En la oscuridad, palpando bajo la enagua de la ciega

En la oscuridad, palpando bajo la enagua de la ciega

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En los primeros años de la democracia, la izquierda reclamaba que los acuerdos se hiciesen con "luz y taquígrafos" pues, en democracia, todo debía de ser realizado con el conocimiento del pueblo; también, se afirmaba que las propuestas realizadas en campaña eran los datos que tendría el ciudadano para, tras su valoración, votar a unos u otros, de forma que el engaño era una traición y una falta de respeto al ciudadano.


Hasta que llegaron ellos prometiendo y prometiendo, pero no cumpliendo. Así, afirmaron que crearían 800.000 puestos de trabajo y al final, decir que habían cumplido 800 ó 1000. Las reuniones y acuerdos se adoptaban en oscuras cafeterías o despachos ocultos para, una vez firmados, declarar que tenían luz y taquígrafos en su presentación, y después tampoco cumplirlos.


Hablaron de 100 años de honradez y nos robaron hasta las huchas de los huérfanos, los subsidios de los parados y se dedicaron a asesinar y tapar con cal viva sus barbaridades. Estos criminales son los que acusan ahora a los otros de ladrones. Vamos, el criminal llamando criminal al de enfrente.


Muy pronto tocaron el Tribunal Constitucional para acomodarlo a sus deseos y al poco introdujeron sus tentáculos en el Consejo General del Poder Judicial que, no por ser de los jueces, sino por ser el controlador de la legalidad, del cumplimiento de la ley y de la división de poderes, jamás debió de ser manchado por las manos del político.


Luego vinieron los otros y nos sacaron de una crisis económica, nos posicionaron en lugares prioritarios en el panorama mundial y... no hicieron absolutamente nada en la regeneración democrática, la restitución del Tribunal Constitucional como un órgano de control constitucional real, ni sacaron sus zarpas del CGPJ, estos también nos robaron y se burlaron de todos nosotros.


Hoy, con una izquierda disfrutando de la crispación, de la que sacan rédito, desmontando los mínimos sistemas de control democrático, desarrollando estados de alarma más allá de lo constitucionalmente admitido y sumiendo en el control político a los ciudadanos y sus actuares, nos devuelven a una limitación de derechos absolutamente inaceptable, muy cercana al totalitarismo que achacan a quienes no son ellos, mientras una derecha dividida, sin cabeza, imbuída del hooliganismo que ofrece rédito político y crecimiento rápido, pero no sólido ni solvente, aceptan la fórmula de comprar y vender kilo de juez en el Consejo, manipulado, desprofesionalizado y paulatinamente más politizado.


Frente al truhan, y/o el hooligan, hay dos formas de actuar:

Como ellos y enfrentarte a ellos con la violencia, la falta de respeto y la exigencia de unificar criterios, con lo que será uno más, pero ellos son profesionales y tú amateur... ya sabes el resultado.

Como un señor, con mesura, reduciendo los niveles de tensión e incrementando el respeto y la aplicación de la ley, de forma dura y rotunda, pero con el poder del cumplimiento del Derecho, despacio, sin dar un paso atrás, sin permitir la más mínima falta de respeto o de incumplimiento legal, esto es lento, pacífico y se desarrolla con esfuerzo.


La sociedad se conformará a la imagen de cómo actuemos: si descerebrados, tendremos una sociedad descerebrada; si señores, tendremos una sociedad señorial, pues cada sociedad es lo que hace y no lo que dice ser.


Los perritos sin alma estamos cansados de mentiras, de fotos y figuras de plexiglás y queremos vivir lo que nos prometimos con la constitución del 78, una democracia que cada día sea más fuerte, más respetada y generadora, día a día, de más controles al poder, de forma que la decisión se encuentre más cerca de los ciudadanos, que cada día deben de ser más respetados, tenidos en cuenta y, desde luego, no engañados por los cantos de sirenas de la mentira de la campaña electoral o del efecto publicitario de grandilocuentes ofertas que no se llevan a la práctica.


El juego de parchís con los miembros del Consejo General del Poder Judicial es una muestra de la falta de respeto democrático de nuestros políticos, pues el que no respeta las instituciones, no cree en ellas y no puede estar representándolas; pero, además, todos los que participan del esparcimiento, no pueden dar lecciones de una democracia, que están violando, alzando las togas y metiendo sus manos entre las enaguas para, sin ser vistos, pero sí sentidos, tocar y retocar, sin que lo parezca, las zonas pudendas de la gran dama.


La violación de la ciega dueña de la Justicia es tan evidente, tan descarada, tan falta de todo pudor, que todos los participes, de uno y otro lado, debieran de ser apartados y los que con puñetas se pliegan o disfrutan del delito no son menos despreciables, luego no nos quejemos del estado de la Justicia cuando sólo lo hacen los "jueces de batalla", los profesionales honrados y los 4 primos que seguimos respetando y creyendo en ella.