Escaso balance positivo en la novillada de Cuéllar

Una oreja para Orozco y de vacío Silvera. Rondó la tragedia para Juan David de Cali. Manejable encierro de Angel Luis Peña, salvo el bronco y reservón 6º

FuenteSantos García Catalán
Novillada en Cuéllar (Fotos: Natalia Calvo)

Pudo rondar la tragedia en la novillada celebrada ayer en Cuéllar en honor de Enrique Sánchez Senovilla, empleado municipal y arenero del coso cuellarano fallecido trágicamente. El festejo estuvo organizado por el matador de toros local Javier Herrero con la colaboración del consistorio.

Pudo rondar lo trágico porque cuando salió el utrero que cerraba plaza –el novillo con más cuajo de la tarde, pero bronco como un barrabás -y el novillero caleño Juan David se puso delante, con demasiadas precauciones, aquello olía a “cloroformo” -léase enfermería-.

Y así fue. Aunque afortunadamente todo quedó en un susto con alguna magulladura y un fuerte golpe en la clavícula para el verderón coletudo. De verde manzana iba vestido. Y ya no volvió al ruedo. Javier Orozco, director de lidia, se encargó de pasaportarlo recibiendo palmas.

Antes, en su primero, se le vieron sus escasas posibilidades con el mejor novillo de la tarde que fue desaprovechado por completo. En fin, cosas veredes amigo Sancho…

Si mostró oficio Javier Orozco que abrió plaza con un castaño listón al que le instrumentó una faena por ambos pitones. Un animal que tuvo una pobre embestida, lo mismo que la entrada registrada en el coso cuellarano. Pero al menos al rondeño, apoderado por Javier Herrero e Israel de Pedro, se le vio actitud y ganas. Paseó la única oreja de la tarde. Aplausos al novillo en el arrastre.

Con el 4º, un jabonero claro, precioso de hechuras, alargó la faena porque al animal le costaba un mundo embestir, aunque lo hacía con franqueza. El malagueño recibió dos avisos ya que tras la estocada trasera pasó un quinario con la cruceta. Su labor fue silenciada.

Torería y clasicismo mostró el dinástico Emilio Silvera al que apodera el vallisoletano Francisco José Lorenzo. Lucido con el capote y quite por chicuelinas, al sevillano le costó acoplarse con la franela por la flojedad del colorado 2º. Consiguió muletazos buenos de uno en uno y hubo excelentes pasajes con la zurda. Lo peor la espada que se le fue abajo y el novillo se echó. Palmas al torero y al utrero en el arrastre.

Con el 5º, un jabonero sucio que tuvo codicia y temple y recibió dos varas, Silvera tuvo que echar mano de un arrimón con efectismo porque al animal se le acabó pronto el carbón. Sufrió un revolcón sin consecuencias. Lo despachó de media en el sitio. Saludó el novillero y el jabonero fue aplaudido cuando las mulillas lo arrastraban al desolladero.

Tras el paseíllo se procedió a la entrega de un reconocimiento a la viuda y familiares del homenajeado por parte del matador de toros y empresario cuellarano Javier Herrero.

En el capítulo de incidencias comentar que la novillada duró casi tres horas, parte de culpa por el tiro de mulillas que tardaban una eternidad cuando intentaban arrastrar a los novillos. Tarde agradable con claros y nubes y una pobre entrada de público. La banda de música brilló en sus numerosas interpretaciones.

FOTOS: NATALIA CALVO

 

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