Buenos usos y costumbres...

Buenos usos y costumbres...

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Este atracarse de crónicas del presente, en este engullir, sin digerir, los alimentos demasiado sabrosos o demasiado insípidos, que el momento actual nos ofrece, está una de las causas de muchas incertidumbres sobre las próximas manifestaciones de nuestro devenir y también uno de los motivos de la variedad de muchas operaciones de ingeniería social actuales.


Al conocer y acercarse a nuevas categorías de personas, de ambientes, se tiene la sensación de desligarse del irreversible transcurrir de los acontecimientos. Por mucho que uno crea que evoluciona o progresa, eso no ocurre si a su alrededor hay sólo involución y estancamiento. Por ello es indispensable tener un frecuente intercambio energético a través del conocimiento y el trato de núcleos humanos distintos de formación y comportamiento. Cierta jerarquía de valores aunque sean ficticios pero socialmente oportunos no son desdeñables. Las palabras no son mera apariencia se solidifican más de lo que pensamos.


Los que peinamos canas y hemos vivido con conocimiento, análisis y crítica nos damos cuenta que muchos personajes del mundo de la cultura que han destacado son los de la incultura que sus conocimientos son los de una tertulia de comadres pero han servido para lanzar mensajes a la inmensa mayoría de chandalistas y chanclistas, bebesinsed y comesinhambre, que viven apoltronados en su cómoda realidad. Pensar duele, más si antes estudias y lees.


No es fortuito que esos personajill@s de moral distraída y de intelecto de vacaciones permanente, incluso intelectuales de poco pelaje que pertenecen o pertenecieron a las vanguardias, modas, tendencias, etc. que tengan un repliegue emocional hacia una edad que no suele pasar de los cuarenta. Como si su capacidad de evolución, pensar y trabajar hubiera entrado en una falsa rutina para poder sostener sus adicciones que superan a su aptitud para enfrentarse a la realidad, y desde su topera de fracaso no le queda otra que atacar al que brilla y destaca sostenerse. El chisme es en el chanclismo la única forma de transmisión de las noticias y todos se ocupan de no ser sus víctimas aunque no les moleste ser victimarios. Opinar de lo que no es tu propio trabajo es muy complicado y lleva siempre a errores. No oímos a los cantantes opinar de su mundo, ni a los escritores de sus editores, ni a los artistas de sus galeristas que son los que los esclavizan y callan si quieren trabajar. Zapatero a tus zapatos decían en Castilla y en verdad todo iría mejor si lucháramos por lo que conocemos.


Maeztu en uno de sus escritos pone al descubierto la sórdida realidad que ocultaba la fraseología ruralista sobre el bienestar de la población campesina vascongada. Es un claro paradigma de ingeniería social del siglo XIX que se puede aplicar a muchas realidades de España y del mundo que nos rodean. Al aldeano le estaban vedados los goces de la familia, y, en general, cualquier otro placer, por la sobrexplotación a que el dueño vascongado de la tierra lo sometía. No podían amar a su mujer, pues sólo podían casarse con la que el amo le señalase para que heredase de sus padres el arriendo de la casería; no podía amar a sus hijos, pues sólo uno de ellos, el elegido por el propietario, recibiría el usufructo de la heredad quedando los demás a proletarizarse en las minas o en las fábricas; no podían amar a sus padres, que eran arrinconados como un estorbo, una vez que el heredero contrae matrimonio y se hace cargo del cultivo de las tierras. Los fueros, buenos usos y costumbres, fueron durante siglos la garantía del mantenimiento de unas relaciones de producción esclavizantes y deshumanizadoras. Para que este sistema perdurase era absolutamente indispensable que el casero vizcaíno no aprendiera castellano, ni salga de vascongadas, ni se roce con gentes que puedan despertar en su espíritu anhelo de bienestar, de amor o justicia. Como la renta de la tierra es excesiva, es abrumadora, para que pueda satisfacerla el aldeano necesitaba la potencia trabajadora de un yankee y la sobriedad del árabe. Para lograrlo se invento la teoría de los buenos usos y costumbres, y el nacionalismo para su cumplimiento. De estos barros vienen muchos lodos.

Mientras las personas están aisladas no comprenderán muchas cosas, si se unen empezarán a tener ideas y a intercambiarlas. Se trata de centrar su interés en algo que no afecte al funcionamiento del poder. La población es peligrosa si consigue implicarse en temas importantes.


Aristóteles hablaba de la ciencia del amo que se reducía a saber aprovecharse bien de su esclavo. Es amo no porque aquel hombre le perteneciera en propiedad, sino porque sabe servirse de la cosa. El esclavo formaba parte de la riqueza de la familia. Ahora tenemos muchos amos y somos esclavos de muchas familias convendría que empezáramos a mirar de puertas para adentro y trabajáramos por mejorar lo que realmente es nuestro.