El Gobierno de 'Sanchezstein'

El Gobierno de 'Sanchezstein'

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Así definido por Pérez Rubalcaba, el inquilino de la Moncloa ha transformado lo que debía ser un gobierno de corte europeo integrado por 13-15 ministros en una auténtica asamblea ministerial con 23 carteras, y lo que cuelga de cada una de ellas, dado que había que colocar a los socios... pero como de esto hablé hace semanas hoy quiero invitaros a jugar conmigo ...y con los ministros asamblearios. El juego es sencillo: consiste en colocar junto a cada nombre una cualidad que defina al personaje por encima de todo. Esta es mi apuesta. Espero la vuestra.


Pedro Sánchez: La mentira. Todo en él es mentira: su tesis, su libro, su moción de censura, sus compromisos electorales, sus declaraciones a los medios, su garantía desde la cumbre de Davos de que Nissan no cerraría su factoría de Barcelona, sus negativas a pactar con Iglesias y con Bildu... en fin, lo difícil en este personaje es encontrarle diciendo una verdad.


Carmen Calvo: La insuficiencia. Habla de todo con una suficiencia como si tuviera el Espasa y la Wikipedia en la cabeza, pero es pura pose. Le iba la vida en la manifestación del 8 M y casi la perdió.


Pablo Iglesias: La maldad. Hay que desconfiar de todo lo que diga. No tiene otra obsesión que hacer de España una nueva Venezuela... pero sin petróleo. Y además de chulo, es el que manda.


Nadia Calviño: El optimismo. Vino de Europa con buena formación y mejores intenciones. Pero pensó que la crisis económica nos iba a afectar menos que a otros. Con todo, es de lo poco sensato que hay en el Gobierno y dudo que termine el mandato.


Teresa Ribera: La inoportunidad. Accedió a la vicepresidencia de forma inoportuna, pronosticó la muerte del diésel de manera inoportuna y dio por terminada la temporada turística hasta fin de año, de forma inoportuna. Nissan ya le ha respondido. Esperemos que los turistas no la hayan oído. Vamos, que de forma inoportuna se carga el 25% del PIB. Todo un logro.


Arancha González Laya: El desparpajo.Parece una vendedora ambulante y se va a China a comprar gangas...y así nos va. Menos mal que va a donar varios millones a los países del Magreb para luchar contra el Covid19 y que algún día nos explicará lo de los geos enmascarados en la embajada en Bolivia o el “afaire” de “Delcy la Fea” en Barajas en compañía de Ábalos.


Juan Carlos Campo: La chapuza. Todo su mérito se reduce a oponerse a la Prisión Permanente Revisable y prestarse a manipular la justicia a las órdenes del “Fraudillo” Sánchez y a sus relaciones con la presidenta del Congreso.


Margarita Robles: El espíritu militar.. A pesar de sus compañeros de gabinete. Lo que tiene que aguantar...


María Jesús Montero: La verborrea.. Habla de todo sin saber de nada, salvo que la culpa de todo la tiene el PP. Y a olvidar los chanchullos que dejó en Andalucía.


Fernando Grande Marlaska: la traición. De cómo tirar el prestigio de un gran magistrado para ser un ministro del interior vendido a la causa, y dispuesto a acabar con la Guardia Civil. Sin duda el más ruin del Gobierno. E intenta comprar a los guardias...


José Luis Ábalos: El noctambulismo.Su capacidad de mentir sólo es superada por la de su jefe y amigo. Siete versiones en cuatro días, de su visita nocturna a Barajas es difícil de superar.


María Isabel Celaá: La soberbia. Esta, tal cual, si fuera de Bilbao, además de sus habilidades para engañar a la Hacienda Pública, no soporta que nadie le lleve la contraria. La sustituyeron como Portavoz.


Yolanda Díaz: La risitas. Incapaz de explicar lo que es un ERTE y orgullosa de pagar prestaciones a más de 5 millones de parados. Piensa que en el campo español hay esclavitud. Otro desastre.


Reyes Maroto: La discreción. No por ser paisana, intenta hacer las cosas lo mejor que sabe... y que la dejan. La deseo suerte...


Luis Planas: La tecnocracia. Otro de los activos válidos del Gobierno, sabe lo que se trae entre manos.


Carolina Darias: La sonrisa. Y nada más. La pilló el virus.


José Manuel Rodríguez Uribes: Las subvenciones. Otro que llegó porque había que respetar la cuota de partido. Pero para aprender, nombró Secretaria de Estado de Deporte a quien no sabía que los balones de fútbol son redondos. Y así van las cosas.


Salvador Illa: La tristeza. Su aspecto y su expresión es la de un triste empleado de funeraria…era la cuota del PSC...pero para otra cosa.


Pedro Duque: La astronaútica. Parece como que siguiera en la luna. Pero eso sí, explica muy bien que al ponerse la mascarilla “lo de arriba debe ponerse hacia arriba, y lo de fuera hacia fuera”. Su comparecencia con Simón, propia de Epi y Blas.


Irene Montero: La provocación. O de cómo pasar de cajera de supermercado a ministra de la mano del macho alfa de la tribu.

 

Alberto Garzón: La ignorancia. Obsesión con la restauración: descubrió que desde que se cerraron los bares se consume menos alcohol y desde que no hay deporte profesional cayeron las apuestas deportivas.. pero había que colocar en el gobierno a alguien de IU, y ahí está para devaluar aún más a la hostelería.


José Luis Escribá: La moderación. Una sorpresa en un gobierno en el que junto a Calviño intenta imponer sensatez.


José Manuel Castell: La vaciedad.Confesó el día de su toma de posesión que la cartera estaba vacía, pues la ciencia se la adjudicaron al astronauta y las Universidades están transferidas a las comunidades autónomas. Es la cuota Colau en el Gobierno.


Y a partir de este momento, os corresponde jugar a vosotros.