Nuria Prieto, o la sensibilidad hiperrealista

Nuria Prieto, o la sensibilidad hiperrealista

Esta ama de casa tordesillana nos descubre en sus obras una belleza incuestionable desde lo taurino hasta el paisaje o el retrato. Sin duda es un descubrimiento a la orilla del padre Duero
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Nuria Prieto siente auténtica pasión por todo lo que rodea al toro...y a Tordesillas. Defensora a ultranza del defenestrado Toro de la Vega, asidua a festejos taurinos de montera y de talanquera, -en época de toros la vemos en numerosas plazas ejerciendo en labores de vigilancia, puerta, etc.- y visita el campo bravo con mucha frecuencia, con algún que otro percance de carácter menor.


Pertenece al Foro Taurino de Tordesillas, lo que le permite conocer más en profundidad la materia taurina. Aficionada a la fotografía, con su Canon capta momentos estelares que luego traslada magistralmente al lienzo. Domina todas las materias excepto el “directo”. Aún no se atreve a ir con su caballete y un lienzo a las orillas del Duero y pintar el precioso puente medieval que lo atraviesa. Pero todo se andará.

Es autodidacta, y nos manifestó que desde niña, tanto en el colegio como en el instituto, manejaba el lápiz con soltura; hasta el extremo de que varios profesores le encargaron algunos trabajos. De ahí partió su afición al bellísimo y difícil arte de la pintura.


[GALERÍA DE IMÁGENES]


Es muy nueva y, cuando el tiempo, las tareas domésticas y algunos trabajos esporádicos en geriátricos se lo permiten, acude a una academia desde hace cuatro, años donde el profesor Manjarrés la inició en el óleo. Su esposo, Javier, es caballista y uno de sus hijos, Víctor, es cortador de toros. De ellos ha plasmado momentos bellísimos en sus obras, lo que le permite ir ampliando conocimientos. En su bodega, un auténtico museo taurino, acumula lienzos, dibujos y recuerdos de sus trabajos en plazas de toros.


Sin duda, Nuria Prieto tiene mucho mérito con lo realizado hasta ahora. Sin haber expuesto nunca, acumula numerosas obras en casa y las que regala a los amigos. Sus manos tienen una gran sensibilidad para el manejo de los pinceles y, sobre todo, tiene ese don mágico que caracteriza a los elegidos.


Dalí, Picasso, Chagall o Degas fueron copistas del Museo del Louvre antes de saltar a la fama; Nuria Prieto, -salvando las distancias y comparaciones que siempre resultan odiosas- saca adelante sus obras copiando de fotografías por lo que, según los profesionales, tiene mucho más mérito que copiar a los grandes. 

Enhorabuena, Nuria. A mí, entre otros óleos, me dejó entusiasmado el capote de Morante y los detalles de las chaquetillas toreras. Son como un poema lorquiano.


Mucha suerte. Y no te quedes a mitad de camino. Échale casta y bravura al tema y “torea” con tus pinceles a la manera de Morante, por ejemplo...