Así fue la Operación Portokall de Guardia Civil: todos los detalles

El olfato delictivo de los agentes supo parar el camión donde se escondían 1.335 kilos de hachís entre 14.000 kilos de naranjas. Su pericia les llevó hasta el fondo y la privilegiada nariz del perro Denny hizo el resto. Las tabletas con la marca Jesy ya no llegarán al Reino Unido

La madrugada del pasado 27 de noviembre la Guardia Civil de Salamanca realizaba uno de los muchos controles de prevención del tráfico de sustancias estupefacientes, enmarcado dentro del denominado Plan de Actuación de Vigilancia de las Vías de Comunicación, el denominado Pavicom. El dispositivo se puso en alerta con un camión sospechoso que circulaba por la autovía A-66 en dirección norte.

¿Qué llamó la atención de los agentes de Santa Marta de Tormes, la Patrulla del Servicio Fiscal de Vitigudino, el Destacamento de Tráfico de Salamanca y el Servicio Cinológico? Eso es secreto profesional, pero su olfato delictivo les llevó a parar al camión junto a la rotonda de Buenos Aires, un punto sin escapatoria donde confluye todo el tráfico entre norte y sur de España, este y oeste hacia Portugal.

A priori era un simple cargamento de naranjas. Hasta 14.000 kilos. Pero algo llamó la atención de los guardias civiles que les hizo no sólo registrar las primeras cajas, sino adentrarse hasta el fondo. Y es que es común que los grandes narcotraficantes utilicen estos trailers repletos de frutas, verduras o incluso carne para camuflar la droga. Todo tipo de sustancias se han encontrado en dobles fondos de cajas, en el interior de manzanas, envueltas en cáscaras de plátanos simulando la banana, entre las costillas de animales sacrificados… No hay límites para los escondites delictivos.

Los agentes fueron hasta el final y el resto lo hizo el perro Denny, un can con un olfato privilegiado que supo detectar la droga entre tanto cítrico. Recuerda al añorado Saza, un perro que fue capaz de detectar 23 kilos de hachís escondidos entre el nervio de tablas de surf al llegar a la autovía A-66 pese a que habían pasado la frontera entre España y Marruecos sin levantar sospechas.

El perro Denny marcaba con insistencia el escondite y los agentes no encontraron las molestas pepitas de los gajos de naranja, sino decenas de tabletas de hachís con la marca Jesy. Un nombre, un hilo del que seguir tirando para encontrar el origen de la droga, que ya nunca llegará hasta el Reino Unido, su destino.

La Guardia Civil intercepta el mayor alijo de hachís: 1.335 kilos

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