Diez: "Somos leoneses, no castellanos"

Diez: "Somos leoneses, no castellanos"

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El alcalde de León, José Antonio Diez, se mantiene firme a sus palabras sobre la autonomía leonesa. Diez defiende que la Constitución Española permite esta posibilidad de división en Castilla y León.


Durante el acto de la Constitución Española, Diez ha reflejado los "derechos" de los leoneses y las "características propias" de la Región Leonesa.


Diez ha destacado durante el acto que "somos leoneses, no castellanos, y como los castellanos no se sienten leoneses", como guiño al sentimiento leonés.


Aquí les dejamos el discurso íntegro del alcalde de León:


Delegada del Gobierno, presidente de la Diputación, señor eurodiputado, diputada, senador, procurador, subdelegado, delegado territorial, compañeros de la corporación municipal y provincial, autoridades militares y civiles, amigos y amigas…


 "La Comunidad Autónoma de Castilla y León surge de la moderna unión de los territorios históricos que componían y dieron nombre a las antiguas coronas de León y Castilla. Hace mil cien años se constituyó el Reino de León, del cual se desgajaron en calidad de reinos a lo largo del siglo XI los de Castilla y Galicia y, en 1143, el de Portugal.


El proceso de colonización del Valle del Duero durante los siglos IX y X, y el desarrollo de la vida urbana a lo largo del Camino de Santiago y la Vía de la Plata en este mismo tiempo, constituyeron hechos históricos que definen nuestra configuración geográfica, cultural y social.


Ya entonces, brilló con luz propia la defensa de las libertades, cuando en 1188 se celebraron en León las primeras Cortes de la historia de Europa en las que participa el estamento ciudadano y en las que se documenta, como pacto entre el monarca y los estamentos, el reconocimiento de libertades a los súbditos de un reino, creando un precedente que tuvo más tarde su continuidad en las Siete Partidas del Rey Alfonso X «el Sabio» (1265) y que hoy, en esencia, pervive en las actuales Cortes autonómicas".


He querido comenzar hoy mi intervención leyendo unos párrafos incluidos en el preámbulo del Estatuto de Autonomía de Castilla y León. Un texto que creo que debería ser obligatorio conocer y, sobre todo, aplicar continuamente.  Porque hemos de conocer y valorar lo que somos como pueblo y cuál es nuestro legado, ese que, como representantes públicos, estamos obligados a salvaguardar y respetar.


Cuando los leoneses hace cuarenta y un año respaldamos nuestra Constitución como norma básica para nuestro país, desconocíamos cuánto iba a cambiar nuestra vida por su aprobación. Suponíamos, como así ha sido, que la promulgación de la Carta Magna contribuiría a la extensión de los derechos y libertades de los que gozaban los países más desarrollados. Iniciamos, por ello, una transición política pacífica en aras de lograr ese estatus que ellos tenían. Una transición que nos ha llevado a años pacíficos que han de ser la base para un sobresaliente futuro.


La situación de las comunidades llamadas históricas provocó que en esa Carta Magna ya se reconociera -en su artículo 2 dando una muestra de la importancia que tenía- el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran la nación española y la solidaridad entre todas ellas.  Y que meses antes de la ratificación constitucional se crearan los entes preautonómicos. Incluyo esta explicación tras la controversia generada por una reivindicación de ese papel e historia de León al que aludía en el principio de mi intervención.


Creo que es, por ello, cuanto menos lícito reabrir un debate que tiene como objetivo reconocer los derechos que las y los leoneses hemos de tener de equidad, justicia y solidaridad.


Y lo hago en esta sede donde hace cinco meses prometí defender los derechos de todos los leoneses y cumplir la Constitución, y aún después de hacer una reivindicación que ha sido tachada de inoportuna y oportunista, creo que no hay mejor manera que defender esos derechos que pedir lo que en justicia les corresponde. Creo que todos ustedes, elegidos también por los leoneses, tienen el derecho y la obligación de luchar hasta el final por un mejor trato para esta región que pasa, cómo no, por el reconocimiento de sus características propias pero también de sus necesidades y de las soluciones a ellas.


Un reconocimiento que pudiera devenir del cumplimiento estricto de ese Estatuto de Autonomía pero también, si fuera necesario, de una reforma del mapa de las autonomías reconocido y amparado en la propia Constitución.


La Constitución carece de cláusulas pétreas o de irreformabilidad por lo que cualquier propuesta tiene cabida en nuestra democracia, mientras se adapte a los procedimientos reglados en aquella. Y en ningún momento queremos salirnos de ella.


No creo que, deban, por ello menospreciarse las voces que hablamos de autogobierno, de reconocimiento ni de derechos. Toda vez que no se ha emitido ningún argumento que descarte por inviable esta pretensión de un reconocimiento explícito y justo a lo que fuera el Reino de León.  Es más, portavoces de distintas formaciones han querido desacreditar el debate desacreditando a los interlocutores, hablando de división de España, de nulidad de derecho al reconocimiento o, incluso, mofándose de quienes las hacen, negando un sentimiento leonés o un derecho a la autoafirmación como región y reino histórico. Pero ninguno de ellos ha sido capaz de dar un solo argumento legal que acredite su postura más allá del insulto amparado en el rancio discurso de la acusación victimismo localista para todos los que nos desvíamos de la línea de defensa del status quo. Y somos muchos los leoneses que lo hacemos.


La muestra de esta necesidad no hay que ir a buscarla muy lejos. Los leoneses nos sentimos leoneses y no castellanos. Al igual que los castellanos no se sienten leoneses. No se ha conseguido crear un vínculo artificial y así lo muestran las consultas y, sobre todo, la expresión ciudadana. Las diferencias culturales, sociales y, por supuesto, económicas hacen que la anhelada y siempre nombrada vertebración territorial sea, aún, una quimera.


León debe ser reconocida con sus peculiaridades, su idiosincrasia, y permítanme, su historia propia y su aportación como cuna del parlamentarismo.


Quiero en este marco, sobre todo, reivindicar el antiguo Reino de León. Porque el Reino de León no es una reciente invención en los libros de historia, es el periodo más importante de nuestra historia, aquel en el que se sentaron las bases de la participación del pueblo en las decisiones, del reconocimiento de las libertades, de la pérdida de la impunidad de los regentes, de la aceptación -por ejemplo- a la aplicación de la Justicia o la inviolabilidad del domicilio, de la participación de la mujer; en definitiva, del germen del estado moderno. O aquella etapa en la que se crearon las primeras universidades. ¿Puede alguien abjurar de ese pasado y no sentirse orgulloso de ser los herederos de ese legado?


Nos sentimos profundamente bendecidos por ese pasado y ahora luchamos por un presente y un futuro lo mejor posible para nuestros ciudadanos. Nadie puede culparnos por hacerlo. Por ese futuro trabajamos todos y, especialmente, los aquí presentes. Cualquier medida dentro de la normativa vigente debe ser estudiada e implementada si así se considera.


Estoy seguro que solo el hecho de abrir el debate significa un paso adelante para León y los leoneses. Se abre un largo camino que, en ningún caso, podrá suponer un perjuicio para esta región que lucha en un mundo globalizado por defender su historia, su pasado, pero sobre todo su futuro.


Todos debemos estar ahí unidos.


Y a escasos doscientos metros del lugar donde, hace 900 años, se reunieron las primeras cortes con la participación del pueblo, contamos aquí hoy con una de las voces más expertas en el parlamentarismo europeo. Iratxe García, vicepresidenta de los Socialistas Europeos, es una de las personas más acreditadas para hablararnos de constitucionalismo, parlamentarismo y Europa.


Nacida en el País Vasco, ha residido prácticamente toda su vida en Valladolid, donde comenzó una carrera política desde el municipalismo. Concejala del Ayuntamiento de Laguna de Duero, fue también diputada provincial. En 2000, elegida diputada nacional hasta que en 2004 da el salto al parlamento Europeo en el que ha sido referente en todas las legislaturas posteriores.


Responsable, entre 2014 y 2017 de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género en la Eurocámara, miembro de la Comisión parlamentaria de Desarrollo Regional,  de la Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural y del Intergrupo de la Discapacidad.


El 18 de junio de 2019 fue elegida por aclamación presidenta del Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, el grupo político vinculado al Partido de los Socialistas Europeos en el Parlamento Europeo.


Un intenso y completo currículo que, como decía, la convierte en una ponente de lujo para hablarnos hoy de la Constitución, de Europa, de España y de León.


Quiero destacar, además. Que Iratxe García es la primera mujer ponente del acto del Día de la Constitución en León.


Muchas gracias Iratxe por tu presencia y es un honor para mí cederte la palabra.