Un "testigo de la historia" que luce como nuevo en Corrales de Duero

Un "testigo de la historia" que luce como nuevo en Corrales de Duero

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El viceconsejero de Cultura, Raúl Fernández Sobrino, se ha desplazado hoy a la localidad vallisoletana de Corrales de Duero para visitar junto al alcalde, Adolfo Monedero Álvarez, las obras acometidas por la Consejería de Cultura y Turismo en un chozo de pastor, propiedad del Ayuntamiento. Se trata de un ejemplo de arquitectura vernácula de Castilla y León, que se ha recuperado con el fin de no perder un testigo de la historia como son los elementos tradicionales unidos a las labores del campo.


El chozo es una de las manifestaciones más primitivas de las construcciones llevadas a cabo en el medio rural, especialmente característico en esta zona donde en el pasado los pastores se desplazaban hasta estas tierras para cuidar los rebaños de ovejas y construían corrales con unos chozos. Estos refugios de ramaje o piedra que se construían tanto a la intemperie en zonas montañosas como en los sotos, baldíos o dehesas de los campos, eran utilizado por pastores y agricultores para pernoctar junto al rebaño o protegerse de las inclemencias del tiempo, durante las labores campesinas. 


El chozo de pastor típico es de planta circular y con cubierta cónica para impedir que el agua de la lluvia penetre en el interior. La cubierta puede estar hecha con diferentes tipos de plantas denominadas escoba, que son impermeables y fáciles de sujetar. En España, fue un recurso tradicional de los cabreros y pastores trashumantes. En amplias zonas de las provincias de Cáceres, Soria, Navarra, Álava, La Rioja y Pontevedra hay un tipo de chozo o choza construido íntegramente de piedra en las tierras de labor o pastoreo alejadas del pueblo y que servía para almacenar las herramientas y guarecerse del mal tiempo, y como almacén provisional de los productos cosechados (patatas, castañas, centeno, maíz…).


Los chozos de pastor forman parte del patrimonio etnológico de Castilla y León y por ello desde la Consejería se ha acometido la restauración de este elemento, con una inversión 22.800 euros. Las obras han consistido en un desbroce del terreno circundante, la limpieza del material sedimentario que rodea las construcciones, un desescombro de las partes ruinosas y la reconstrucción de la cúpula y de los cercados de piedra.


Descripción del chozo de Corrales de Duero


Es de planta semicircular con cubierta cónica de piedra al que le falta, por los testimonios vivientes del municipio, la cubierta de troncos de encina. Con un agujero en la cúspide para desalojar el humo de la hoguera. Por su pequeño tamaño, se puede decir que es un chozo y no una cabaña, no recogía de manera temporal a una familia de ganaderos si no que era refugio de una sola persona, el pastor. Por su emplazamiento que no divisa tierras de cultivo se descarta su uso de refugio del guarda. Su emplazamiento pegado a la falda de una pequeña ladera al pie de un camino, quizá vereda de transito de trashumantes, permite afirmar que servía para resguardo del pastor como aprisco y junto a él, en los alrededores, existen vestigios de material constructivo colocado a modo de cercado que configuraba el redil para la custodia del ganado, seguramente nocturna en su parada de tránsito.


Es una pequeña construcción abovedada de planta aproximadamente circular y aunque por lo general son exentas, el chozo de Corrales presenta trabadas al cuerpo principal los restos de la construcción de muros de cierre de los corrales o rediles contiguos al refugio. El sistema que resuelve la construcción del edificio, es el de piedra seca, piedra sobre piedra sin utilizar ningún tipo se argamasa, mortero o barro que ayuda a su consolidación, en el que se aprovechaban las piezas que se encontraban en los alrededores. 


Estas construcciones tradicionales junto a las fuentes, son una de las señas de identidad del Valle del Cuco y especialmente de Corrales de Duero y constituyen uno de los principales atractivos culturales y naturales del territorio.