'Chocalhada' y convivencia en Cicouro (Miranda) cantando 'Clavelitos' en la chimenea

'Chocalhada' y convivencia en Cicouro (Miranda) cantando 'Clavelitos' en la chimenea

|

Una noche fría, de escharcha donde se refleja la luna. Luna llena de lobos, porque bien cerca está la tierra de lobos. El viajero, acompañado por el presidente de Miranda do Douro, Artur Nunes, llega a la bonita aldea de Cicouro -del concejo mirandés- cuando la noche estaba cerrada y el habla parece que tiene alma. Estamos a la puerta de la iglesia, donde emergen fantasmales sombras con sonidos extraños, de los que sobresalen los 'chocalhos' que, por estos lugares de acá, se llaman cencerros.


Trás-os-Montes se ha convertido, con el devenir de los tiempos modernos, en el principal bastión reivindicativo y baluarte en la conservación y recuperación de las tradiciones, si, un día florencientes, desde tiempos no muy lejanos abandonadas en el baúl de los recuerdos. Es el caso de la aldea de Cicouro en el concejo de Miranda do Douro, que recupera y vive con toda su intensidad y la participación de la casi totalidad de los vecinos -acompañados también por otros convencinos de las aldeas cercanas, como Ifanes, São Martinho y Paradela -lugares donde dicen se habla el mejor mirandés- en la tradicional ‘Chocalhada’ / Cencerrada, que se realiza durante las fiestas de Santo António, ahora, antaño de San Antão.


Gaiteuros de Miranda


Una noche estrellada y en la que suenan gaitas, cajas y tambores. No se sabe de donde proviene la música, pero lo cierto es que anuncia que la aldea está de fiesta o auyentado lobos y espíritus. En la plaza de la iglesia comienzan a concentrarse los vecinos. Llegan provistos de cencerros, esquilas, campanillas, latas… y de cualquier objeto de metal que produzca sonidos estridentes. Pero también luciendo la tradicional Capa de Honras Mirandesa, que además de lucir también mata el frío.


A rondar hijos míos ahora que hay luna


Preparadas para la ronda


En el pueblo de nacimiento, al otro lado del Duero, los mayores cantaban eso de "a rondar hijos míos ahora que hay luna". Pues con luna llena y el destello de los luceros de la noche fría -la pira ya comenzó a consumirse- todo el tropel comienza la ronda por el pueblo. No importa que esté habitado o no, lo importante es que todos cuantos están participan, si no en el caminar y sonar cacharros, sí salir a saludar a los rondadores.


Comentan las gentes del lugar que este ritual de invierno tenía por misión, en aquellos tiempos de celebración, evitar las plagas, los males y hasta a los lobos de los rebaños. No es menos cierto que, por estas tierras del Duero -a un lado y otro de la raya-, los pastores anunciaban y luchaban contra la presencia del lobo tocando cencerros, latas y campanillas.


También era una forma de espantar a los malos espíritus, porque haberlos haylos y no muy lejos. La tradición dice que se celebraba en la fiesta de los mozos, allá por el 17 de enero, San Antão, pero se busca -como en la mayoría de las festividades, sean religiosas o paganas- las fechas con mayor afluencia de vecinos, como son los fines de semana.


La cencerrada es una tradición muy arraigada en otros tiempos, pero que hoy ha desaparecido total o casi totalmente, debido probablemente como el resto de las manifestaciones populares de estas tierras, a la desertización paulatina de nuestros pueblos. La cencerrada está definida en el diccionario de autoridades como "El son y ruido desapacible que hacen los cencerros cuando andan las caballerías que los llevan. En los lugares cortos suelen los mozos las noches de los días festivos, andar haciendo ruido por las calles, y también cuando hai bodas de viejos o viudos, lo que llaman noche de cencerrada. Dar cencerrada o ir a la cencerrada". En algunos pueblos de Castilla La Vieja, el nombre de cencerrada está sustituido por el de «matraca» y probablemente de ahí tuvo el origen la frase tan conocida de "dar la matraca" en sentido de pesadez.


Y haciendo resumen, la cencerrada en general, consiste en la víspera de la boda, a veces antes, los mozos unas veces, otras el pueblo entero, se armaba de cencerros, almireces, calderos rotos, botes llenos de piedras, rejas de arado viejas y cualquier instrumento que pudiese hacer ruido, y se llegaban delante de la casa del viudo o de la viuda que se iba a casar y allí se pasaban la noche armando el mayor escándalo posible, hasta que el novio pagaba una cantidad de vino que fuese del agrado de los rondadores. Otras veces, incluso, después de haber recibido el vino continuaban con su serenata, y no faltan ejemplos que nos cuentan que esto se repetía a veces hasta ocho noches seguidas.


La ronda sigue su caminar, entre parada y parada, pero también el inconfundible y estupendo sonido de los Gaiteiros de Miranda. Finaliza la ronda, tras recorrer todo el pueblo, en la zona de convivencia donde arde la hoguera que también da un reconfortante calor en esta noche de seria helada. La Cofradía de Santo António convida a chorizo, lomo y alheira asados y vino, de Porto degusta el viajero. En esta envidiable convivencia se departe y se saluda. Es la esencia de pueblo, la comunicación de siempre. Son los hombres que juegan a las cartas al amparo del calor de la leña. Son esos lugares, locales sociales, que hacen de la estancia casa y compañía. Quién sabe por estas tierras de Dios, perdidas en el desierto rayano, de esas noches heladas de invierno en la fría soledad de las casas...


El presidente de la junta de Freguesías y el presidente de la Cámara de Miranda do Douro, Artur Nunes


Pero también la fiesta y la música que, en esta ocasión, llega de los dedos de 'Patricio' Gonçalves, fadista de São Martinho, aunque su nombre sea José Juan, pero los vecinos siguen llamándolo como a su padre. A sus 74 años anima las noches de convivencia a la orilla de la chimenea de la que zumba el calor. Aunque está con sus manos recién operadas, no es impedimente para que toque como un primor la guitarra de Coimbra -hablamos de la portuguesa de 12 cuerdas- pero que bien distingue en el mástil la lágrima coimbrana para diferenciarla de la lisboeta con su ola. Acompañado por el maestro Paulo Meirinhos -el de Galandum Galundaina- con su guitarra pequeña que puede llamarse charango, también se atreven, y con alegría musical, a interpretar 'Clavelitos' -en su versión mirandesa- para felicidad de los presentes y gozo del viajero.


Dos viejos muy setentones
se casaron anteayer
y luego dirán que el juicio
se adquiere con la vejez.
…….
Los padrinos de esta boda
ya saben su obligación
subir al altar los novios
no caigan de un tropezón.
…….
Entre los dambos amantes
juntan cuatrocientos años
el novio es un chopo viejo
la novia riestra sin ajos.


El viajer no cree en las brujas, pero haberlas haylas, ay!