Lágrimas y multitud de discrepancias en el juicio por el ‘Crimen de Beleña’

Las versiones de los acusados y los escritos de calificación, pruebas aportadas por la Guardia Civil y declaración de la única víctima superviviente difieren mucho en su contenido final. Una de las acusadas rompió a llorar durante el juicio. El Ministerio Fiscal pide más de 40 años de prisión conjunta para tres de los acusados, ya que el cuarto se encuentra desaparecido

FuenteJavier Vicente
El Ministerio Fiscal pide más de 20 años de prisión para J.M.A., actualmente ya en la cárcel

La Audiencia Provincial de Salamanca ha acogido este martes el juicio contra tres de los acusados del ‘Crimen de Beleña’, ocurrido el pasado 6 de diciembre en plena autovía A-66. En concreto, se sentaban en el banquillo de acusados, J.M.A., en prisión y al que le piden más de 20 años de prisión por homicidio y tentativa, y M.O.S. y N.A.H., 10 por colaboradores, según el escrito de acusación. Además, otro de los implicados, O.A.H., se encuentra en paradero desconocido.

En concreto, en los hechos ocurridos hace ya tres años una persona falleció y otra resultó herida después de que los acusados llegaran a Salamanca ese mismo día desde Algeciras y Ceuta, sus lugares de origen para la venta de hachís a otra persona con la que habían quedado anteriormente, aunque en el juicio han negado que este fuera el principal hecho de su presencia sino la transacción de un vehículo.

Sin embargo, tras este encuentro, en el que la compradora dijo que no estaba interesada, los ahora acusados emprendieron el viaje de vuelta, ya por la noche. A esto, dos hombres, el posteriormente fallecido y el herido, les siguieron en connivencia con la compradora, deteniéndoles a la altura de Beleña, donde, haciéndose pasar por guardias civiles, trataron de robar una droga que no encontraron. Así, acabaron siendo apuñalados en varias ocasiones para causarle la muerte a uno y acabar herido el otro, ya en el interior del vehículo, que acabó volcado tras un accidente cuando trataban de escapar.

Declaración de los acusados

Estos hechos, que no se discuten por ninguna de las partes, sí tienen muchas versiones en sus detalles. De esta manera, los acusados estuvieron de acuerdo en sus afirmaciones en las que J.M.A. habría sido el autor de las puñaladas en todos los casos «por miedo». De hecho, en un momento de la vista ha llegado a pedir perdón. «En ningún momento mi intención fue matar a Juan Luis. Yo no sabía que le había dado en el corazón», comentó.

Y es que, según sus declaraciones, y las de los otros dos acusados, ellos habían llegado a Salamanca para la compra de un vehículo que finalmente no se realizó. Posteriormente, sí admiten, y hay pruebas videográficas de ello, de que estuvieron detenidos un buen espacio de tiempo en una gasolinera de Santa Marta de Tormes esperando a una futura compradora de droga con la que había quedado uno de los acusados, N.A.H. Sin embargo, y tras enseñarle «una placa» de hachís ya que, según sus declaraciones, no tenían más en ese momento, esta la declinó, por lo que emprendieron su regreso.

Pese a ello, y desde un primer momento, según confesó J.M.A., se percataron de que un coche, «un Seat Ibiza azul», les seguía con las luces apagadas hasta que a la altura de Beleña les instaron a detenerse enseñando unas placas de la Guardia Civil y, según comentó, hasta con una pistola en la otra mano en el caso del copiloto, el posteriormente herido.

Ante estos hechos, y considerando que eran agentes, se detuvieron dispuestos a colaborar. Sin embargo, y tras quitarle las llaves del coche y buscar ellos mismos en el maletero, el acusado del homicidio dijo pensar que no podían ser guardias civiles ante la falta de chalecos reflectantes o «el pirulo» de la luz.

Pese a ello, según declaró y los demás reafirmaron, no hubo ninguna disputa hasta que las ahora víctimas apresaron a M.O.S., mujer de J.M.A., y Juan Luis, el fallecido, comenzó a gritarle a su compañero, B.H.C., posteriormente herido, que le «pegara un tiro».

Ahí, ante los gritos de auxilio de M.O.S., siempre según los acusados, J.M.A. cogió una «navaja de pesca» y un spray antiovioladores del bolso de su mujer y se dirigió hacia ellos. Después de conseguir que la soltaran y regresar esta al coche, roció el coche de las víctimas con spray por el asiento del copiloto y asestó dos puñaladas al ocupante, que forcejeó con el acusado, causando también cortes en las manos.

Mientras, ante ello, el ahora fallecido intentó agredir con un «zurdazo» a J.M.A., que también reaccionó dándole una puñalada en el costado izquierdo con la navaja, tras la que siguió otra en la espalda y «sin ninguna intención, le di en el corazón para matarlo», declaró. «Le puse tope a la navaja pero vi que no se asustaban. Con el miedo hasta me apuñalé a mí. Con el susto no sabía ni dónde apuñalaba».

«¿Qué he hecho?»

Las declaraciones de los otros dos acusados fueron en el mismo sentido que la primera. Todos ellos aseguraron que del coche solo habían bajado el propio J.M.A. y O.A.H., desaparecido, aunque este solo para ayudar a recuperar a su mujer y volver a quitarle las llaves del coche para huir.

Así, la propia M.O.S., también afirmó que la intentaron secuestrar, aunque no pudo especificar nada de lo anterior y posterior ya que, según comentó, venía dormida y, tras ello, se refugió en el propio coche. Ella, sin embargo, sí aseveró que el desaparecido fue quien «rasgó» el bolsillo de los atracadores y posteriores víctimas para recuperar la llave del coche.

No pudo, eso sí, asegurar que le habían apuntado con una pistola, si bien afirmó que «notaba algo en el cuello» cuando estaba siendo apresada y escuchaba los gritos que instaban a B.H.C. a pegarle un tiro.

Tras estas declaraciones acabó derrumbándose y lloró durante el resto de su intervención en el juicio oral, en el que expresó que gritaba «no dejes que me lleven» antes de lo finalmente sucedido en un acto muy rápido en el que no pudo ver nada más hasta que su marido, J.M.A., volvió a entrar al coche enseñando su mano ensangrentada y gritando «¿qué he hecho?».

Esto último también lo declaró el tercero de los acusados, N.A.H., el más joven, que también afirmó que «en todo momento simularon tener un arma», si bien tampoco pudo concretar si había alguna de fuego.

Además, pese a notar «muy nerviosos» a los asaltantes, aseveró que en todo momento pensó que eran guardias civiles y que en ningún momento descendió del coche.

Graves discrepancias

Las declaraciones de los acusados no se corresponden con el escrito de acusación del Ministerio Fiscal y las declaraciones de la víctima y los agentes actuantes. De hecho, en ningún momento aparece en la calificación que llegaran para hacer una transacción de un vehículo, sino que todo indicaba a la droga.

Además, los agentes intervinientes en la operación que declararon en la primera parte de la vista aseguraron que no se había encontrado ningún arma de fuego y que una piedra y el spray anteriormente reflejado habían aparecido en el asiento del conductor del coche siniestrado, en el que viajaban las ya víctimas.

De hecho, el que acabó herido en el suceso, con graves problemas de inteligibilidad y parece que contradicciones con respecto a lo dicho en otras ocasiones en algún caso, sí afirmó que seguían al coche con ánimos de conseguir algo de valor y que conocía el plan.

Sin embargo, su relato una vez que desciende del coche es completamente diferente al de los acusados. Él anunció que en ningún momento hubo ningún intento de secuestro ni se gritó nada sobre «pégale un tiro», sino que desde un primer momento la actitud de los integrantes del coche fue agresiva.

No en vano, afirmó que le llamó la atención que en el asiento trasero, la mujer. M.O.S., se encontraba buscando algo en su bolso por lo que fue a llamarle la atención. Frente a ello, bajó la ventanilla y le roció con el spray, ante lo que retrocedió y mientras intentaba recuperar la vista sintió un pinchazo en la espalda, el cual no pudo asegurar quién lo había hecho.

Cuando ya consiguió recuperar parte de la visión, asegura haber visto cómo estaban todos fuera del coche y vio como uno de ellos le volvía a atacar con una navaja en dirección al pecho, frente a lo que se protegió con la mano produciéndose un corte profundo en un dedo. Además, en la vista, declaró que el autor de esta segunda puñalada había sido N.A.H. que, según sus palabras, no había bajado del coche. También aseguró que tenía que haber más de una navaja.

Una vez que pudo fue en búsqueda del ahora fallecido, Juan Luis, su cuñado, que gritaba auxilio. Ambos finalmente pudieron montar otra vez en su coche, pero los cuatro acusados regresaron, rompieron con una piedra una ventanilla y volvieron a rociar con el spray el vehículo, no habiendo más problemas porque «se estorbaban entre ellos». Finalmente, lograron huir aunque poco más adelante Juan Luis había perdido mucha sangre y falleció provocando un accidente por el que el vehículo volcó.

Pistola, walkie talkie y placa

Las discrepancias anunciadas anteriormente, y que llegaron incluso al principio del juicio con el intento de suspensión por parte de las partes y la negación del Tribunal, las fueron también con la declaración de la víctima y principal testigo de los hechos, aunque parte interesada en los mismos.

Aseguró durante su declaración que no tenían placas de la Guardia Civil, sino que era a través de un móvil, pese a que la investigación posterior permitió descubrir al menos una placa.

También negó que él utilizara walkie talkies que sí se encuentran en la causa en fotografías e incluso llegó a reirse de manera irónica cuando se le preguntó sobre los gritos de «pégale un tiro» ya que aseguró que no contaba con ningún arma de fuego.

Además, frente a las declaraciones de los acusados sobre cómo consiguieron las llaves del coche de nuevo, B.H.C. afirmó que fueron ellos mismos quienes se las dieron después de recibir las puñaladas con el ánimo de que se fueran. También opinó, en cambio, que si hubieran querido matarlos, «seguramente no hubiéramos escapado de allí».

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