Es hora de decisiones importantes

Es hora de decisiones importantes

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Los textos de pensadores españoles contemporáneos como Ortega, Machado, Unamuno, Aranguren, y de otros pensadores contemporáneos que van desapareciendo o cayendo en el olvido, descansan tranquilos en las estanterías, y ya no alimentan el pensamiento. Tampoco afloran nuevos grandes pensadores o líderes que aporten la chispa que nos aglutine a la hora de actuar. A finales de 2019 cerca de la Navidad ¿Quién cree en las ideas? O lo que es peor ¿Quién las conoce o las tiene? Justo es pensar que la juventud, esos hombres del tercer milenio, como nuestro Rey, Felipe VI, tienen pendiente la más difícil de las asignaturas: "Renovar la sociedad"; o lo más difícil darle salida.


Los valores como el amor a la patria, el honor, la voluntad, el servicio a los demás, el sacrificio también están en entredicho, al igual que las personas que los defienden, incluso son ridiculizados por la sociedad que no es más que la receptora de actitudes fraguadas desde la política, los nacionalismos, el falso progresismo, en pocas palabras desde la desidia del que propone pero no aporta ni realiza, tan sólo tapa sus defectos y su inoperancia, en pro de la legitimización de un Estado utópico, que no da soluciones, desde el que se tiene que adoptar posturas que destruyen conceptos como Estado, Nación o Patria, mientras se venden osos de peluche.


Flota la idea de que esta sociedad tiene la fragilidad de una pompa de jabón, y que la prosperidad puede volarnos de las manos en cualquier momento, incluso por decisiones de terceros países. Con ideas como ésta es inevitable que el dinero y lo tangible tenga un valor supremo. Y otros se conformen con aliviar sus fracasos y  miedos profundos viendo en el cine cómo en una lejana galaxia se suceden historias de ídolos prefabricados, uno tras otro, que proponen lo que queremos oír antes de desaparecer en una vorágine de efectos especiales, o ensimismándose con la realidad de la pantalla de su teléfono.


El interés por los valores y las virtudes suele decaer en tiempos de bonanza económica y paz social. Pero reaparece cuando las situaciones no pueden solucionarse por el conocido "laissez faire". El mundo de los valores y las virtudes está hoy amenazado por dos frentes el del relativismo y la asimetría.


El efecto del relativismo dominante es particularmente perverso, porque la consideración falaz de todas las opiniones como igualmente respetables y defendibles conduce a un panorama horizontal sobre el que nada destaca, ya que la asunción de las verdades de todos en plano de igualdad priva de argumentos y conduce a no defender la propia. Es el tan mal entendido talante o infantilismo. La asimetría en valores sería la inmigración no integrada, el olvidar nuestras raíces culturales, los nacionalismos excluyentes, el republicanismo de izquierdas que no el democrático, el laicismo imperante, la tolerancia frente a la desmembración del Estado, el hacer verdad de la mentira, etc...


Los valores como los que encarna la monarquía están fundados sobre certezas y por tanto son enemigos del relativismo, no obstante el mundo es muy complejo y a pesar de un fuerte componente de historicidad, nuestra sociedad es cambiante y dinámica. Las virtudes se predican de las personas, como las que tiene nuestro Rey, Felipe VI, de las que son una cualidad moral estimada, y se consolidan con la aplicación práctica de los valores. En síntesis los valores importan al conjunto y las virtudes son una cualidad personal de individuo, siendo los instrumentos necesarios para la efectiva realización personal y ejemplo para la sociedad. El valor y virtud son imprescindibles para construir todos a una nuestro futuro. Es hora de decisiones importantes.