carlos velasco

Políticos, médicos, astronautas y comités científicos ultrasecretos

Luego fue reculando un poco, como la poesía de Juan Ramón Jiménez, a tenor de lo que se veía en otros países e incluso de lo que ya se empezaba a proponer desde el Gobierno, pero sin dar su brazo a torcer.Si la mascarilla evita que los portadores del coronavirus contagien a otros, bienvenida sea.

Mamá Verónica

En estos tiempos tenebrosos del coronavirus, en Castilla y León tenemos la suerte de que nos cuida mamá Verónica, el icono que desde el infausto 14 de marzo se nos aparece todos los días, como la Virgen de Fátima, en el telediario regional para insistir en que seamos buenos, dejemos de fumar y nos alejemos los unos de los otros al menos una legua para no zamparnos el ‘bicho’.Pocos entendieron en su momento el prorrateo de carteras en el gobierno de Castilla y León, la obstinación de Ciudadanos en exigir al PP la sanidad y el empleo.-Chacho, ¿y esto?

El muladar de las redes sociales en tiempos del coronavirus

Y un mundo nuevo nos aguarda ahí fuera ahora (un mundo desconocido e incierto al que aún se resiste nuestro cerebro), plagado de consecuencias que las mentes más preclaras no alcanzan a ver: en lo sanitario, en lo económico, en lo social… He aquí la categoría.Entre tanto, seguimos inmersos en la anécdota: en el diluvio de chistes y bulos que inundan la red y que inconscientemente compartimos desde nuestro Whatsapp para que se difundan con la misma celeridad exponencial con la que se propaga el coronavirus mientras desde el sofá contemplamos nuestro programa favorito de telebasura, pois, pois.¡Ah, por Dios!

Algo huele a muerto en el Gobierno

Porque ¿cuántas vidas se habrían salvado de haber hecho los deberes a tiempo?El 31 de enero, el comité de emergencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia internacional por el brote del coronavirus de Wuhan, un mes después de que el gobierno chino advirtiera de la gravedad de la situación en su territorio y de la facilidad exponencial con la que el virus se extendía y el riesgo que entrañaba para el mundo.Las declaraciones de emergencia de la OMS son de obligado cumplimiento para los países que están acogidos a este organismo internacional, que son la mayor parte, entre ellos todos los de la Unión Europea, incluido España.

Que no nos engañen: nada será igual el día después

¿Tendrán ganas los extranjeros de venir a nuestras playas paradisíacas por la misma razón?Y, a mayores, con el paro galopante que se prevé, ¿tendremos dinero en los bolsillos para pagar esos viajes, para volver a las tiendas y comprar del modo compulsivo que teníamos hasta que llegó el coronavirus, para renovar nuestros viejos automóviles?

Vergüenza e impotencia ante lo que vemos

En fin, para echarse a llorar, sin duda.A mayores, la desconfianza del ciudadano antes las informaciones oficiales que se están vertiendo, el pleno del Congreso a horas intempestivas, los test famosos prescritos por la OMS que van llegando a cuentagotas y cuya eficacia se está poniendo en entredicho.Una crisis sanitaria que se ha convertido en unas cuantas crisis: hospitales desbordados, médicos desprotegidos, test que llegan o no y no se sabe si sirven para mucho o para poco, la guerra entre autonomías de un signo u otro por unas mascarillas arriba o abajo… Lamentable espectáculo.De la tremenda crisis económica consiguiente y de las medidas propuestas para paliarla no hablaremos para no deprimirnos aún más.

El reencuentro con tus libros de siempre

A menudo llegaba yo a casa por la noche y los sorprendía patinando sobre libros que habían extraído al azar de las estanterías o haciendo pilas en medio del salón como para prenderles fuego, con algunos tan desgualdrajados como el propio Hidalgo de Cervantes tras embestir a los molinos de viento.-¡Gr…!

La España vaciada constituye ahora una ventaja

En Delhi o El Cairo, por ejemplo, resulta difícil respirar por la espesa atmósfera metálica que las envuelve, generada por los miles de vehículos a motor que las recorren cada día, vehículos por otra parte no sujetos a las estrictas normas anticontaminación que tenemos en el mundo occidental.Nueva York, en el otro extremo, es también otro espejismo, en su caso, amplificado además por el cine y la televisión.

Mi salvación: limpiar las ventanas

Hay que tomar pizzas y hamburguesas, sí, pero de vez en cuando, no por sistema, y optar por una alimentación variada.La noticia hoy es la comparecencia del presidente del Gobierno para avanzar lo que ya intuíamos, que la cuarentena se prolongará al menos durante otras dos semanas.

La experiencia surrealista de ir al supermercado con un tapabocas

Por primera vez me he puesto una mascarilla, preocupado sobre todo de no meter en casa al enemigo invisible, ese ‘bichito’ contagioso tanto que parece como si te persiguiera por la calle para colarse en tu cuerpo y desgarrarte los alvéolos pulmonares.Los responsables sanitarios afirmaron en los primeros momentos de la pandemia que la mascarilla era solo para el personal sanitario y para las personas contagiadas, que a quienes no estaban contagiados nos les hacía nada.

Mi aplauso para el colegio Teresianas de Salamanca y sus docentes

Como aconsejan los expertos: son muy importantes los horarios y las rutinas, hay muchas cosas que hacer en casa y desde casa y no debemos relajarnos y dejarlas para otro día.Mientras escribo, me llegan las noticias del día sobre el coronavirus: el aislamiento de un pueblo de Salamanca, La Zarza de Pumareda, por el fallecimiento de una persona a causa del coronavirus, o la inquietud que hay en las residencias de ancianos de todo el país.De verdad, parece mentira que a ninguna autoridad sanitaria, a ningún político con capacidad de decisión, sabiendo la vulnerabilidad de este colectivo, se le ocurriera hace un mes poner en marcha medidas drásticas para preservar la salud de nuestros ancianos en las residencias.

Ahora, valor. Las cuentas ya se ajustarán luego

O sea, lo que cuenta en estos momentos cruciales es el valor para continuar, el valor que necesitamos para afrontar los días difíciles que vendrán, con la reclusión domiciliaria cada vez más cuesta arriba, hasta que la curva canalla del coronavirus comience a declinar.