SÍ, soy pecador

SÍ, soy pecador

Artículo de opinión de Enrique de Santiago
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Una Nación es un conjunto de personas unidas por unos factores de orden histórico, social, económico, humano, cultural y religioso que desarrollan un objetivo común en la unidad. En este concepto, es importante que, con las diferencias, las idiosincrasias dispares e incluso la distancia, se construya un proyecto de vida en común.


España es una nación histórica compuesta por diferentes pueblos que, con infinidad de avatares y/o diferencias, han construido juntos e históricamente una de las primeras naciones del mundo, que llegó a ser imperio del mundo y que histórica, estratégica y económicamente ha sido siempre una nación de influencia mundial, mucha menos de la que nos corresponde y mucha más de la que algunos quisieran.


En los bloques, fuimos joya deseada y laboratorio de ensayos, de unos y otros, para finalmente, manteniendo nuestra independencia, quedarnos dentro del bloque democrático y gracias a ello, con el tiempo, conseguimos la democracia sin sangre.


Hoy, los bloques vuelven a utilizarnos como laboratorio de pruebas desmembrando nuestra nación, alentando estúpidos nacionalismos en los que politólogos de tercera línea han desarrollado la teoría de los movimientos sociales, generando para ello un marco preciso de acción colectiva, una estructura de oportunidad política y provocando una ventana de oportunidad alentada por un victimismo, motor del cambio, y están intentando romper España. Lo intentaron con la violencia, el asesinato y la macabra política de la muerte y, sin dejar la violencia más que en un estado latente, para cuando sea precisa, cambiar el discurso por uno que genera el constructo victimista y utilizar el movimiento de masas.


En esa dinámica, es evidente que la historia, la lengua, el pasado común es una losa que les impide avanzar en su propósito de ruptura que, por otra parte, se limita a la misma, pues no tiene, no puede tener, por su propia idiosincrasia un plan de futuro, una hoja de ruta común para el nuevo territorio, como se demuestra en que ni siquiera en la destrucción del mismo se ponen de acuerdo.


Finalmente, en este contexto, se enmarcó la lucha por la defensa de la lengua, de la educación, de la historia, que se fue perdiendo por necesidades cortoplacistas de unos y otros partidos, como se han perdido tantos pequeños hitos por cobardía, por interés político personal, por incapacidad mental.


Entre tanto, en Salamanca, con el apoyo de todos inicialmente, un hombre surgió en defensa del Archivo Histórico de la Guerra Civil, para defender la historia de todos, los documentos de todos, el pasado común. Y, al principio lo apoyaron izquierda y derecha, hasta que el PSOE, sobre todo, pues PODEMOS ha tenido una actitud más timorata, se posicionó con los separatistas catalanes y comenzó su destrucción.


Policarpo, así se llama mi amigo, no suelo, no me gusta, no me siento cómodo hablando de mis amigos, pero en esta ocasión además es el líder del movimiento, y ha pasado por todo tipo de ataques, de embestidas y desprecios. Quizás, el haber sido militante del PSOE le sirve de estigma con ese partido para su crueldad, pero él con un pequeño grupo que le apoya, de diferentes ideologías, lucha por la unidad, por el pasado, por el saber qué fue de mi padre en el bando facha o en el rojo, durante la Guerra incivil que vivimos en este país.


El apoyo a ese movimiento es gratuito, e incluso oneroso para alguno que nos cuesta dinero, tiempo y/o esfuerzo, que se nutre de donaciones pequeñas de pequeños o grandes hombres o mujeres de este país.


Policarpo cayó en manos del bicho (covid19) y estuvo entre la vida y la muerte, miles de personas anónimas, o no, han preguntado por su salud, todos los partidos con mayor o menor calor han consultado por su vida y, únicamente el PSOE ni siguiera preguntar si había muerto.


En política yo pensaba que el ser humano superaba la ideología, pero tras los insultos recibidos, los deseos de que enferme y la falta de empatía humana para con Poli, comprendo que el ser humano sólo lo es para algunos si piensa o milita con él.


Si querer recuperar el pasado histórico sin manipulaciones, sin torcidas intenciones, sino tal cual, objetivamente expuesto en los documentos, para que las interpretaciones y los sesgos los pongan los profesionales, es un pecado y si apoyar, contar con la amistad sincera, o defender a un amigo como Policarpo es un pecado…. Soy pecador y a mucha honra.


El movimiento de defensa del Archivo Histórico de la Guerra Civil Española, guste o no, sigue y con Policarpo al frente vivo, bien vivo… por más que pese a algunos.