Peñafiel, mucho más que la cuna de la Ribera del Duero

Peñafiel, mucho más que la cuna de la Ribera del Duero

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Cuando alguien oye hablar de Peñafiel, el subconsciente le traslada hacia el mundo del vino. Botellas, barricas y bodegas se apoderan de la mente del viajero, pero visitar Peñafiel es mucho más que poner los pies sobre la cuna de la Ribera del Duero. Visitar Peñafiel es viajar hacia el pasado sin necesidad de utilizar una máquina del tiempo; es abrir el paladar a los sabores del ayer, del hoy y del mañana; es conocer en primera persona la cultura, el arte y la tradición forjada con el paso de los siglos. Conocer Peñafiel es remontarse al pasado vacceo de sus habitantes, que se reconocen orgullosos en los importantes hallazgos de la zona arqueológica de Pintia del S. IV-I a.C.


Un espacio que integra 125 hectáreas y que presenta una enorme riqueza patrimonial que testimonia una dilatada historia de más de mil años de desarrollo con tres grandes horizontes culturales: vacceo, romano y visigodo. El visitante también puede acercarse a la historia, a la cultura y al arte peñafielenses adentrándose en cualquiera de los cuatro museos que completan la oferta turística de la villa.


(Fotos cedidas por el Ayuntamiento de Peñafiel)


El archiconocido Museo Provincial del Vino, ubicado en el castillo, es el más visitado de la provincia y uno de los grandes atractivos turísticos de la zona, pero no el único, ya que la oferta museística se completa con el Museo de Arte Sacro, el Aula de Arqueología, la Casa de la Ribera y Cosovisión.


Peñafiel es, en sí mismo, un auténtico museo al aire libre. El trazado de sus calles, los vestigios de su antigua judería, sus iglesias, sus plazas, entre las que destaca en lugar preferente la plaza del Coso, un recinto que data de la época medieval y que sigue albergando festejos taurinos ahora, en pleno siglo XXI. Una joya que impresiona al visitante.



Y ahora sí, después de conocer el rico patrimonio que nos ofrece esta villa milenaria, es momento de degustar los mejores vinos de la Ribera del Duero, en la tierra donde nacen y envejecen, y el mejor lechazo asado, porque hablar de lechazo es hablar de Peñafiel.


Es también Peñafiel un pueblo al que le gusta celebrar. El Chúndara y las capeas en agosto, las procesiones y la Bajada del Ángel, Fiesta de Interés Turístico Nacional, en Semana Santa o las diferentes actividades en torno al vino que se celebran en otoño son fechas señaladas en rojo en el calendario para los visitantes más fieles.


La cultura, el arte, la tradición y la gastronomía se fraguan en esta preciosa tierra para ofrecer al visitante un viaje inolvidable que se vive a través del gusto, el tacto, el olfato, la vista y el oído, porque Peñafiel se disfruta con los cinco sentidos.