Una mirada al pasado antes de la vuelta al cole

La Casa Revilla muestra cien años de fotografías de centros de enseñanza

FuenteEuropa Press
Joaquín Díaz, Ana Redondo y Victoria Soto en la exposición (Foto: Ayuntamiento de Valladolid).

La exposición ‘Aprendiendo a vivir. Imágenes de los centros de enseñanza vallisoletanos entre 1850 y 1950’ realiza un recorrido de cien años a través de las fotografías de cerca de 20 colegios que han marcado la infancia y la juventud de sus alumnos.

Con esta muestra, la Sala Municipal de Exposiciones de la Casa Revilla anticipa la ‘vuelta al cole’ y «abre las puertas del nuevo curso», según ha indicado la concejal de Cultura y Turismo, Ana Redondo, quien ha inaugurado la exposición acompañada de la concejal de Educación, Infancia e Igualdad, Victoria Soto, y del etnógrafo Joaquín Díaz, cuya Fundación homónima colabora en la exhibición.

Este «nostálgico» viaje por la ciudad a través de sus colegios muestra cómo desde mediados del siglo XVIII fueron muchos los centros de enseñanza que surgieron al abrigo de la Ilustración primero y después fomentados o protegidos por las leyes y el sentido común.

Esta muestra, ha agregado Redondo, es la más adecuada para el mes de septiembre, pues permitirá a los asistentes «reencontrarse» con ese niño que preparaba los libros y el uniforme. «Eso si no habían suspendido», ha bromeado Joaquín Díaz.

‘Aprendiendo a vivir’ está plagada de «guiños» al pasado, un ayer con el que la fotografía permite «reunirse», ha explicado el etnógrafo. Además, está «embellecida» con otros objetos como piezas utilizadas para estudiar astronomía o carteles de concienciación –como el que resume los problemas que causa el alcohol– que colgaban de las paredes junto a los mapas.

Por su parte, Victoria Soto ha hecho un llamamiento a todos los colectivos educativos –profesores, alumnos y progenitores– para que se acerquen a contemplar en familia de esta exhibición «intergeneracional» de la que podrán disfrutar «tanto abuelos como nietos».

El Real Colegio Seminario de los Padres Agustinos, La Real Academia de Bellas Artes de la Purísima, el Colegio de La Providencia, el Colegio de La Cruz, el Colegio de San Luis, las Carmelitas de la Caridad, el Colegio de San José, el Colegio de Nuestra Señora de Lourdes, las Dominicas Francesas, el Colegio de Jesús Maestro, el Colegio El Liceo, el Colegio del Salvador, el Colegio de San Fernando, el Colegio Francés, el Instituto Zorrilla, el Seminario Metropolitano, las Escuelas de Cristo Rey o el Colegio de la Inmaculada fueron algunos de los centros donde estudiaron niñas y niños durante años.

Algunos de ellos, ya desde el siglo XIX, usaron la fotografía para hacer publicidad de sus excelencias, mientras que hoy sirven para recordar la importancia que se daba a profesores y alumnos, al uniforme y a los lugares comunes, así como a las materias impartidas. La exposición, que contiene múltiples imágenes, objetos, documentos y publicaciones, permanecerá abierta hasta el próximo 16 de octubre de 2018, siendo la entrada gratuita.

Educación e instrucción

En España, la enseñanza dependió hasta bien entrado el siglo XIX de los ayuntamientos, siendo los consistorios pequeños y de menos recursos los que más adolecieron de medios para atender a la instrucción de niños y jóvenes.

La separación de sexos, la higiene, el comportamiento ético de los profesores, el local adecuado, y otros muchos requisitos hicieron de la escuela o el colegio un campo de batalla social y administrativa.

La obsesión de que la instrucción era cara para los municipios, derivó en la costumbre de encomendar la misma a muchas órdenes religiosas, con una tradición secular en el arte de enseñar pero con sus propias normas y reglamentos que trasladaron a la sociedad civil sin ninguna condición o traba por parte del Estado.

En la educación secundaria, y en el caso de que el centro educativo dependiese de un benefactor o de un patronato, estos podían seleccionar al profesorado. A excepción de personajes históricos como Claudio Moyano o Pablo Montesino, representantes de un tipo de personaje ilustrado que pretendía crear las bases –a través de leyes y normas– para una enseñanza más racional, la mayor parte de la sociedad se conformaba con establecimientos como la «amiga» –lugar vigilado por mujeres que no tenían ninguna formación pero que se encargaban de atender a los párvulos– o con lugares donde los niños pudieran reunirse sin quedar expuestos a los peligros de la calle.

Mujeres en la enseñanza

La ruptura con el Antiguo Régimen que impuso la Revolución Francesa trajo consigo el concepto del «hombre nuevo», que trataba de soslayar la educación tradicional y sentaba las bases de una regeneración social a través de la educación pública y de un buen sistema de instrucción, ambos a cargo del Estado.

Cuando Antoine de Caritat, marqués de Condorcet, escribe en 1791 su primera memoria sobre la instrucción pública para ser presentada a los miembros del Comité, no puede sino reconocer esa costumbre centenaria que, separando la educación de la instrucción, adjudicaba la primera a las mujeres y parecía dejar la segunda para los hombres.

«Quizá hasta serían más aptas que los hombres para dar método y claridad a los libros elementales y estarían más dispuestas por su amable flexibilidad a adecuarse al espíritu de los niños, que han observado en una edad más avanzada y cuyo desarrollo han seguido con un interés más afectuoso», escribe.

Los sistemas de enseñanza y la legislación

Descartado el sistema de enseñanza individual que consistía en que el maestro tuviera a su cargo la instrucción particularizada de cada niño, se fue imponiendo el sistema simultáneo a partir de 1838. A veces, la dificultad de esta modalidad estribaba en que las secciones en que podía dividirse una clase tuviesen demasiada diferencia de edad y conocimientos.

Con el sistema mutuo, mientras unos alumnos aventajados se ocupaban del orden, los maestros podían atender a la enseñanza por grupos de edad pero eso a veces provocaba las protestas de los padres, que consideraban que sus hijos iban a la escuela para aprender, no para ser vigilantes. Finalmente, el sistema denominado mixto trató de recoger los sistemas simultáneo y mutuo y adaptarlos a las circunstancias, al espacio con que se contaba y a las normas.

Los colegios de Valladolid

En el Anuario de 1886 de Bailly-Bailliere figuraban en Valladolid los siguientes colegios: La Providencia, La Trinidad, San Buenaventura, San Ildefonso, San José, San Luis, San Pedro Regalado y Santo Tomás, a los que había que añadir los centros particulares de niños y niñas en número de 32. Alberto Nieto Pino, en su obra La enseñanza primaria en Valladolid. 1900-1931 recoge el dato de una Memoria de 1922 que da 1.990 alumnos a las escuelas públicas, 933 a las escuelas municipales voluntarias y 3.058 a las escuelas privadas.

Por otro lado, la guía del mismo año de la librería Santarén mostraba entre los colegios y academias los de El Salvador, la Alianza francesa, La Providencia, Nuestra Señora de Lourdes, San José, San Luis, el colegio de César Arias, el de Esteban R. del Hoyo, el de Javier Piñeiro, el de José Bermejo, el del calígrafo Leandro Villán, el de Ricardo Lastra, la academia militar de Santiago Mateos, el de Valentín Alonso y la academia de dibujo de Valentín Orejas.

A ellos se sumaban también las Francesas, el Ángel de la guarda, El Pilar, El Sagrario, Jesús, la Anunciación, la Enseñanza, la Filantrópica, la Natividad, la Purísima, la Virgen del Carmen, la Virgen del Rosario, el Sagrado Corazón, San Nicolás, Santa Teresa de Jesús, el Centro Católico, el Dulce nombre, el Carmelo, el Progreso, San Agustín, San Antonio de Padua, San Bartolomé, San Carlos, San Francisco de Asís, San Ignacio, San José de Calasanz, San Juan de la Cruz, Santiago Apóstol y 14 colegios más de título particular, es decir, casi 60 centros educativos para unos 6.000 alumnos escolarizados.

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