Gonzalo

Ureña en El Espinar

Además, si un pinchazo y una media restan, entonces sería lógico que una estocada casi entera  hubiera sumado el segundo apéndice al que Ureña ya se había ganado con la muleta frente al segundo toro de su lote, el cual, pésimamente tratado en varas (qué sainete dio el varilarguero), se fue poniendo bruto por instantes, con arreones peligrosísimos.