Poza de la Sal, una historia ligada a las salinas

Poza de la Sal, una historia ligada a las salinas

Considerada por Azorín “como la verdadera esencia de Castilla” y a la que definió como el “corazón de la tierra de Burgos” la comarca de La Bureba, situada al noroeste de esta provincia que pertenece a la comunidad de Castilla y León, esta formada por una gran llanura rodeada de altas montañas, páramos, montes y ríos que contrastan con los campos verdes y amarillos de cereales orientados hacia el Ebro y que se convierten en viñedos si dirigimos nuestra mirada a La Rioja.
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La historia y el nombre de Poza de la Sal, que junto con Frías y Oña forman el territorio de la Mancomunidad de Raíces de Castilla,están estrechamente ligados a las explotaciones de sal que permitieron su desarrollo histórico y económico durante siglos. 


La presencia de esta codiciada roca propicio un asentamiento humano continuado que se inicia con el hombre del Neolítico, alrededor de 3000 años a.C. y prosiguió con los autrigones, tribu prerromana que hacia el año 350 a.C. moraba en el asentamiento conocido como Salionca o Salionica y por supuesto, el Imperio Romano que lo tomó el siglo I d.C. pasando a ser conocida como Flavia Augusta. Con toda seguridad, fue este hecho el que propicio un importante impulso en la explotación de las salinas, introduciendo nuevos métodos de obtención y extracción de salmuera.


Ya en el siglo IX existe un núcleo de población conocido como Poza ubicado en el propio terreno salinero y que contaba con un monasterio benedictino dedicado a los Santos Justo y Pastor, las iglesias de Santa Eufemia y San Millán y una primera fortificación, siendo el Alfoz de Poza uno de los que integraría más adelante la Merindad de Bureba.


Debido a su importancia económica Poza se convirtió un foco de atracción para la comunidad judía durante el medievo y hasta su expulsión, señalando la tradición la ubicación de la sinagoga en la conocida como Casa de Abid o Casa de Abril.


PATRIMONIO MONUMENTAL DE POZA DE LA SAL

Nuestra primera parada, antes de dejarnos atrapar por el casco urbano, son las SALINAS. Encajado en el fondo del diapiro, fenómeno geológico que provocó un importante yacimiento salino en el subsuelo, y ocupando una gran extensión, se encuentra el Salero de Poza. La cuenca salinera se dividió en valles, zonas independientes de producción, y granjas, propiedades, que integraban los distintos tipos de instalaciones destinadas a la producción de sal. 


De vital importancia para la Corona, pues siempre tuvo propiedades en las salinas, quedó claro con el monopolio sobre la venta de sal establecido por Felipe II en 1564 y que perduró hasta 1868, momento en que se produce la caída de la monarquía de los Borbones con Isabel II. Anteriormente, la distribución de la sal se vio beneficiada con la fundación de la Cabaña Real de Carreteros por parte de los Reyes Católicos y que perduró hasta 1836, favoreciendo notablemente el transporte y la seguridad en la red de caminos.

Es en la época del reinado de Carlos III cuando se inicia la construcción de la Casa de Administración de las Reales Salinas que se finaliza en 1789 y que estuvo en uso hasta 1868. Posteriormente se inician las obras de La Magdalena y Trascastro, dos de los tres almacenes que hoy todavía es posible ver. Unos años más tarde pasa a manos del concejo municipal y se convierte en escuela en 1880, uso que mantiene hasta los años setenta del siglo pasado, momento en que es abandonada durante casi cuarenta años hasta que se rehabilita como Casa de Cultura.


Desde 2003 acoge en su sótano el Centro de Interpretación Las Salinas, un elemento fundamental de gran valor turístico,científico y educativo que permite conocer el carácter geológicoetnográfico e histórico de este Bien de Interés Cultural como Sitio Histórico. Este centro expositivo cuenta con un aula didáctica y distintos elementos divulgativos como reconstrucción de estructurasmaquetasinfografíaspaneles explicativos... que lo convierten en el espacio museístico más completo y visitado de la localidad.


Ese periodo de esplendor de las Salinas llega a su final a partir de finales del siglo XIX, hasta que en la década de los setenta del siglo XX el trabajo de extracción de la sal desaparece complemente. En la actualidad, las Salinas se han convertido en testigo y recuerdo de una actividad que supuso el sustento de muchas familias durante siglos.


La mejor manera de hacernos una ideal real de las dimensiones que las salinas tuvieron en el pasado es realizar la ruta Las Salinas de Poza, una excursión con salida llegada en Poza de la sal y que nos lleva a los almacenes de la Magdalena y de Trascastro y al Castillo.

La siguiente parada es el CASTILLO DE LOS ROJAS, situado en la cima de un vertiginoso macizo rocoso en el borde oriental del diapiro. Su estratégica ubicación le permitía controlar por el oeste la puerta natural de entrada a la villa y a La Bureba desde el páramo y tener el control sobre todo el territorio salinero, y por el este, dominar visualmente toda la cuenca burebana


Construido probablemente en el año 1192 bajo el reinado de Alfonso VII de Castilla fue utilizado como prisión. Por orden de Carlos Iaquí tuvieron el “honor” de ser alojados entre el 22 de enero y el 19 de mayo de 1528 los embajadores de FranciaMilánFlorenciaInglaterra y Venecia pertenecientes a la Liga Clementina, así como Ricardo Cuper, Procurador de los corsarios ingleses que asaltaron y tomaron la noche del 10 de marzo de 1525 en Belém (Lisboa) la nao “Espíritu de Gracia”, propiedad de mercaderesburgaleses.


Su eminente función defensiva se puso de manifiesto en la Guerra de Independencia, concretamente en el enfrentamiento entre las tropas francesas dirigidas por el General Palombini y la guerrilla con Francisco Longa y Juan de Mendizábal a la cabeza y que ha sido recordado como la “acción de Poza”.

De camino al pueblo nos encontramos con las ruinas del PALACIO DE LOS MARQUESES y la MURALLA, así como los restos de las ermitas de SANTA CECILIA y de SAN JUAN. De norte a sur se conservan lienzos de la muralla y una torre de planta cuadrada que sigue el característico modelo defensivo musulmán. En el piso superior se conserva una cubierta de bóveda de cañón con restos de pinturas probablemente del siglo XIV.


Nos adentramos en el CASCO URBANO, declarado Conjunto Histórico Artístico, para impregnarnos de su auténtico aroma medieval. Un carácter éste que se ha mantenido a lo largo de los siglos conservando unos rasgos muy especiales que lo definen y que derivan de su emplazamiento y del uso de determinados materiales. Constituye un claro ejemplo de adaptación a unas características topográficas muy peculiares, pues el caserío se asienta sobre la ladera oriental del macizo calizo sobre el que se levantó el castillo. Fruto de estos factores ha llegado hasta nuestros días un casco histórico laberíntico de calles angostas y empinadas con casas apiñadas que se apoyan unas en otras, y que al igual que la muralla, no necesitaron cimentación pues se asientan directamente sobre conglomerados del terciario. Esta peculiaridad se aprecia en el interior de la Casa de Administración de las Reales Salinas, en la puerta de la Fuente Vieja de la muralla y en el exterior de muchas viviendas


La arquitectura popular de Poza se caracteriza por presentar aparejo de mampostería o sillería en las plantas bajas, adobe y entramado de vigas de madera en los pisos superiores y el enlucido de las fachadas con yeso, pues este material también fue explotado en Poza de la Sal a nivel local. Testimonial es la presencia del ladrillo, quizá recuerdo del trabajo en el pasado de alarifes mudéjares. El resto de las viviendas se completan con zaguanes empedrados que distribuyen el espacio, y junto a ellos las cuadras; en los pisos superiores las habitaciones y en lo más alto, la cocina, cuyo elemento más importante es la amplia campana sobre el fogón, estructura de ladrillo, y en torno de la cual se colocaban los bancos de madera. Algunas casas presentan otro elemento típicode las construcciones norteñas, la solanagalería corrida orientada al sur o al este y construida en el piso más alto.


Dentro del casco urbano es destacable la Cátedra de Latinidad que se remonta al siglo XVII y que estuvo ubicada en un edificio que aún hoy existe en la calle de El Dómine, calle que recibe el nombre del preceptor que regentaba dicha cátedra.