Cuéllar es garantía de diversión

Un viaje a las fiestas de Cuéllar y sus encierros

Encierro urbano en Cuéllar./ FOTO JUANES

No es preciso viajar muy lejos para disfrutar de la esencia de nuestra fiestas: encierros y diversión. Si unos tienen Pamplona, otros  San Sebastián de los Reyes, Castilla y León y, más concretamente Segovia, tenemos a Cuéllar, los que dicen son los encierros más antiguos de España. Dice un dicho muy popular que cuando Cristóbal Colón pisó América, Cuéllar ya tenía encierros dos siglos antes.

Llegar a Cuéllar, bien de mañana, por sus festejos taurinos populares, comienzan a las 9, entre el frescor matinal de finales de agosto y el vaho húmedo que emerge tras una noche de tormenta, es toparse de bruces con la realidad de esta fiesta. La ingente cantidad de personas que van y vienen por sus calles. Unos a pasear en al mañana, otros a buscar el mejor sitio de espectadores y, muchos, a participar de carreras y sustos.

Pero también es la fiesta, la diversión, la música que inunda cualquier rincón con las diversas charangas -qué buen ritmo y qué musicalidad- de las que hace gala la ciudad. Es una alegría que llega desde la noche anterior con las importantes verbenas.

A modo de resumen, diremos que los Encierros de Cuéllar, ya en 1215, siendo obispo de Segovia Geraldo, se realizó un sínodo que dicta una serie de artículos que regulan la vida y el comportamiento del clero; en concreto el quinto artículo prohíbe a los clérigos que jueguen a los dados y asistan a “juegos de toros”, y si lo hicieran serían suspendidos de su ministerio. Ya en el siglo XIV, la reina Leonor, esposa de Juan I de Castilla, infanta aragonesa por su nacimiento, es señora de Cuéllar y a ella se quejan los hidalgos y pecheros de la Villa, y dando respuesta a estas quejas habla de que es costumbre inmemorial encerrar toros en Cuéllar. Con posterioridad, Beltrán de la Cueva, I Duque de Alburquerque, ratifica esta sentencia en todos sus puntos. En el Archivo Histórico de Cuéllar se conservan documentos desde 1405 que hacen referencia a festejos con toros. Además de los Acuerdos del Regimiento, que ya en 1484 ordenan el pago de toros a dos personas diferentes, desde ese año las referencias a toros son constantes en estos Acuerdos, sobre todo para pagar las fiestas de San Juan y del Corpus, aunque también se corrían toros por acontecimientos especiales, como el nacimiento de algún heredero de la Casa de Alburquerque o la visita a la Villa de estos señores, así como para la celebración del fin de alguna epidemia.

Hoy en día, los Encierros de Cuéllar están declarados Fiesta de Interés Turístico Nacional
con fecha de 30 de junio de 2008, en  la celebración de Nuestra Señora del Rosario.

Los encierros

Todo comienza con las primeras luces del día cuando tien lugar ‘la Suelta’. Aquí comienza el encierro. Gente a caballo y a pie se reúnen en los corrales del puente Segoviano del río Cega, a 3 Kms del pueblo. Son las 8:00, se abren las puertas de los corrales y se inicia con una estampida de los toros. Ahora es el momento de los caballistas para controlar a la manada y conducirla hasta el pueblo.

Tomando como referencia la información municipal, comienza el encierro a caballo, toda la manada -toros y caballos- avanzan por la cañada de la Reina a lo largo de pinares, riberas, rastrojos y campos cultivados. Cuentan las crónicas y los documentos medievales que ya desde finales del Siglo XV (hacia 1490) era costumbre “encerrar toros” a través de “panes y viñas”. En la difícil tarea de introducir los toros por las talanqueras los caballistas aprietan a los toros en una veloz carrera colina abajo hasta el casco urbano. Ahora es el momento de los corredores que impacientes esperan la llegada del encierro para poder realizar sus carreras, es el recorrido urbano que finaliza en la plaza de toros.

Una marabunta, tras los cortes, recortes, saltos y quiebros -y también sustos- con el ganado para diversión -siempre la diversión- que suelta el Ayuntamiento en la plaza de toros, inunda la calle del encierro. Es la hora del ‘almuerzo del corredor/segador’: dos huevos fritos con sus patatas también fritas, un trozo de chorizo de olla y un filete de lomo, con el vino de la tierra o una fresca cerveza. Imposible conseguir una mesa la resguardo del sol que pica furibundo. Música, mucha música de charangas y también de altavoces… De peñas -de todas las edades aunque prevalecen los más jóvenes- siguen como el ‘Chacachá del tren’ de Mocedades…A Lisboa en tren de lujo yo viajaba / y a mí lado muy galante un portugués  / al momento un gran amor me declaraba  / a mayor velocidad  / que nos llevaba aquel exprés. // Al compás del chacachá / del chacachá del tren: / ¡Que gusto da viajar  /cuando se va en el tren!

El tren del hambre que conduce al viajero a localizar una fresca terraza alejada del mundanal ruido. Y para comer, como no podía ser de otra manera, ‘el almuerzo del corredor’ -aunque, de verdad, de corredor ante los astados nada-. Comienza la larga espera -demasiada- desde el almuerzo hasta la hora de los toros, para quien no está integrado en los grupos locales. Es el momento de la siesta local -o en el coche- y el paseo.

Son las 6.30 de la tarde, el comienzo de la corrida de toros. Y luego la cena y después la verbena… Nuevo amanecer y nuevo encierro. Es la sucesión del tiempo que viene de lejos en un espectáculo único, vivo, multitudinario y que, como bien dice el alcalde Jesús García Pastor, “vivir las fiestas en Cuéllar es garantía de pasarlo bien”. Si unos van a Iruña, otros a Madrid, el viajero se queda en Ávila, Salamanca, Segovia, Valladolid o Zamora, por sentirse orgulloso de esta tierra -Castilla y León- y de sus fiestas, cachis!.

FOTOS JUANES

 

 

 

No hay comentarios

Dejar respuesta