Todos juntos de nuevo o morir

Todos juntos de nuevo o morir

​Artículo de opinión de Enrique de Santiago
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Vivimos un tiempo de cambio, transformación y hundimiento de la civilización, tal como la hemos conocido hasta el momento, y, como siempre, lo preocupante es la incertidumbre de hacia dónde nos dirigimos. En ese estado de noqueo, los ciudadanos nos gestionamos por el criterio del menor esfuerzo y máximo placer, nos provoca muy poco el iniciar historias, construir ideas, luchar por valores y nos dejamos vivir sin grandes preguntas que nos puedan angustiar.


Tenemos una crisis sanitaria en la que, en lugar de exigir medidas sanitarias serias, como por ejemplo análisis de aguas fecales para detectar brotes del virus, que no se hacen; análisis pcr en las empresas y en la sanidad pública a todo aquel que lo dese, a todo aquel que se dispone a viajar y exigir dicho test a todo aquel que venga a nuestro país, que no se hacen; la obligación de llevar puesta mascarilla y la distancia sanitaria interpersonal, que son las que se regulan y observan; la de tomar la temperatura al entrar en los lugares públicos, que no se realiza; la de que los médicos atiendan presencialmente a sus pacientes, que se niegan; la de permitir a un alcalde o a un presidente de comunidad autónoma adoptar medidas de seguridad sanitaria e impedir salir a la calle a los enfermos, asintomáticos o personal de riesgo, que no se ha hecho nada… así podría estar un rato indicando medidas sanitarias que no se adoptan por ningún gobierno.


Frente a esa irresponsabilidad se plantea el estado de alarma que nos llevaría a la muerte económica, pues a la ruina ya nos llevó el primero, o el aplauso de las 8 con el cántico de “resistiré”, la risa y la cervecita, frente a la muerte, a los miles de muertos expresados y ocultados…. La muerte nos da miedo, nos genera inseguridad y mejor no pensar en ella.


Ese planteamiento de “mejor no pensar” se ha instalado en la sociedad que se deja llevar por la mentira, la manipulación, la ideología de una izquierda trasnochada y caduca que usa viejos eslóganes, pero no da pan al que lo necesita.


Frente a ello, los que se supondría defienden los valores del trabajo, la honradez, la solidaridad, el esfuerzo, la libertad humana y económica, se pliegan a la foto, a la imagen y pierden los lemas sociales para embarcarse en el hurto de los emblemas de todos, eso sí, sin presentar ofertas, sin realizar estudios serios, sin dar soluciones, se acomodan en el “mejor no pensar” y aceptar planteamientos estúpidos o mal realizados para no quedar mal, para parecer moderno…. Y juegan a destrozar, dividir y luchar por un trocito de pastel, perdiendo, de ese modo, la tarta entera.


Necesitamos medidas sociales que impidan que los ciudadanos no dejen de tener un mínimo para subsistir, pero eso no puede ser gratis, pues nada de lo de todos es gratis, sale de otros, necesitamos empresas fuertes que se consoliden como líderes en sus sectores pero, para eso, es preciso permitir su desarrollo, crear un ecosistema en el que el pequeño animalito pueda crecer fuerte y robusto para que cuando sea grande pueda generar nuevos seres que nos hagan crecer, vivimos un momento ecológico que no se aplica a la ecología empresarial. Es preciso rebajar la presión fiscal, apoyar la contratación y apostar por la tecnología, pero sin perder de vista al ser humano, por la competitividad, sin perder de vista la solidaridad, apostar por una economía colaborativa que permita que unos se apoyen en otros para crecer todos juntos. Pero eso no se hace con enfrentamientos, con ideologías de lucha, sino con planteamientos de libertad.


España, igual que tiene una izquierda unida en la barbarie, en la desunión y en la insolvencia, pero una en el poder, necesita que todos los partidos del centro derecha ideológico, al igual que consiguió Aznar, se aglutinen en rededor de un proyecto nuevo (de AP, con la unión de todos, se obtuvo PP), en el que todos los pequeños tengan cabida, desde los liberales, los cristianodemócratas, a los conservadores, desde los más radicales a los más centrados, en torno a un proyecto en el que todos pierden algo de su visión para obtener un mínimo común denominador, permita despertar a la sociedad y que pueda ver que la libertad es más interesante que el dirigismo, el pensamiento es más gratificante que la imposición ideológica, que España es más grande que sus dirigentes.


Para eso, lo único importante no son las piedras, sino aquella formación que, estando dispuesta a morir, se convierta en argamasa o nexo de unión de las grandes rocas, pues sin ella el castillo caerá y eso sólo hay una formación que conminó al resto a trabajar en ese sentido, sin obtener respuesta.