Semana Santa singular | El Cristo de la Ilusión, la talla que nació del milagro de la Lotería
Ricardo Muñoz / ICAL . Cristo de la Ilusión, en la ermita de Nuestra Señora de las Vacas

Semana Santa singular | El Cristo de la Ilusión, la talla que nació del milagro de la Lotería

En 1987, un premio del sorteo de Navidad permitió al Patronato de Las Vacas de Ávila hacer realidad su anhelo de completar su imaginería con un Crucificado
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El sorteo extraordinario de la Lotería de Navidad de1987 fue de esos en los que sucedió un error garrafal cantando los premios. Al número premiado con el Gordo se le asignó un premio de 125.000 pesetas, y minutos después, un supervisor de las tablas se dio cuenta y se constató que el primer premio había salido y no se había cantado. Este fallo no generó ningún revuelo entre los vecinos del popular barrio de Las Vacas de Ávila, que no tenían billetes del primer premio (no en vano, Ávila es de las pocas capitales de provincia de España donde nunca ha caído el ansiado Gordo), pero sí supuso un punto de inflexión para el Patronato de la Santísima Trinidad y Nuestra Señora de Las Vacas, a quien está dedicada la ermita del peculiar barrio céntrico de la capital abulense, cuya creencia se remonta casi ochocientos años atrás.


Esta tradicional cofradía de Gloria, que llegó a ser la única que salió en procesión cuando no se autorizaban actos religiosos fuera de las iglesias para evitar desórdenes públicos durante la Segunda República, impulsó la rama penitencial al hilo de un golpe de suerte en las navidades de 1987, cuando el Patronato obtuvo un buen pellizco en la Lotería Nacional, y sus miembros decidieron aprovecharlo para adquirir una talla de Cristo crucificado, de la que se encargó el imaginero sevillano Manuel Ortega, que la talló en madera de abedul, de tamaño natural y sin policromar.


Sólo unos meses más tarde, el 23 de abril de 1988, el sacerdote e intelectual abulense Francisco López, hoy fallecido, ya lo pudo bendecir, recibiendo la advocación del Cristo de la Ilusión, porque tiene su origen en aquel premio de la Lotería de Navidad. El 9 de abril de 1990 desfiló en la procesión de Lunes Santo por primera vez sobre una carroza cedida por los carmelitas de La Santa, sobre la que antiguamente salía su talla del Cristo amarrado a la columna. Y el 14 de septiembre de ese mismo año, con motivo de la fiesta de la Exaltación de la Cruz, procesionó por primera vez sobre andas, en esta ocasión propiedad del histórico Patronato de la Santa Vera Cruz. En marzo de 1991, la imagen del Cristo de la Ilusión desfiló en su nuevo trono, obra del imaginero abulense Rafael González González, con las que salió por primera vez de la ermita de Las Vacas acompañado por 120 capuchones y portado por 38 anderos voluntarios.


Hace tres años, en marzo de 2018, con motivo del 30 aniversario de la adquisición de la imagen del Cristo, el Patronato celebró por todo lo alto la fecha recordando aquella década final de los 80, y evocando la adquisición del Cristo que, si bien era una vieja aspiración, hubo que esperar a los beneficios de aquel premio de la lotería para que se convirtiera en realidad. Desde entonces, cada Lunes Santo, salvo por la lluvia o estos últimos años de pandemia, con no poco esfuerzo los anderos sacan al Cristo de la Ilusión evitando cualquier roce en la pequeña puerta de la ermita, hasta el punto de que la cúspide de la cruz sale doblada por unas bisagras hasta que el trono está en la calle.


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Ricardo Muñoz / ICAL. Cristo de la Ilusión saliendo en procesión desde la ermita de Ntra. Sra. de las Vacas, en una imagen de archivo

Desde la primera salida del Cristo de la Ilusión en Semana Santa, el Patronato y la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza, que también procesiona el Lunes Santo, acordaron realizar un encuentro entre este Cristo de la Ilusión y la Virgen de la Esperanza, que se ha llegado a convertir en uno de los momentos más espectaculares, emotivos y esperados de la Semana Santa abulense. El Cristo de la Ilusión asoma en la plaza de la Catedral, llegando desde la estrechísima calle de la Muerte y la Vida para que Madre e Hijo coincidan.


Ambas imágenes se miran, avanzan y retroceden al son de las marchas. La Virgen de la Esperanza portada por sus braceros bajo el paso. El Cristo de la Ilusión, por sus anderos vestidos de blanco, con el rostro cubierto con un verdugo. Los anderos de la primera fila del cristo estiran el brazo espontáneamente y acarician el trono de palio de la Virgen de la Esperanza. Para finalizar el encuentro, la madre hace una reverencia al Cristo inclinándose, con las primeras filas de braceros agachados. Tras este conmovedor momento, ambas cofradías continúan su procesión por las calles de Ávila hacia sus sedes.


Y todo ello, desde aquellas navidades de 1987, cuando el reparto de premios convirtió la ilusión de todo un barrio en una realidad. El Patronato acordó por unanimidad llamarle el Cristo de la Ilusión, pero bien podía haber sido el Cristo de la Buena Suerte.