'El Chocalheiro' de Bemposta, raíces ancestrales que fluyen del pueblo

'El Chocalheiro' de Bemposta, raíces ancestrales que fluyen del pueblo

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Por fin! La tranquilidad turística presidió la fiesta en su más pura esencia, el acompañamiento de la comunidad, tal cual! Este año sin poses fotográficas y otras adulteraciones que nada tienen que ver con este ritual. Con una niebla –por aquí dicen nevoeiro– que todo lo cubre con el espeso manto de la humedad y el frío, el viajero, llega a Bemposta bien temprano. La niebla corta. Por una esquina asoma un espectro que avanza encorvado y a la carrera. Comienza el ritual ‘do Chocalheiro de Bemposta’.


Pero antes tuvieron lugar las mandas, para ver quién tiene derecho a elegir el vecino que encarnará el personaje/mascarado de ‘Chocalheiro’. Las ‘mandas’ son una especie de subasta, que dirige el mayordomo/mordomo de la fiesta, elegido el día de San Pedro.


Es la noche anterior, media hora antes de morir el día, en la puerta de Casado –que también hace de acompañante-. Un reloj, que marca las horas –como el bolero- pende del quicio de la puerta… Allí, protegiéndose del frío con una hoguera que arde y chisporrotea a estas horas de una noche de invierno en el Planalto Mirandés, se concentran decenas de vecinos, de una edad y otra. Los unos para apostar, todo comenzó con 60 euros, otros para divertirse, como los jóvenes y los más, para ver qué pasa.






El vencedor de la subasta –aquel que ofrece más dinero-, en esta ocasión fueron 250 euros- tiene el privilegio de elegir quién vestirá la máscara el día siguiente. Comentan los familiares del viajero –porque su ascendencia paterna está también en Bemposta- que antiguamente existían grandes disputas hasta el punto que llegaron a producirse algunos forcejeos cuando existían sospechas –porque de todo abunda-. Es obligatorio –los espíritus del mal no perdonan- que el portador de la máscara quede en secreto, tan sólo se podrá conocer el personaje una vez finalizada la ronda. En esta ocasión fue una moza, que dicen nacida en Fermoselle pero casada en Bemposta acompañada, como es de rigor, por Herminio Silva. Debemos puntualizar que no existe una fiesta en Bemposta que se precie sin la presencia de Herminio, con su boina calada y el pitillo. Una vez concluida la manda, es momento de echar una pinta y matar el frío. Son, también, instantes de reencuentros con los diversos acompañantes e integrantes del ritual. En un salón esperan los elementos del porte…



El Chocalheiro de Bemposta sale a las calles los días 26 de diciembre y 1 de enero. En la primera fecha, el mascarado pide limosna para Nuestra Señora de las Nieves, y el primer día del año nuevo, para el Menino Jesus, en una clara manifestación de la asimilación de este rito por parte de la Iglesia Católica que es, por cierto, la que se lleva todo el aguinaldo o 'esmolas' y, además, algo inusual, guarda todos los fatos y la máscara que no sale más que los días señalados anteriormente, para otras ocasiones, como desfiles, muestras y encuentros, la Asociación Maschocalheiro dispone de vestidos y máscara. Puntualizar siempre es bueno.






 


Máscara expresiva y rica en símbolos


Máscara expresiva


El ritual de vestir es simple, sin complejidades. Llama la atención la máscara en sí. “La máscara do Chocalheiro de Bemposta es una de las más expresivas y ricas, simbólicamente hablando”, según las publicaciones de Progestur. Está compuesta de cuernos, el más importante símbolo de fuerza y fecundidad masculina, bien sean de toro –principalmente en esta parte española de la frontera- o de carnero –como es el caso de Bemposta-, la serpiente también como fecundidad con rasgos fálicos y el color rojo. En el que debemos hacer un inciso importante, porque sobresale sobre el negro del careto. Como el resto del vestido que va salpicado con pequeños detalles en rojo, al que se les llama ‘mangão’.


Los dos elementos más importantes que asociamos con el rojo son el fuego y la sangre, por esta razón, tiene un simbolismo universal que va más allá de las diferencias culturales. Sin importar que sean buenas o malas, el rojo es el color de las pasiones. El rojo simboliza el amor (en sentido más erótico). Por ser un color tan llamativo, el rojo también significa atracción, fuerza, vida, valentía y vigor. Es el color de la vida animal, puesto que los organismos del reino de las plantas no tienen sangre roja. Por estar asociado al fuego, el rojo también representa el deseo, la energía, el calor y el placer. A menudo se habla del fuego como una forma de representar a las divinidades y al poder celestial.


Y de fondo el negro, uno de los colores más enigmáticos. El negro es un color asociado a la muerte, la violencia, el misterio y hasta cierto punto a la sensualidad. Es muy asociado a la magia, ‘magia negra’. El negro es también el color de la mala suerte, por eso se dice que los gatos negros la traen. Es tanta la carga negativa que se le asigna al negro, que hasta en el relato bíblico del diluvio, un cuervo (animal de plumaje negro) volvió sin la rama que confirmara la cercanía de la tierra. Con estos colores se conforma todo el porte de la figura.


En la cintura van sonando los cencerros, chocalhos que dan nombre, para ahuyentar los malos espíritus de la aldea y, de paso, anunciar a los vecinos que llega a su puerta el ‘chocalheiro’, y tengan preparada la ‘esmola’. En la mano derecha lleva unas pinzas rojas y negras. Del hombre parte una serpiente que le envuelve el pescuezo, y en la parte de atrás del mismo, una vejiga de cerdo llena de aire y clavadas en los cuernos, dos naranjas.
Este es el conjunto que, como surgiendo de las tinieblas, en la soledad de las calles, confiere un aire aterrador, demoníaco, con sonidos de cencerros que se confunden y pierden por Bemposta y Lamoso y siempre de la mano del guía.


Corre y corre. No para


Corre y no para. Los vecinos salen a las puertas con sus dádivas –esmolas- y saluda con una ligera genuflexión. Es la fiesta de São Estevão. Si antaño las dádivas eran para pagar la fiesta, ahora, la iglesia, como raptora de todo aquello que emerge del pueblo, se queda también con ‘as esmolas’. Ya no hay fiesta ni corroblas como antes. Todo se contamina y todo está en la ósmosis de la religión.


Son dos horas, entre Bemposta y la aldea de Lamoso, de espíritus que salen de la niebla al toque de los cencerros y se ahuyentan con las dádivas. Son los vecinos que se apuestan en las esquinas, porque seguir al ‘chocalheiro’ es casi tarea imposible. Son los mayores que casi con una lágrima que se resiste a brotar recuerdan aquellos años del abuelo Manuel y la abuela María Luisa, de José Antonio, el padre en su niñez de cabrero por ‘as costas do Douro’. Son los primos y primas, familiares de diverso rango que muestran los orígenes ancestrales del viajero.


Tras descansar junto a la fogata de la prima Amelia y saborear un café con 'bolo de rei' portugués, el viajero abandona Bemposta aún con las tinieblas frías sobrecogiendo el alma y manando recuerdos de la fuente inagotable del pasado… Es São Estevão que espera, también, en Duas Igrejas, pero eso es harina para llenar otro costal. Ay!


REPORTAJE GRÁFICO LUIS FALCÃO