La muerte que nos pasa por el lado

La muerte que nos pasa por el lado

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Vuelvo la cara, está lejos de mí. 


Cuando llegue y, no será ahora, abandonaré la vida en un instante del cerrar de ojos. ¿Va a ser? 


¿Cuál es el valor más alto? 


¿Por qué es necesario esperar a que se legisle sobre temas que conciernen a la protección y la seguridad individual para que cada uno comience a protegerse? No faltan tales ejemplos, desde la obligación de utilizar equipos de protección personal para la práctica de actividades recreativas hasta las actividades profesionales. Aun así, la raza humana tiende a eludir y no respetar la ley en aras del puro placer de la contradicción, en la mayoría de los casos olvidándose de sí mismos. 


Y si les digo que la legislación sobre seguridad personal y la toma de algunas decisiones no tienen en cuenta el sufrimiento humano, sino que se basan principalmente en cuestiones económicas y financieras. ¿Qué opinas sobre esto? 


Si en el pasado histórico, la humanidad ya era global, hoy (y cómo podemos ver con mayor énfasis desde el momento en que vivimos en los últimos meses), esta es una evidencia presente en nuestra vida diaria. Esta forma de vida es una realidad que va más allá de la capacidad de comunicación casi instantánea, o de la posibilidad de informar directamente desde cualquier parte del mundo. La globalización ya es algo intrínseco a los seres humanos, en el que incluso la lengua de cada pueblo ha dejado de ser un obstáculo. Ciertamente, la tradición como marca registrada de un país, de una región, de una comunidad debe y tendrá de ser respetada en lo que propone de beneficiosa. 


Así como los países y las empresas existen porque las personas existen, la economía también existe porque las personas existen. Por lo tanto, los modelos y técnicas utilizados en economía deben actualizarse y adaptarse según el hombre y el bien común. Solo la vida da vida a la economía. La existencia humana es el superlativo absoluto. 


La vida es una sola. 


Nadie puede dejar de ser responsable de las elecciones y actitudes tomadas y ejecutadas, pero todos pueden cambiar su opinión y su forma de actuar. La posibilidad de cambio no quita la responsabilidad, pero alimenta el deseo de una esperanza siempre renovada que cada persona tiene en si misma. 


Y si, cuando llegamos a la tan deseada seguridad de poder afirmar que este brote de pandemia ya es parte de la historia humana, ¿qué pasaría si el jefe de cada país fuera seriamente examinado por las actitudes y acciones tomadas desde que el mundo fue alertado de lo que estaba sucediendo? ¿Qué pasaría si ese proceso fuera llevado a cabo por una entidad verdaderamente independiente? Una entidad supranacional que no se deja intimidar y doblar por el peso del valor del dinero que cada uno de los responsables parecerá representar. 

¿No sería lo mejor para toda la humanidad? 

¿Sería o no sería la confirmación de que hubo una evolución positiva en términos de persona y vida? 

Al final, cada uno de ellos valdrá tanto como cualquiera persona. 


Cada uno es responsable por su vida y todos son responsables de la vida de todos. 


Si las conclusiones del proceso de escrutinio determinan, después de la verificación, que se ha cometido algún tipo de acción perjudicial o que por falta de una determinada acción se han causado daños y que, a la luz del derecho internacional, estas situaciones verificadas pueden considerarse delitos, el responsable que es considerado culpable debe abandonar inmediatamente el lugar que ocupa en su país debido a la incapacidad demostrada de cuidar a cada persona que encarna el territorio que llama su país. Si en seguimiento del proceso, si es el caso de que existe el derecho a la concesión de una sanción, debe aplicarse efectivamente y cumplida, siempre de acuerdo con lo estipulado por la ley sobre la cual se juzgó la persona. 


Es imposible olvidar el número de muertos, es imposible olvidar lo que dijeron los gobernantes de los países que componen el mundo, es imposible olvidar las noticias que vimos de diferentes países, es imposible olvidar la música y el canto que viene de los balcones, es imposible olvidar el sonido de las sirenas en señal de agradecimiento, es imposible olvidar el aplauso en señal de felicitación por cada vida que se salvó… y también porque es para ti y para mí, este proceso de evaluación de cada gobernante en este mundo que se dice y que es global, se convierte en una obligación universal. 


La felicidad es como una delgada línea dibujada a lo largo del horizonte. 


La finitud y la fragilidad son condiciones transversales y, al mismo tiempo son una parte constitutiva de toda persona humana. Pero el sueño del infinito y la inmortalidad es lo que lo hace ir más allá, ambas características que solo alcanzaremos unos con los otros y, nunca a solos. 


¿Todavía quieres ir solo?