Hay que decirle a la gente la verdad y esa es que, ahora mismo y en los próximos años, el soterramiento no es viable y lo que no se puede hacer es no avanzar en la integración», este era el argumentario de Puente, sin mucho glamur y sin las mega propuestas de otras épocas, pero con un realismo que, a juzgar por el resultado, una parte considerable de la ciudadanía ha dado por buena.

En concreto 59.981 votantes, el 35%, lo que supone casi 13 puntos más que en 2015 y 21.000 votos nuevos, algunos de votantes socialistas que habrán vuelto, otros de aquellos de Sí se Puede que han encontrado ahora acomodo en las siglas del PSOE y otro buen puñado de la ola nacional a la que Pedro Sánchez a subido a su partido.

En ese torrente sin cauce al que seguir de Sí se Puede no ha conseguido pescar Toma la Palabra, que ha perdido un concejal y, lo más doloroso para la lista de Manuel Saravia, casi 5.000 votos. De los pactos durante estas tres semanas dependerá que Saravia, Sánchez y Bustos sigan o no integrando el gobierno municipal, del que será difícil que salgan a no ser que los aspectos de matiz y las cuestiones menos trascendentes ocupen el centro del tablero.

El concejal que no se pudo votar

Ciudadanos ha subido de dos a tres concejales, con Martín Fernández Antolín tomando las riendas abandonadas por Pilar Vicente en la recta final antes de la campaña. Con tanta premura ha asumido el reto electoral, que Fernández Antolín no se pudo votar, al estar empadronado en Simancas.

Cierra el consistorio Vox, que ha logrado colar a la ultraderecha en el Ayuntamiento con el 6% y 10.665 votos, muy por encima de los 1.790 que lograron en 2015, cuando quedaron por detrás de UPyD y Candidatura Independendiente, aquella lista que rozó el concejal con 6.772 votos y nunca sabremos si esa C grande colocada al frente de su papeleta no generó la llamativa confusión que evitó que Ciudadanos sumara tres ediles y la película de la legislatura hubiese sido otra.

Contigo somos democracia, pero no concejales

Aquella lista de Ciudadanos en 2015 la encabezó Jesús Presencio, que duró escasos meses representando a la formación naranja, después de ser expulsado por triplicar la tasa de alcohol permitida al volante. Más de tres años como concejal no adscrito y verso libre en el Ayuntamiento al que ha intentado volver de la mano de Contigo somos democracia, una candidatura que ha luchado para evitar el farolillo rojo de la tabla electoral y que ha terminado con 169 votos, el 0,1%, sólo por encima de Unión Regionalista y Falange.

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